Tortuguero, el sui géneris sincretismo cultural que habita entre el paraíso natural

Geovanny Jiménez S. Todo en Tortuguero es una mixtura, una mezcla, diversidad, un sincretismo de formas, colores, culturas, sabores y escenas naturales. Es mucho más que un destino turístico.

Sobra decir que encontramos afrodescendientes, nicaragüenses, costarricenses, europeos y cuanto proveniencia pueda usted imaginar. Entre los turistas usualmente norteamericanos y europeos, también hay oportunidad para los ticos de todos los orígenes.

Pero no es solo eso: en Tortuguero se encuentra lo que podemos ver en otros sitios, pero con un espíritu propio, porque ha aprendido a convivir con la mayor diversidad étnica y cultural posible en un espacio comunal tan reducido. Hay algo de Puerto Viejo, Cahuita o cualquier otro pueblo costero del Caribe, pero también hay algo de otros pueblos costeros del mundo. Hay algo de cualquier bosque de Costa Rica, especies que se encuentran en el Pacífico o en el norte o en el sur. Hay algo de la sonrisa urbano y algo de sonrisa rural.

“Soy maderero, este fue un pueblo maderero y ahora crecen de nuevo los árboles maderables”, nos expresó un policía de la comunidad que se trasladaba de Tortuguero a La Pavona con nuestro grupo de CulturaCR Tours, mientras identificaba árboles en las riberas, algunos un poco maltratados por el huracán Otto.

En los años 40 empezó la explotación maderera. La “Atlantic Trading Company” fue la primera de las empresas que construyó un aserradero para tratar maderas de cedro macho, fruto dorado, laurel, cedro amarga y kativo. En 1972 se instaló un teléfono público y en 1979 el gobierno estableció el transporte en bote dos veces por semana a Tortuguero. El primer generador empezó a trabajar en 1982.

Hoy en el pueblo aún se exhiben en los senderos las antiguas piezas herrumbradas de los aserraderos, a la par de restaurantes, tiendas, centros de información turística, así como una pequeña iglesia, un play, una plaza de fútbol y la estación de policía. También se encuentra una planta de tratamiento para desechos y reciclaje.

El huracán Otto no maltrató al pueblo, pero sus vientos volcaron árboles, arbustos y polillo, esa palmera silvestre propia de la zona que ahora conviven con cedros, chilamates, sotacaballos, ceibos, gavilanes, muchos guácimos y otros árboles con tamaño considerable.

Indudablemente el turismo se convirtió en la industria principal en los últimos años y le genera a la comunidad sus principales ingresos. Y claro, como en todo pueblo turístico, como en cada comunidad de este país, hay quienes compraron a tiempo propiedades que ahora albergan hoteles de lujo solamente para extranjeros, pero también hay cabinas a precios cómodos para nacionales.

El kajak, el canopy, las caminatas por el Parque Nacional, el paseo en canoa y otras son las posibilidades para el turista, pero ante todo el escenario natural es sencillamente magnífico.

Tortuguero es el encuentro entre la explotación del medio, el bosque en recuperación y la selva primaria, el encuentro entre “los gringuitos” que saludan corrongos cuando van en el bote hacia su suite o habitación de un hotel soñado allá en Nueva York, Toronto o París, los nacionales que recorren los espacios con su espíritu ecologista hipersensible y los propios que fuman marihuana, se embriagan, trabajan sudorosamente, se enojan o se preocupan y están tan habituados al paraíso que no saben si lo tienen.

Y como en todo pueblo están los vagos, los emprendedores, los cultos, los que creen y los que no creen, los que aman y los que no tienen amor, los humanos en toda su diversidad. Y todo rodeados de ese paraíso natural.

No es extraña entonces la expresión aquella de que quien conoce Tortuguero termina siendo un poco más feliz que antes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *