Los 6 hábitos culturales del costarricense que todos desprecian

Geovanny “Debrús” Jiménez. Parte del libro “Así somos los ticos“, este ensayo publicado hace unos años, es recuperado para que usted tenga un adelanto de lo que podrá encontrar en las páginas de la obra completa que le ofrecemos ya para venta en línea aquí.

Dicen que ser costarricense es lo más lindo del Mundo. El tico que viaja a otras tierras normalmente sufre de un insoportable “mal de patria” que saboriza con gallopinto, salsa Lizano o unas imperiales. Dice un estudio europeo, además, que el costarricense es el habitante más feliz del mundo, y la mayoría de los “ticos” pretenden que así es, pase lo que pase.

Sin embargo, el nacionalismo costarricense termina después de un partido de la selección de fútbol, de alguna participación deportiva de primer nivel –que son ciertamente muy esporádicas y escasas-, o incluso cuando un Presidente vecino amenaza con reclamar Guanacaste o invade una porción de territorio nacional. Con la despreciable xenofobia también surge un falso nacionalismo.

Felices o no, nacionalistas o no, los ticos tienen también actitudes que los disgustan a ellos mismos, pero que ponen con los “pelos de punta” a más de un extranjero. Incluso, por qué no, como buen o mal tico, usted también se identifique aplicando algunas de ellas.

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Isaac Felipe Azofeifa, en su ensayo “La isla que somos”; Abelardo Bonilla, en “Abel y Caín en el ser histórico de la nación costarricense”; Mario Sancho con su “Costa Rica, Suiza centroamericana”, Constantino Láscaris con su libro “El costarricense” y Yolanda Oreamuno en “El ambiente tico y los mitos tropicales”, son algunos de los autores costarricenses que han reconocido muchas de estas actitudes que todos desprecian en el costarricense. En el presente, además, podemos identificarlas diariamente e, incluso, ampliarlas.

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En algunos casos, esas actitudes han resultado incluso ser no digamos positivas, pero sí favorables en la conformación del ser costarricense porque, aunque sean impugnables a nivel individual, algunas han permitido –por ejemplo- que el costarricense se mantenga pacífico, sea tolerante y amable, es decir, que no busque problemas fácilmente.

Hurgamos en redes sociales y preguntamos a especialistas sobre cuáles son esas actitudes más frecuentes y más despreciables. Con la incursión de estas redes virtuales, muchas de estas actitudes se han ensanchado y han encontrado terreno fértil para sembrarse y diseminarse como conejos en celo.

Le presentamos el resultado de esta investigación sobre la idiosincrasia costarricense.

