UPAD o no UPAD, esa no es la cuestión ◘ Voz propia

“El punto es que estamos perdiendo nuestra individualidad, nuestra singularidad y nuestra identidad como personas, siendo colocados como una figura dentro de un grupo de figuras”…

Por Joaquín B. Martínez

Opinión. A veces pienso que vivimos en un país de ingenuos lacerantes, que por nuestras venas políticas o cívicas, corre sangre multicolor y multisabores.

La única verdad es que si excluimos la trama de la UPAD, nosotros los ciudadanos de este mundo (desde Tarbaca hasta la Conchinchina) cada vez que utilizamos las redes sociales, que hacemos visitas a tiendas virtuales -compremos o no compremos-, que exponemos fotos de paseos, con quiénes vamos, qué hacemos y hasta qué dejamos de hacer, que hacemos comentarios sobre sexualidad, prejuicios, anatemas, valoraciones de todo tipo, condición e ideología, lo que hacemos es aportar voluntariamente para que se nos procese y se tenga toda nuestra información, absolutamente toda.

¿Acaso desdeñamos que nuestras aplicaciones descubren mediante GPS dónde estamos, a dónde vamos, cuánto tiempo estamos en…, acaso cuando enviamos una foto de cuando estamos en un restaurante, qué comemos y con quién lo hacemos, en lenguaje tico “rajamos la jama” que comemos (poladas)…?

Cuando expresamos criterios de religiosidad, creencias, actos de fe, mostramos la información objetiva y subjetiva de nuestra conducta de afinidad religiosa, y esa también es procesada, para luego ser sugeridos y manipulados para seguir determinadas ideas.

Cuando expreso que “estoy con mis hijos, mis nietos, mi novia, mi esposa, mi familia, mis compañeros, mis amigos”, y a todos los etiqueto, ¿acaso no doy claves para formar mis círculos de amistad?

Cuando aportamos mediante un artículo cuál es nuestra visión ideológica, política o afín, ¿acaso no somos ya encasillados de quiénes somos y adónde pretendemos ir?

Y sobran miles, decenas de miles de casos, en los cuales por medio de algoritmos, todos somos descubiertos, interpretados, codificados y sobre todo alineados, absolutamente todos.

De manera tal que lo que pretendía hacer la UPAD es un juego de casita, es un moño mal peinado, es un chiste sin sonrisas, es una parodia solitaria, es un profundo ridículo, que tal vez por su ropaje legal permita a los que no les parece el tema se rompan el galillo. Todos los gobiernos han tenido sus librillos al mismo estilo.

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Los centros de inteligencia de las redes sociales y tiendas virtuales, tipo Amazon, tienen de nosotros, dirección electrónica, física, ubicación, números telefónicos, nombre de la esposa, la novia y sus amigas, qué hacemos, con quién lo hacemos, dónde lo hacemos, qué deudas tenemos, con quién, montos, tasas de interés, afiliaciones grupales, gremiales o civiles, tienen datos de nuestra sexualidad, religiosidad, afinidad política, tienen todo, TODO.

Un día de estos hablaba con mi esposa sobre comprar una máquina lijadora, solamente expresé eso y, como arte de magia, en menos de 24 horas empezaron a hacerme sugerencias (por Facebook) de esas máquinas por doquier, quizás unas 30 ofertas; sin siquiera escribirlos, sin grabarlo, sin expresarlo, yo había sido “descubierto” por las UPADS virtuales. Me asusté (esos micrófonos de los celulares, aunque apagados siguen activos) y luego me dije: “qué hijueputas, un mundo nos vigila”. Y de eso nadie dice nada, se lo traga, seguimos colocando fotos, comentarios, gustos y preferencias y todas las etcéteras posibles, como si no fuera con nosotros.

El punto es que estamos perdiendo nuestra individualidad, nuestra singularidad y nuestra identidad como personas, siendo colocados como una figura dentro de un grupo de figuras, a los cuales nos identifica un tema, un gusto, una preferencia para ser manipulados y, con ello, somos parte de muchos grupos de encasillamiento, total somos nada y la UPAD es todo, aunque no sea absolutamente cierto.

¡Somos marionetas voluntarias o al menos a muchos les gusta serlo!

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