Tres Benemeritazgos de la Patria y mucho más… ◘ Voz propia

La controversia llega sobre varios benemeritazgos cuestionados, casi forzados, que el Congreso se apuró a aprobar hace unos días.

Habib Succar Guzmán

OPINIÓN. La Asamblea Legislativa recién ha otorgado tres benemeritazgos de la patria que le honran y a su vez honran la memoria, la vida y la obra de tres costarricenses notables: María Teresa Obregón Zamora, Fernando Lara Bustamante y Rogelio Fernández Güell.

María Teresa Obregón Zamora (esposa de Omar Dengo), fue una insigne educadora que siempre estuvo activa políticamente, en una época en que se censuraba y menospreciaba la participación de la mujer en los asuntos públicos. Fue una sufragista de largo aliento hasta lograr en la nueva Constitución de 1949 el voto para la mujer. Se distinguió en un cargo internacional en labores a favor de la mujer y en el Ministerio de Educación, antes de ser electa Diputada (1953 ̶ 1957, aunque falleció en 1956), en cuyo ejercicio fue la primera mujer en pronunciar un discurso en la Asamblea Legislativa. Fundadora del Partido Liberación Nacional, había luchado en los años 40 por la pureza del sufragio y el voto para la mujer. Fue presidenta del Comité de la Mujer del PLN y en todos los cargos políticos y públicos que ejerció siempre brilló como la educadora que fue por vocación y convicción desde 1906 cuando inició su fructífera labor docente.

Del Benemeritazgo para Ana Rosa Chacón González, una sufragista y Diputada electa en la misma legislatura que María Teresa Obregón, no puedo opinar mayor cosa porque desconozco su trayectoria y sus méritos; ojalá que esta distinción haga justicia a su vida y obra.

Ana Rosa Chacón.

En cambio, la declaratoria para Estela Quesada Hernández resulta muy polémica. Electa Diputada en 1953 junto con María Teresa Obregón y Ana Rosa Chacón, fue luego ministra de Educación y por último, ministra de Trabajo y Seguridad Social, en cuyo desempeño se caracterizó por sus políticas conservadoras y reaccionarias, en la práctica, enemiga del movimiento sindical y de los trabajadores en general, siendo “el ala represiva” del gobierno de Rodrigo Carazo.

Don Fernando Lara Bustamante, fue un jurista distinguido y político de brillante trayectoria, que ocupó cargos como canciller, ministro y Diputado durante varias décadas de actividad política, en la que destacó siempre como un hombre culto, de aguda inteligencia y perseverancia. Fue el primer promotor de la abolición del ejército en Costa Rica, cuando fue Diputado entre 1940 ̶ 1944, como vemos, muchos años antes de que la Constituyente de 1949 acogiera su segundo intento y se aprobara la abolición del ejército, gracias al apoyo del presidente de facto José Figueres Ferrer; he aquí una muestra de su perseverancia y de la solidez ideológica que le caracterizaba en favor de los Derechos Humanos, que en aquella época eran un tema desconocido. Más tarde, le tocó dirigir la Conferencia Especializada de Derechos Humanos (1969) que originó el Pacto de San José, de la cual derivó la creación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, una de las bases del sistema interamericano de promoción y protección de los derechos humanos del continente.

Fernando Lara Bustamante

Rogelio Fernández Güell, periodista, poeta y novelista, ensayista y político, es un héroe de la lucha por las libertades públicas y el sistema republicano de gobierno, que ofrendó su vida junto con otros valientes en la lucha contra la dictadura de Los Tinoco, muriendo asesinado el 18 de marzo de 1918 en Buenos Aires, en su intentona por derrocar militarmente la dictadura. Rogelio fue una pluma privilegiada que, como periodista, siempre la usó para fustigar a los tiranos y a los mediocres y cuya obra literaria, muy rica y valiosa, quedó dispersa en unos pocos libros publicados, en entregas de periódicos o abandonada y perdida definitivamente cuando tuvo que huir de las huestes del traidor general Victoriano Huerta, quien había derrocado y ordenado asesinar a su íntimo amigo el presidente de México, Francisco Madero, con quien lo unía y compartía muchas ideas políticas y prácticas y creencias espirituales. Rogelio, de vuelta en Costa Rica desde 1913, fue Diputado y luego Diputado constituyente (1917) por afinidad con su íntimo amigo Federico Tinoco, pero, muy pronto habrían de enfrentarse por las ideas progresistas de Rogelio en favor del voto universal, directo y secreto para todos los ciudadanos, incluyendo a la mujer y por su acérrima oposición a la pena de muerte. Así, Rogelio fue objeto del odio y la persecución de la dictadura y dirigió el movimiento armado que a la postre, un año después de su muerte, terminaría derribando la dictadura de Los Tinoco. Como dato curioso, Rogelio escribió (como sucesos en desarrollo) “Episodios de la Revolución mexicana”, que publicó luego en San José en 1915, una obra muy valiosa para la historiografía mexicana que recién fue rescatada en México en 2016, con edición y estudio preliminar de Beatriz Gutiérrez Müller.

El espacio no nos alcanza para ponderar todos los méritos de estas tres insignes personalidades de la historia costarricense, que tienen muchísimos logros más en sus ricas trayectorias de vida, que les acreditan con sobrados méritos para el altísimo honor de ser declarados por Acuerdo Legislativo como Benemérita y Beneméritos de la Patria.

Rogelio Fernández Güell

Mención aparte a la Benemérita de las Ciencias, Adelaida Chaverri Polini, una académica y erudita en temas ambientales que fue reconocida en todo el continente y en Europa por sus vastos conocimientos, su sólida formación y su pasión por la conservación y defensa de los recursos naturales y nuestra biodiversidad, que le sobreviven en el Servicio Nacional de Parques Nacionales y a la creación del Parque Nacional Chirripó, que tienen su huella amorosa, así como en las generaciones de estudiantes que formó en la Universidad Nacional, en la Escuela de Ciencias Ambientales desde 1975.

Adelaida Chaverri

Pero…

No obstante, la labor de la Asamblea Legislativa fue mucho más allá y quiso honrar a una pléyade de valiosas mujeres que habían sido invisibilizadas en nuestra historia reciente y quiso pagar así esta deuda histórica con una lista de extraordinarias escritoras y una artista, de la talla de Carmen Naranjo, Yolanda Oreamuno, Luisa González, Virginia Grütter y Mireya Barboza, todas ellas acreedoras con sobrados méritos del honor de ser declaradas, cada una, Benemérita de las Letras Patrias y en el caso de Barboza y del insigne pintor Rafa Fernández, de las Artes Patrias. Pero no, las señoras y señores Diputados, en vez de honrar a estas maravillosas creadoras y al pintor, lo que hicieron fue confundir chabacanamente las jerarquías y otorgaron sin miramientos, benemeritazgos “de la patria” (sic) como si fueran equivalentes o iguales al de las letras y de las artes.

Ni se diga del otorgado a la insigne promotora de la pintura y el arte doña Olga Espinach, cuya labor es digna de un Premio Nacional Aquileo Echeverría, pero no alcanza para ser declarada Benemérita de la Patria. Igualmente hicieron con doña Manuela Tattenbach, por su incansable obra detrás del ICECU que tiene sobrados méritos de difusión cultural y educativa, pero hasta ahí. ¡Y qué pena con la doctora Ana Gabriela Ross! Ella fue una médica notable y luchó por educar y combatir el cáncer de mama, pero ¿Benemérita? ¡Por Dios! La Dra. Ross no estaba pidiendo nada o si correspondía, lo sería en el área de las ciencias… Y para poner broche de oro: el Benemeritazgo a doña Pacífica Fernández, por haber diseñado la bandera de Costa Rica (cambiando la dirección de las barras de la bandera francesa). Sin comentarios.

Y no podía faltar el político liberacionista (“para eso tenemos mayoría”), el famoso y polémico presbítero, conocido como “el cura Núñez”, Benjamín Núñez. Muy discutible el Benemeritazgo, pero bueno, al menos tiene una obra notable, pues fue sin duda “el padre” de la Universidad Nacional “la universidad necesaria”, cuyo aporte trasciende de un siglo al otro.

Pero es claro, ya para finalizar, que también el sentido de la oportunidad escasea en Cuesta de Moras. No es posible que a estas alturas se les haya ocurrido otorgar una “ciudadanía honorífica” al papa Juan Pablo II, algo que ni le suma ni le resta al Vaticano y que más bien, desentona y abre la polémica, ante un papa que encubrió durante décadas las muchísimas denuncias de pedofilia ocurridas dentro de la jerarquía católica, ya que no fue un encubrimiento cualquiera, no, fue una complicidad activa y consciente que hace sonrojar a cualquier católico sincero y honesto. ¡Qué falta de tacto y sentido de oportunidad!

Me queda un sabor agridulce con todos estos títulos honoríficos concedidos por la Asamblea Legislativa. Muchos aciertos y demasiados yerros en cuanto a la “clasificación” de los méritos reconocidos y un par de ellos, muy discutibles. En dos palabras: muy chambones.

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