  1. El serrucha pisos y el choteo. Es muy común, tanto su aplicación como su mención en la charla del costarricense. Se trata de la acción de hablar mal y de actuar en contra del trabajo de los demás para bajarle el piso, es decir, que no crezca aún cuando tenga méritos. Azofeifa lo describió como la horizontalidad democrática costarricense: todos debemos ser iguali-ticos, pero si alguien resalta entonces estará en problemas. Según Bonilla esto se debe al egoísmo y principalmente a la envidia del costarricense, que no soporta que algunos destaquen más allá del común. Una forma clásica del serrucho en la vida común es el “choteo” –actitud burlona hacia el trabajo y aspiraciones de los demás-, que Bonilla relaciona con el concepto de indiferencia, otra actitud que se asocia con el choteo y el serrucho hacia incluso los temas más serios del país. Eugenio Corea, lector de Culturacr.net lo describe como “la cultura del serrucha pisos que tiende a burlarse de aquellos que intentan algo nuevo y tienen iniciativa”.
  2. La indiferencia, el “porta mí” y el conformismo. En Costa Rica todo se hace chiqui-tico, solo para salir del paso, para pasar el curso con una nota mínima de 7, para cumplir con el trabajo; se trata de la “ley del mínimo esfuerzo” y que se asocia también con la costumbre de esperar que otros hagan el trabajo. Oreamuno habla en 1938 de dos cargos a la cultura tica: “la ausencia casi absoluta de espíritu de lucha, y la deliberada ignorancia hacia cualquier peligroso valor que en un momento dado conmueve o pueda conmover nuestro quietismo”. En su raíz la indiferencia o apatía y el conformismo tienen relación directa con la vagancia –que tanto criticaban nuestro abuelos-, que normalmente es mental o intelectual. ¿Para qué esforzarse si nada cambiará? “Si el país se va al caño, qué me importa a mí, si yo estoy bien, tengo trabajo y una base de sustento”, han escrito quienes critican esta actitud. La gente se conforma con lo poco para salir al paso, sin visión de futuro, ni consciencia social. Esta actitud tiene además repercusiones en decenas de comportamientos del costarricense, como el hecho de tirar basura en cualquier lugar, su manera de conducir en las calles, su forma de trabajar y su cuidado del entorno familiar y ambiental. El cortoplacismo y la falta de visión se muestran, en este contexto, como evidencias de este comportamiento indiferente, del mínimo esfuerzo y del conformismo con lo inmediato. Azofeifa describe todo esto de la siguiente manera: “Desconfiado y astuto como un montañés; cortés pero tímido; trabajador sin constancia, buscando el provecho fácil de esfuerzo; campesino egoísta pero bondadoso, cazurro siempre, vive aquí un pueblo que no ha sido ni miserable ni inmensamente rico; ni guerrero ni sumiso; ni servil ni rebelde (…)”. Ya lo había dicho Mario Sancho cuando se preguntó en 1935: “por qué aquí ha fracasado siempre cualquier ideal grande que exija sacrificio”. En este apartado se explica también el por qué los costarricenses no se preocupan por su cultura y el conocimiento, como el arte, son vistos solo para élites, no para todos y todas.
  3. La corrupción y la extendida cultura del “chorizo”. En este bello país, con grandes potenciales y capacidades, la corrupción se ha ido apoderando poco a poco, pero de manera decidida –como un cáncer de útero-, de todos los estratos de la sociedad. El tico ataca al político, y ciertamente ha germinado en política primero y de manera más oprobiosa, pero no se ve en el espejo, es más fácil culpar al gobierno y, mientras tanto, yo también incumplo las reglas y leyes, pero si yo lo hago entonces sí es válido. Desde el pago sin tributar por mutuo acuerdo entre el cliente y el empresario, hasta los grandes robos en el Estado, el “chorizo” –como se le dice en este país a las formas de corrupción típicas- ha calado en la mentalidad del tico y estamos de frente incluso ante el peligro de que todo este revoltijo de podredumbre –el chorizo- sea visto como algo normal. La cultura del vivazo, a la que nos refiere una lectora, es un ejemplo claro de lo que se trata: aplicar la ley del mínimo esfuerzo, la indiferencia y ser astuto mediante el chorizo para conseguir riqueza y vivir cómodamente, sin importar el perjuicio hacia otras personas o la sociedad misma. Una forma muy común de corrupción es la “argolla”, en la que amigos y amigas se reparten premios, trabajos fáciles, beneficios y prebendas desde el Estado principalmente; la argolla funciona con tanta normalidad y cinismo que se ha dicho que “lo peor de la argolla es no estar en ella”. Aquí no privan los conceptos de mérito o capacidad, sino los de amistad y afinidad, una forma de corrupción más, altamente despreciable.
  4. La doble moral y el berreo. Según las consultas realizadas hay una actitud cada vez más frecuente: el berreo, es decir, el quejarse de todo y contra todos, pero sin intentar resolver el problema o hacer algo para que cambie la situación negativa. Dice Azofeifa que el costarricense sufre de “pueril satisfacción de sí mismo”, es decir, se siente lo máximo, pero no pretende hacer nada para que sea cierto, se trata de una autocomplacencia sin sustento. El tico se queja de todo, de los políticos, de la corrupción, de los extranjeros (la xenofobia hacia nicaragüenses, colombianos, dominicanos y otras nacionalidades es evidente con solo oír hablar al tico), del fútbol y hasta de la cultura tica, es decir, de sí mismos, pero son muy pocos quienes luchan de verdad por mejorar las cosas, por proteger el ambiente y los derechos laborales, por proteger la propiedad histórica de los costarricenses, por el legado cultural e histórico, por mantener limpio el entorno, entre otras reivindicaciones necesarias. Este berreo tiene relación directa con la doble moral, con tirar la piedra y esconder la mano, o como dicen ahora, tirar piedras al cielo con techo de vidrio o escupir contra el viento. Hablamos de los demás, pero vernos al espejo no es posible. En muchos casos, esto sucede por ser “políticamente correcto” e ir con la corriente. Sucedecon el tema religioso, todos se parten las vestiduras contra gais, prostituras o minorías, pero detrás de la puerta practican valores contrarios a la moral y ética cristiana. Abundan religiones o sectas que dictan normas que restringen la libertad individual o social, pero no pasan de la palabra, y en la realidad los actos son otros contrarios a esa moral religiosa que profesan.
  5. Creer que lo extranjero es lo mejor. A pesar de que el tico se cree lo mejor, de que ha sido catalogado como el más feliz del mundo y que sufre mal de patria al viajar, en Costa Rica siempre tiene preeminencia el producto o servicio extranjero antes que el nacional. Si un conferencista, por ejemplo, viene a dar una conferencia es recibido y pagado muy bien, pero si lo hace un costarricense –con mejores o peores atributos- el choteo actúa y se le desprecia automáticamente. Un símbolo de esta actitud son los rótulos de los negocios, muchos de ellos en inglés, tratando de cautivar a un público élite o incluso común que prefiere lo de afuera “porque es mejor”. Los centros comerciales llamados “malles” extienden esta creencia e incluso prohíben el ingreso a personas con ciertas vestimentas. Esto tiene que ver con un aldeano complejo de inferioridad, en el que –como la novela “El árbol enfermo” de Carlos Gagini- al costarricense siempre lo ha cautivado y engañado lo estadounidense y lo europeo como modelo superior a seguir. No es de extrañar, entonces, que la balanza comercial de pagos del país –diferencia entre exportaciones e importaciones- siempre haya sido desfavorable para el país; es decir, importamos más de lo que exportamos.
  6. La impuntualidad, la informalidad y la ausencia de compromiso. Cuando el extranjero llega a Costa Rica se sorprende de entrada por la “hora tica”, esa que dicta que si acordamos llegar a las 4 pm, en realidad es entre 4 pm y 5 pm. Para algunos un pretexto para ocultar la informalidad y la falta de seriedad con que el tico asume sus compromisos, la “hora tica” es tomada por las masas como parte del jocoso folclor que nos caracteriza. La ausencia de compromiso se ve en actitudes como decir “un día te invito a la casa”, o “un día de estos salimos a tomarnos un café”, entre otras expresiones que terminan siendo una forma cordial para no decir lo que se piensa “tengo pereza de que llegués a mi casa en realidad”. En el trabajo es común “en algún momento nos ocupamos de eso”, cuando debería decirse “el jueves a las 3 pm nos sentamos a resolverlo”. Estos y muchos otros ejemplos dejan ver que el tico no quiere asumir la responsabilidad concreta, pero con miedo a decir no. La falta de puntualidad y la informalidad en el trato son también pruebas de ese miedo al compromiso, a acordar cosas concretas, como una hora y un lugar.

