San José es literalmente un caquero

Geovanny Jiménez S. Opinión. Todos lo sabemos y lo hemos visto, pero curiosamente hasta hoy, nadie ha pegado el grito al cielo para decir de una sola vez: San José es un inodoro a cielo abierto.

Esto se puede observar frente al Banco de Costa Rica, avenida 7.

Para San José, posiblemente, Eunice Odio escribió estos versos: “Es casi imposible no amarla desde lejos /de cerca es otra cosa”. Eso sucede quizás al incauto visitante o al costarricense que añoraba su regreso a la patria, cuando ve San José desde el cielo y luego quiere caminar por sus calles.

Frente al Banco de Costa Rica sobre Avenida 7, a un costado de Instrumentos la Voz, a solamente 100 mts del Hotel del Rey, en el ahora edificio abandonado de lo que alguna vez fue el Hotel Europa, sobre la avenida 7 cerca del Hostal Pangea, en el parquecito frente a la Iglesia del Carmen, por mencionar solamente algunos lugares del norte de la capital en Barrio Amón, encontramos sanitarios al aire libre con heces bien formadas -o no- en plena acera o en esquinas poco escondidas.

Por supuesto, ni qué decir del “hemisferio sur” de San José, donde por la zona conocida como el Pacífico desde siempre se pueden encontrar estos depositorios asquerosos en buena cantidad.

A los lados de este BCR el hedor a orina es tan fuerte que no se puede ni caminar por ahí. Igual sucede en el antiguo Hotel Europa.

Y me disculpan lo explícito de la imagen, pero esto debe visualizarse. Y no se explica uno cómo empresas tan grandes y con tantos recursos como el Banco de Costa Rica, no hagan nada por mejorar el frente para sus clientes. Este BCR de Avenida 7 es un orinadero, donde ya uno no ve clientes acercarse. En el mejor de los casos lo que hacen es irse, abandonar a las personas a quienes aquella ubicación les convenía. Y abandonar con eso también sectores de la capital que necesitan retomarse y revitalizarse.

Pero no solamente se trata de encontrarse con el excremento desintegrándose en la acera por donde todos los días la gente camina a sus trabajo o va de compras. Y ni qué decir de los turistas que enfrentan estas mierdas y luego se van a decir, con toda justicia, que San José es una ciudad horrible. Y no solamente hablamos de que ya de por sí el desordenamiento vial es portentoso y la delincuencia se ha apoderado de algunos sectores de la capital…

No: también se trata de ir caminando por la acera y ver a cualquier persona, desde un indigente, un piedrero o simplemente un borracho, orinando o defecando en plena vía pública, como si nada pasara.

No sé a usted, pero he visto mujeres y hombres, sin vergüenza alguna, bien sentados en el aire, mientras defecan tranquilamente. Y cada día lo hacen más y más, sin importar nada, ni la hora del día ni las personas que pasan.

¿Y la Municipalidad de San José? Haciendo barrios chinos y festivales de la luz. He visto un autobús de una Organización No Gubernamental ofreciéndose por San José para bañar a los indigentes, pero una idea tan sencilla como esta no es emulada por la municipalidad.

Señores, ya es hora de construir una red de servicios sanitarios públicos y gratuitos para indigentes y borrachos, porque en este país a estas personas con problemas existenciales y sociales no se les puede coartar sus derechos de tránsito y demás derechos individuales que les asisten para sacarlos de las calles. Y todos los programas públicos y privados fallan dolorosamente.

Se necesita además un centro de atención a la indigencia con estrategia de primer mundo, de avanzada, que logren realmente motivar a la indigencia a salir de su estado de confort. Porque sí, San José es el estado de confort de la indigencia costarricense, es el edén para quienes desean vivir en esas condiciones, o que han caído en la otra mierda de la ciudad: las drogas.

Es preciso adquirir equipos cisterna de avanzada para limpiar esos lugares con desinfectantes poderosos (cloro) y habilitarlos luego como espacios para crear esos sanitarios públicos o bien áreas de recreo para el resto de la población. Es preciso convertir San José en algo más que adoquines y bulevares carísimos donde la gente se amotina en su andanza cotidiana, sin oportunidad de recrearse en esos lugares.

San José es un caquero y como nunca antes, el calificativo le cae literal. ¿Qué harán las autoridades al respecto? ¿Acaso seguir diciendo que no hay fondos pero de un momento a otro salen multimillonarias contrataciones para hacer obras innecesarias para las personas que deben asistir a este centro urbano? Espero que no, porque ya lo único que a San José le queda para convertirse en un pueblo fantasma es que el comercio empiece a irse hacia donde pueden mejor hacer lo suyo…

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