8 de febrero de 2023

Títeres sin cabeza: Entrevista con el Diablo

¿Entrevista con el Diablo? Con esta reciente entrega de Títeres sin cabeza, el autor continúa realizando una sátira de la realidad nacional.

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Títeres sin cabeza

OPINIÓN SATÍRICA. Por Frank Ruffino. Una entrevista con el Diablo. Como reportero jugado, ese era mi objetivo profesional y deseo de Año Nuevo para enero de 2023, pero fui yo quien terminó siendo medio entrevistado por el Cachudo.

Pidiendo señas a exclusivos contactos en el extranjero (Cuba, Nicaragua, Venezuela…) sobre cómo llegar al Infierno, sufrí un desencanto tremendo, al ser informado, el Diablo recién se había mudado aquí, aquí… ¡a este entrañable país, dicen, el más feliz del mundo!

¡Dios!

…Así, fui a averiguar entre mis fuentes de los bajos fondos josefinos el lugar de su residencia o escondrijo. Y, más claro que el diamante, me advirtió mi sexto sentido: «sigue las criminales líneas rojas pintadas en las feas y maltrechas aceras».

…La Ubicación de este señor es ya clara y la piqué: el Diablo se la pasa metido principalmente en el ayuntamiento central y dependencias judiciales.

Para redondear completando más los datos, conduje el scooter siguiendo a varios diablillos. A uno de éstos le llegué tan cerquita que me la piqué, digo, pelé (QdDg mi rey): sólo levantó ventanilla de su BMW especial blindado y dijo:

—¿Meco…noche usted?

—No, no, para nada, yo sólo reparto humildes pizzas.

Entonces desistí en la persecución a causa del pavor que me acometía.

Y con el otro resultó casi igual, al preguntarme desde el Mercedes-Benz personalizado:

—¿Me solis…cita usted?

—No, no, para nada doña si ando aquí llevando unos taquitos.

Bueno, como resulta que el Diablo se entera de todo en su reino, que es esta Tierra (herencia al ser desalojado del Paraíso), antes de dar con él, este monstruo proactivo llegó a las tres de la madrugada hasta este cuarto de solterón empedernido…

…Yo sentí algo muy caliente y desperté horrorizado: Ahí, ahí… al pie de mi camón estaba sentado el gran señor de la ruindad, principal asesor de los políticos corruptos y seres más influyentes del mundo.

—¿Por qué me persigues? —Preguntó.

—¡No… reputín Maligno chiyinping más grande! …Sólo deseaba formularle tres preguntas…

—¡Cállate la boca confiscado, aquí el que pregunta soy yo!

—A ver…

—¿Sabe quién fue padre de los diamantinos…, el que metió más candela a ese asunto? —Preguntó el Diablo.

—¡Nooooo…!

—¡Sííííí…!

—¿El finado Walter…? —Cuestioné titubeando.

—¿Qué come Ruffinito que adivina?

—Pues, yo casi nada… sólo unas pizzecillas y taquillos. Deseaba saber cosas de interés para el pueblo, sólo eso.

—¿Por qué no te callas la boca infeliz? ¡Chitón, cabrón! ¡Y a su abuela con ese cuento que es lo único que come y echa usted!

—Perdón, perdón… ¿Qué es la vara? —Le grité muy bravo, fuera de sí.

—Una medida…

No obstante, de súbito se hizo un extraño silencio… En eso, levitando como un pendejo, el Diablo acopló su oído derecho contra el cielorraso de la habitación…

Este elegante y, para nada feo tipillo, vestía toditico de negro y para neutralizarme por completo (soborno mediante mordida cárnica) habíase transfigurado adquiriendo la anatomía, encanto y voz de mi ídolo Elvis Presley.

Aunque… sabiendo él que yo sólo pateo con una, dijo:

—¿Y quiere ver quién choferea mi limusina esta noche?

—Pues, nada se pierde viejo… —dije. Hice intentos de levantarme, mas, este cuervo me frenó señalando al espejo, y pude ver en él la calle con más claridad que la del brillo de media docena de diamantes juntos, y divisé a esta debilidad pasional de macho cabrío: ¡la mismísima Gina Lollobrigida en sus veinte primaveras ejecutando un sensual guiño fatal!

También me asombró, el Malo portara tobilleras electrónicas en las dos patas, muñecas y pescuezo.

—¿Y esos grilletes? —Le dije.

—Ah, sí… ahora el gran negocio de unos pocos en Costa Rica y al pueblo que se lo lleve el carajo (jijiji, yo) con esta notable y bella epidemia de inseguridad ciudadana. Bueno, bueno, pero por eso vine a instalarme en Tiquicia secundado de las legiones demoníacas: el cometido es afinar más el artefacto del mal, mi expertiz, porque yo sé más por viejo que por Diablo —aclaró, ufanándose de su retorcida naturaleza.

—¡Oh… cómo no… adorable y venerable ancianito! —Exclamé conmocionado y aterrado de lo que nos espera en este año político.

En eso escuché gran estruendo y únicamente sentí que sobre el tejado de casa aterrizaba un carro de fuego celestial y, confieso, recordé al varón Ezequiel.

—¡Oh… mier… más grande, estos ángeles del Cielo ubicándome! ¡Seguro La Negrita está furiosa y hace presión allá arriba…! —Vociferó Satanás que seguía pegando la oreja en el techo y moviendo las patas cual condenado…

No pude enterarme de nada más, aunque telepáticamente lo supe, mientras ese murciélago se esfumaba por una tapa de alcantarilla de aguas negras que el propio jerarca le abrió desde adentro. Lo vi todo por el espejo que seguía emanando una suave y lúgubre niebla de azufre:

—¡Vea, pedazo de sapo metiche, mantenga el hocico bien cerrado porque usted podría ser el próximo en la lista negra! —Reveló Lucifer, arrasado de rabia.

Ahora estoy con los nervios más perdidos que el chiquito de la Llorona.

Por si no me ven más en este medio de prensa tratando tema de tan altos quilates… ¡es que yo mismo debo ponerme la mordaza a fin de conservar el pellejo!

—¡Chitón, cabrón!

—¡Ay!


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