Es posible que falten actitudes negativas, como positivas –que luego analizaremos también en otro ensayo-, en esta síntesis, pero son las más frecuentes y las más mencionadas en la actualidad.

¿Conoce usted alguna otra digna de mención? Abajo tiene el espacio para comentarios.

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rregirlo es parte también de un proceso que nos reta para ser mejores personas y seres humanos. Este reportaje tiene esa intención.

2 thoughts on “Los 6 hábitos culturales del costarricense que todos desprecian

  1. Salimos despeinados, somnolientos y desencajados.

    No hay derecho a fotoshop.

    Buen retrato aunque no nos guste lo que vemos.

    Muchas de esas conductas y actitudes podrían modificarse, aún poco a poco, si como sociedad tomasemos conciencia de lo pernicioso que terminan siendo en lo individual y en lo colectivo, para ser un mejor país y un mejor individuo.

  2. No quiero ser pesimista pero no vamos a cambiar de actitud…en este ensayo se menciona que ya desde 1935 se habla de cómo somos (y seguro que ya se hablaba desde tiempos muy anteriores a esa fecha de lo mismo)..no ha habido ningún cambio para bien… más bien vamos como el cangrejo, para atrás o sea cada día peor a como va la cosa! Digo esto con mucha, mucha, mucha tristeza! Sólo un milagro podría hacernos diferentes! Me aflige que seamos así lo veo clarisimo en este ensayo-retrato…dan ganas de llorar realmente!

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