¿Vamos rumbo al contagio comunitario?

¿Cuántos clusters no ha detectado el Ministerio de Salud en un país donde los infractores siempre se esconden y esperan que lo horrible pase, hasta que les toque?

OPINIÓN. Vamos a hablar en serio y con datos. Las últimas dos semanas no generan tendencias estadísticas claras y todo parece básicamente controlado.

Sin embargo, una proyección seria nos dice que la próxima semana podemos llegar al mayor punto de contagio de la segunda ola. El mismo ministro de Salud, Daniel Salas, lo dijo en conferencia de prensa pública.

Pero, señores, ayer el jerarca confirmó un contagio masivo de 21 casos de Covid-19 en Los Chiles, la mayoría de ellos en una empresa agrícola que ni siquiera tenía permiso sanitario de funcionamiento. Esta empresa se suma a 8 más que tampoco lo tienen.

¡Señores! ¿Cómo es posible que eso suceda? ¿Qué hacía el Ministerio de Salud y las autoridades respectivas tan mal como para no darse cuenta de esto? Todos dicen: CORRUPCIÓN. Y tienen razón, una corrupción endogámica que corroe hoy con toda claridad al sector exportador, cuando la misma presidenta de Cadexco era dueña de empresas donde se contagiaron trabajadores.

¿Culpa del Gobierno del PAC? Puña, cómo culpar a cualquier Gobierno de una estructura, repito, ESTRUCTURA, acostumbrada a la corrupción. ¿Podría un gobierno del Frente Amplio o de algún partido de Juan Diego Castro o de Fabricio Alvarado corregir toda esa trama de corrupción? Decir que sí, sería iluso.

Pero dejemos la politiquería. Solo en la empresa de Los Chiles se contagiaron 27 personas. Pero nadie lo sabía, hasta que llegó la autoridad a realizar un trabajo de puntillas juntadas, es decir, aleatoriamente encontraron la finca en medio de una búsqueda. Pero las autoridades no tiene un mapa, no existe, de empresas en la Zona Norte. ¿Podríamos encontrar nuevos clusters de contagio en toda esa zona, franja fronteriza extensa? Por supuesto, seguirán los reportes.

Hace unas semanas los medios reportaban camiones repletos de indocumentados y rechazos que luego, en el mismo día, volvían a rechazar. Es inevitable. Ni con el muro imaginario y charlatán de Donald Trump se blinda una frontera. Mucho menos cuando está comprobado que en Costa Rica no hay trabajadores para cosechar y hacer todas las labores que corresponden a la agricultura de exportación.

Pero miremos en panorama. ¿Cuántas empresas y trabajadores están ingresando a la Zona Norte, al país, de manera ineludible, que las autoridades del Ministerio de Seguridad no pueden controlar? Es simple, pronto aparecerán nuevos clusters. Cada día habrá una sorpresa.

¿Realmente las autoridades tienen control de todos los focos de contagio? Todos sabemos que no es posible.

Ahora bien, tontería sería culpar a los migrantes extranjeros cuando ellos buscan sobrevivir y siempre eso ha existido, DE MANERA ILEGAL. Hoy los vecinos se jactan de saber y decir que eso no es nada nuevo. Pero nunca antes hicieron nada para cambiarlo, porque como dijo alguien “la Zona Norte es territorio sin país”.

Pero esta tertulia no se queda en esa zona, ni en los migrantes ni en las empresas irresponsables. A ver si usted me ayuda a entender, ¿cómo es eso de 50 en esa fiesta familiar en Alajuelita ninguno tenía un poco de conciencia y sentido?

Retomemos bien claro. En Alajuelita hay más de 17 contagiados por una fiesta familiar donde fueron cerca de 50 personas. ¿Una fiesta familiar? Ahora pregúntese usted, ¿cuántas fiestas ha visto en su barrio que no respetan ninguna regla de los protocolos de salud que nuestro ministro ha repetido ad nauseaum?

Estamos, ahora sí, al borde en que los clusters serán incontrolables. Es decir, el contagio comunitario. Y el razonamiento es simple: ¿Cuántos clusters no ha detectado el Ministerio de Salud en un país donde los infractores siempre se esconden y esperan que lo horrible pase, hasta que les toque?

Costa Rica es este país. Cazurros y taimados. Eso tiene larga historia de cómo se conformó esta nación y cómo existen las cosas aquí. Aunque no quiero entrar en una explicación a partir de temas idiosincráticos, son también inevitables.

Creo que todos estamos claros que estamos en el limbo entre el contagio comunitario -la gran vergüenza costarricense- y la contención general.

Me explico: los ticos somos mayoritariamente serios, ecuánimes y centrados hoy. Pero hay una población que reproduce los males de la Colonia: ¿qué importa si de todas formas siempre nos salvamos? ¿Qué importa unos muertos si producimos trabajos?

Don Ricardo Jiménez, tres veces presidente de la República, explicó ese comportamiento de otra forma: “Somos como los burros, igual seguimos, pero cuando estamos al borde del precipicio de alguna manera mágica sabemos corregir de un tirón y salvarnos” (interpretación propia).

¡Pero señores y señoras! Eso no es posible en una pandemia. Cuando usted quiere corregir, el contagio comunitario es ya inevitable. No es una votación en la que decidimos cambiar una amenaza, es un momento donde ya no es posible salvar vidas.

El SARS-Cov-2 nos ha venido a enseñar que las relaciones de producción y de intercambio entre humanos están llenas de un contagio, otra vez, ineludible. La corrupción ya no es asunto de los gobierno y políticos, sino de toda la expresión humana que no tiene respeto ni valor por la vida humana.

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