Un acercamiento a Coto Brus, historia y cultura

¿Qué conoce usted de Coto Brus? De manera precisa en este artículo le acercamos un poco a su realidad histórica, cultural y moderna.

A raíz del anuncio de que hoy en “Más que noticias” (+QN) de Teletica se hablará sobre Coto Brus, sentí la necesidad de expresar algunas impresiones sobre esta cantón del sur que limita con Panamá.

Sin ver el reportaje, pero después de ver el anuncio en Telenoticias, creo que será necesario desarrollar algunas cosas importantes sobre este cantón que se supone de la provincia de Puntarenas, pero sería más propio enmarcarlo en la Zona Sur de Costa Rica (aunque sería más al sureste, que al sur), en las faldas del gran Parque Internacional La Amistad.

En Coto Brus confluyen 4 culturas (no etnias como dice el anuncio): los mestizos (ticos) que llegaron primero (venían de Alajuela, Pérez Zeledón y Los Santos principalmente) y poblaron Agua Buena y Sabalito; los chiricanos (de Chiriquí, Panamá) que llegaron a varios lugares y se quedaron en Potrero Grande (de Buenos Aires) y alrededores; los originarios Ngäbes que siempre estuvieron ahí (una de las 8 culturas indígenas del país); y finalmente los italianos que con el apoyo del gobierno de Figueres Ferrer y la SICA (sociedad Italiana de Colonización Agrícola) llegaron a fundar San Vito.

La historia previa a mediados del siglo pasado nos habla de dos culturas indígenas: Coctos y Ngäbes. Los primeros cerca del río Térraba, aparentemente fueron absorbidos y se mezclaron con los borucas; desaparecieron. Los segundos más del lado de Panamá, se mantuvieron alejados, en sus ancestrales trillos bajo las faldas del volcán Barú. Hoy, algunos Ngäbes se asentaron en “La Casona”, territorio protegido para ellos.

Los italianos en su mayoría se fueron del cantón y quedaron algunas familias que ya se han mezclado con los ticos. Hoy predominan los mestizos de toda índole, familias de tradición que llegaron del Valle de El General y Los Santos.

El nombre Coto Brus mezcla la memoria de los Coctos y también su pertenencia a la región Brunca (Brun Cajc). Nada que ver con algún apellido Coto o similar.

Durante muchos años este cantón del sur estuvo en la lamentable posición, según el Mideplan, de ser el cantón con menor desarrollo socio-económico; tres cantones han compartido los últimos lugares del país: Talamanca, Buenos Aires y Coto Brus.

Sin embargo, si usted conoce Coto Brus y ha ido sabe que los indicadores parecen no reflejar la realidad. Y eso se da gracias a las remesas, a la estabilidad de los precios del café, la especialización del café con marca origen, al empuje de los gobiernos (tenemos que ser honestos, ha habido inversión sobre todo en infraestructura y construcción de obra vial) y a una población mayoritariamente sana y trabajadora.

Hoy, por ejemplo, la comunidad de La Casona tiene un completo Ebais, una escuela en buenas condiciones y ya están construyendo su propio acueducto, y sus habitantes han empezado a destacar, como el caso de la doctora Mirna Román (educada en Cuba), de la futbolista Yiyalin Rodríguez, del gestor cultural Alexis “Unchi” Rodríguez (que ha llevado la música Ngäbe a muchos países con el proyecto Jirondai), y las mujeres hoy han empezado a ser empoderadas y capacitadas ante el machismo.

Por supuesto, hay pobreza, dónde no, hay condiciones lamentables, a saber, dos grandes problemas: la migración y pobreza de la población Ngäbe que viene de Panamá a la cosecha del café y las malas condiciones de los trabajadores del agro, que son generalizadas a todo el país; la peonada siempre ha vivido en malas condiciones, sin seguridad social, sin salarios decentes. Aún hoy, mucha de la población cotobruseña migra también a Estados Unidos por mejores condiciones.

El narcotráfico es un fantasma en Coto Brus, funciona sigilosamente, sin afectar directamente la vida normal de la población agricultora, pero cuya amenaza se cierne en aumento. Es comprensible por ser un cantón limítrofe y montañoso, sin embargo, el cazurro cotobruseño ha logrado hacer de esta situación una realidad conocida, pero también ignorada. Todos saben, pero nadie habla.

Es un pueblo conservador y se entiende. El avance de las iglesias evangélicas, a la par de un asentado catolicismo, hacen de esta sociedad muy cristiana.

Es un pueblo agrícola y trabajador, que tiene condiciones educativas por las distancias, pero que respeta la educación y la valora, aunque sus índices no son muy halagüeños.

Hay una juventud talentosa, profesional y humanista que está creciendo y que podría ser la esperanza de este territorio. También una juventud que adopta los males sociales. Antes no había indigentes ni drogadictos visibles, hoy sí. Es un cantón que absorbe y aprende lo malo y lo bueno, pero es temeroso del cambio también, como cualquier otro pueblo agropecuario del país.

Muchos migraron a Estados Unidos en diferentes épocas y luego regresaron, trayendo lo malo y lo bueno de la cultura latina de ese país. La influencia tex mex, de la cumbia y bachata colombiana, del rodeo y otras manifestaciones han permeado el cantón. El ganadero es orgulloso con su sombrero de ala ancha y su música tradicional, como en cualquier otra parte del país. El caficultor es más “sosegado” y montañés. En San Vito y Sabalito, principalmente, se concentra la exigua vida nocturna del cantón. El Centro Cultural Dante Alghieri es una bonita decoración que no se usa regularmente, pero uno siente que hay curiosidad cultural, que se apaga ante las voces de quienes dicen: “en Coto Brus no hay lectores ni cultores y los que hay se cuentan con los dedos de la mano”.

Es un cantón con una cultura permeable a todo aquello que venga de afuera, pero tiene algún orgullo por sus orígenes, incluso algún respeto por la cultura Ngäbe, aunque los prejuicios hacia ellos persisten. Diríamos que, en general, es un cantón como cualquier otro cantón alejado del país, tanto en sus virtudes como en sus problemas.

Hay un Coto Brus romántico, del pasado, que hoy se trastoca con el actual, uno que recuerda la balsa sobre el río Térraba y la lejanía, que se enfrenta al olvido de las nuevas generaciones.

Quise ser preciso en lo posible, pero hay mucho por investigar y mucho que se excluye en este texto. Es el cantón donde crecí y que nunca he dejado de observar, de sentir y palpar. Como educador, gestor cultural, politólogo y escritor de temas de identidad y cultura, mi lupa siempre está puesta en esa tierra que tan feliz me hizo en una época.

El Consejo Directivo de la EUNED declaró de interés que este servidor escriba una historia de Coto Brus para una eventual publicación de esa casa editorial (si se cumple con la calidad esperada) y en eso estoy trabajando. Necesito financiamiento, por ahora, pero sigo investigando…

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