Reconocido pediatra advierte sobre el dióxido de cloro: ¡es una creencia peligrosa!

Curiosamente es una revista religiosa la que da a conocer las fundamentadas dudas del pediatra argentino.

Con la llegada del coronavirus SARS-Cov-2 quienes politizaron el asunto y los negacionistas, muchos asociados a grupos religiosos de derecha o de izquierda, acudieron a una medicina que los científicos más serios y la misma Organización Mundial de la Salud rechazaron por carecer de fundamentos y estudios científicos.

La sustancia conocida como dióxido de cloro (ClO2) es el resultado de diluir y mezclar el clorito de sodio (NaClO2).

Desde presidentes como Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil, pasando por grupos médicos en Bolivia (de la derecha a la izquierda) empezaron a defender el uso de esta sustancia para combatir la Covid-19. En Brasil, incluso, trascendió que el vicepresidente Hamilton Mourao lo usa en su tratamiento luego de ser contagiado. En México se creó incluso una clínica que ha intentado presentar “estudios” sobre su uso y los supuestos resultados beneficiosos del compuesto.

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En Costa Rica fue el político Rolando Araya quien impulsó el uso de la sustancia y fue secundado por grupos políticos opositores al Gobierno, que se plegó, como ha sido la usanza histórica del país, a la OMS y los organismos internacionales y científicos de salud. Entonces el uso del compuesto químico se convirtió en un arma política de opositores, aunque nunca tuvieron claro si defenderlo era lo correcto, a pesar de las advertencias de la Universidad de Costa Rica al respecto.

Hoy en Argentina, el doctor Paulo Cáceres Guido, que trabaja en el Hospital de Pediatría “Prof. Dr. Juan P. Garrahan” de Buenos Aires, ha publicado una carta al editor en la revista científica “Archivos Argentinos de Pediatría”, donde denuncia una serie de cuestiones sin resolver que hacen del dióxido de cloro una sustancia peligrosa.

Curiosamente es una revista religiosa la que da a conocer las fundamentadas dudas del pediatra argentino, en lo que denominan como “una creencia peligrosa”.

Cuestiones sin resolver

El principio fundamental de sustancia es la oxidación que, suponen sus defensores, afectaría a virus y bacterias, pero no a los órganos del cuerpo humanos. Es decir, sabemos que los desinfectantes y el cloro eliminan sustancias dañinas en el ambiente, pero también podría afectar al interior del cuerpo.

Cáceres advierte entonces que no ha sido comprobado que el dióxido de cloro o MMS (siglas de “solución mineral milagrosa” en inglés) afecte a los virus y bacterias sin hacerlo con las células humanas.

De acuerdo con Cáceres sobre el dióxido de cloro solamente hay “estudios como antiséptico y esterilizante para superficies, agua y sangre, muy pocos de los cuales son en animales y células humanas”.

Según el pediatra, sus defensores tampoco explican “con argumentos científicos por qué el ClO2 curaría enfermedades tan diversas como malaria, diabetes, asma, autismo, sida, Chagas, esclerosis lateral amiotrófica, depresión, cáncer y muchísimas otras”.

Considera peligrosas las determinaciones de Andreas Kalcker –uno de los más famosos promotores de la sustancia– sobre las dosis que indican apropiadas para tomar.

“Pretende, sin investigación de buena calidad, ni evaluación de equipos profesionales multidisciplinarios que corroboren sus resultados, convertirse en el ‘descubrimiento del siglo’”, agrega.

Sin investigación seria

Además, el médico denuncia la ausencia de investigación científica contrastada sobre esta sustancia. “Basta con ver que en la base de datos que reúne más de 30 millones de trabajos publicados en los últimos 25 años en todo el mundo (Medline-Pubmed) no hay ni un ensayo clínico, ni un reporte de un caso clínico aislado”, añade.

“La actividad científica debe estar responsablemente basada en experimentación reproducible”, recuerda.

Y en el terreno médico “estamos obligados a evaluar seriamente la evidencia, incluso si esta fuera solo de reportes de casos. Si algo no es útil o es muy tóxico (aunque sea en un pequeño porcentaje), se descarta”.

Paulo Cáceres añade que el gran problema recae peor aún en personas más débiles, cuya capacidad de respuesta es menor ante sustancias tóxicas.

La fe fuera de su elemento

Para el galeno el problema es llevar la fe a un terreno que le es impropio:

La fe, quizás útil como coadyuvante, nunca tendría que estar relacionada con el uso de un compuesto tóxico”.

“Atentos a las muchas veces ‘escabrosas’ estrategias para acercarse a un paciente que necesita una solución a su problema de salud”, agrega.

“Vale estar atentos a consejos peligrosos de ignorantes y aprovechadores que utilizan a los más vulnerables, quienes por falta de información o desconocimiento, pueden terminar siendo víctimas inocentes”, concluye.

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