REPORTE: La extinción de las librerías, ¿y los libros?

Una tras otra las distribuidoras de libros en Costa Rica han ido extinguiéndose, a pesar de toda esperanza en que alguna vez haya reacción y las cosas cambien.

Pero no cambian. La realidad es acuciante para el libro ante la evidente pérdida de interés por la lectura en el grueso de la población costarricense.

La última distribuidora que sucumbió ante el embate fue Alejandría, quien llevaba los libros a todas las “librerías” del país de frontera a frontera. “Los ofrecemos en consignación, es la única manera de que tengan libros en sus negocios”, comentó Dunia Solano, propietaria de aquella empresa ilusionada, unos meses antes de cerrar.

“Pero ya no quieren recibir libros, cada vez menos”, agregó entonces.

Para comprender un poco mejor la dinámica, visité 4 librerías del cantón de Coto Brus para ofrecer mis libros y los de Editorial CulturaCR. Como oriundo del cantón, pensé que recibiría un trato entusiasta o por lo menos interesado.

El resultado fue todo lo contrario. Una larga y una corta para rechazarlos fue lo que recibí, aderezado con asuntos de la nueva factura electrónica o circunstancias inverosímiles sobre la situación de su tienda.

La realidad es que ya no reciben ningún libro. Fueron incluso sinceros con eso: no quieren recibir más libros y están por devolver los que tienen. “Estoy por hacer inventario de esos libros que tengo ahí para devolverlos”, me dijo uno de los propietarios un poco compungido.

Otro de ellos me arguyó que “en el pueblo hay tal vez 5 o 6 lectores, yo los conozco, el resto ni el periódico”. En una de las tiendas ni siquiera tenían libros, aunque decía en su rótulo “librería”.

¿Cómo vender libros si no los promuevo de alguna forma? Claro está, son más comerciantes de “chunches” que amantes de los libros.

Entonces, ¿qué pasa en los 5 colegios públicos y decenas de escuelas públicas y en los 2 centros educativos privados que creo existen en el cantón? ¿Dónde quedó la labor educativa?

Pero debemos dejar claro que esta no es una realidad solamente de Coto Brus, es una realidad país. El sistema educativo ha fracasado estrepitosamente en la promoción de la lectura (porque ni los docentes leen) y del pensamiento crítico (porque son autómatas de la memoria).

El libro, incluso para las “librerías”, es hoy un espécimen raro, en extinción, que no vende ni encanta. Y cómo van a vender si no los muestran porque los tienen en un rincón como adorno, si no hay clubes de lectura ni promoción de los autores propios, si los estudiantes “leen” vulgares resúmenes de las obras en los reductos de enseñanza, si las municipalidades (con honrosas excepciones) no tienen interés en el tema ni en la cultura.

Hoy las dis que librerías son bazares, almacenes o tiendas de oficina que NO deberían usar ese nombre.

En Costa Rica quedan muy pocas librerías, un puño de ellas ubicadas en San José, como la Lehmann, Universitaria, Duluoz y alguna por ahí y por allá. También están las librerías de la EUNED, creadas para vender las obras que ellos publican y creadas precisamente por esas necesidad: ponerlas al alcance de la mano de la gente ante la ausencia de librerías en el país.

La ausencia de un plan nacional de promoción de la lectura inteligente y real (que está incluido en el programa de gobierno de Carlos Alvarado para cultura) es la más clara evidencia de que este problema nacional sigue estando en “la cola del venado”. Pasan los años y seguimos sacando generaciones cada vez más adictas al like y con menos capacidad de leer algo incluso tan extenso como este pequeño texto.

¿Y el Ministerio de Cultura y Juventud? “Gracias, no es conmigo”. Nadie acepta el cargo, pero todos lo dicen: “A la actual administración de Cultura no le interesa la lectura y el libro, por eso hay que buscar alternativas”.

Y, en efecto, ya desde la Asamblea Legislativa, con la ayuda del diputado del PAC Mario Castillo se está elaborando un proyecto de Ley para incentivar la lectura. Es curioso, usualmente es al contrario: primero se elabora la política nacional de promoción de la lectura y luego la Ley con el mismo propósito.

Por otro lado, las pequeñas empresas y emprendimientos del libro y la literatura rasguñan recursos por aquí y por allá, ante la ausencia de interés político.

Quizás llueve sobre mojado, quizás esta realidad es conocida desde hace rato, pero cabe reafirma en este reporte para seguir preguntándonos: ¿estamos también ante la extinción de la lectura?

¿Cuál es la causa y cuál la consecuencia: la extinción de la lectura conduce a la del libro, o viceversa?

El maestro Tonucci, en una conferencia en video, expresaba que la enseñanza y promoción de la lectura claramente estaba fracasando, porque “leer para descifrar textos no me interesa”, en referencia a esos programas de Español que pone a los estudiantes a hacer supuestos “análisis literarios”, que no tienen nada ni de “análisis” ni de “literarios”.

Tonucci es claro aún más: “Aprender a leer es aprender a gozar la lectura, aprender a necesitarla”. Y eso no sucede. Hoy la gente no necesita al libro, no goza al libro y por eso el libro es cada día más un espécimen en extinción.

Y como el mismo sistema educativo fracasa, es esperable que la misma comunidad le siga los pasos, por eso no es común encontrar clubes de lectura o gente comentando o preguntando por libros.

Finalmente, la producción de libros se ha convertido en una especie de bien suntuario para legar a los amigos, o para propósito educativos.

Las editoriales estatales existen porque están subsidiadas y algunas se convierten en ineficientes reductos de grupos o argollas literarias de origen académico.

Y las privadas existen principalmente por sus modelos de negocios enfocados a la autopublicación del propio autor. Y son decenas los autores que cada día buscan más publicarse a sí mismos ante la ausencia de oportunidades.

Después de la lectura, el libro entra en dificultad y con él las editoriales también.

La palabra que sobrepase un posteo de alguna red social quizás esté en extinción, y con ella la posibilidad del pensamiento crítico y analítico más allá de lo elemental.

¿Serán los libros pronto reliquias históricas para el coleccionismo?

Eso nos lleva a las bibliotecas, ¿qué pasa con ellas en Costa Rica y con la inversión que hace el Estado para preservarlas? Sobre eso le compartimos este otro reporte:

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