Radiografía de la exclusión: ¿Qué pasa con las artes y la cultura en Costa Rica?

Geovanny Jiménez S. Opinión. Unos días antes la comunidad de Palmar Norte -con algunos grupos ecológicos y culturales- pegaba el grito al cielo por la movilización de unas esferas, sin una adecuada comunicación y organización por parte del Museo Nacional, asunto que luego reconoció su directora Rocío Fernández.

Festival de las Esferas 2017. Parque de Palmar Sur, las esferas en segundo plano.

Primer ejemplo. Días después, se realizaría el Festival Nacional de las Esferas en esa comunidad y entonces uno pensaba en lo bueno que la comunidad se empoderara por preservar y defender lo que les da valor internacional. Sin embargo, después del festival, arqueólogos y artistas manifestaron que el festival había olvidado el porqué se realiza: las esferas de piedra, patrimonio cultural de la Humanidad según la Unesco.

El antropólogo social, especialista en temas de la Zona Sur, José Luis Amador, anotaba que al festival ciertamente le faltaban contenidos. La antropóloga Ifigenia Quintanilla, por su parte, manifestaba que se sentía bofeteada luego de su experiencia en un festival más preocupado por la música popular de “Los Ajenos” que por invertir en darle su lugar a las esferas, como corresponde.

Segundo ejemplo. Todos recuerdan la experiencia del frustrado FIA 2015 y cuando apenas vamos superando lo que pasó, llegan 2 festivales de las artes en 2016 (Zona Sur) y 2017 (a realizarse en San José) -con inversiones que rodean los 900 millones cada uno- en que excluyen olímpicamente a las artes literarias. Ya lo dijo el curador colombiano -Arbeláez- que estos festivales deben enfocarse en las art performing (artes escénicas), borrando de un dedazo el legado de los anteriores festivales que no solamente incluían una bonita feria del libro con actos literarios (poéticos, narrativos y más), sino que además traían impresionantes muestras de artes visuales (arte contemporáneo, artes plásticas y más), que la gente disfrutaba ampliamente.

FILCR 2017. Propuesta.

Curiosamente, el partido de gobierno (Partido Acción Ciudadana) propone la democratización de la cultura y la inclusión como valores: “deseamos un país democrático, con una sociedad incluyente“. El ideario ciudadano de esta agrupación dice claramente que “el alma del PAC es la democracia misma”. No obstante, esos valores parece que no son de recibo en la actual administración del MCJ, principalmente desde el Centro de Producción Artística y Cultural (Cpac) -dirigido por Ada Acuña- y el Ministerio de Cultura y Juventud -dirigido por Sylvie Durán.

Un festival para las esferas donde las esferas son relegadas, un festival de las artes donde algunas artes de gran importancia son excluidas y una acción política que no coincide con la propuesta del partido que les permitió el acceso al poder, definitivamente no habla de la democratización de la cultura sino que, más bien, propone una sectorización de las artes y la cultura para grupos de poder -o de interés- establecidos en el concierto de la amigocracia.

¿Qué pasa con las artes y la cultura en Costa Rica? Creo que ineludiblemente pasa por la visión de cultura que esté siendo impuesta por el grupo hegemónico en el poder. Se trata de una cultura basada en la preeminencia de lo escénico sobre cualquier otro tipo de arte, se trata de lo que algunos definen como “industrias culturales”; una visión que busca contabilizar la presencia de personas en los espectáculos, más allá que su peso en la conformación cultural de una comunidad o un país. Se trata del circo y de la manifestación urbana, en el contexto de las arts performing (artes escénicas o del performance).

Enamorate de tu ciudad 2016. Paraíso. Escaso público el primer fin de semana.

Tercer ejemplo. Otra muestra de esta visión fue el “Enamorate de tu ciudad” que se realizó con varios inconvenientes e incluso un alcalde que se retiró, en varios cantones de la zona de Los Santos y Paraíso de Cartago. Molestias de las autoridades y de la gente de las comunidades por presentaciones irrespetuosas de la dinámica cultural de sus pueblos y dudas con el presupuesto y lo realmente invertido dieron al traste con el apoyo del alcalde de Paraíso y la organización tuvo que terminar la actividad enfrentando dificultades en los espacios públicos. También en esa oportunidad se presentaron dificultades en otros cantones de Los Santos, aunque en ellos los alcaldes se mantuvieron hasta el final.

El problema de fondo: una propuesta alejada de la realidad particular y cultural de las comunidades. Y eso sin decir que el programa da preeminencia a las artes urbanas y arts performings, excluyendo otras manifestaciones artísticas que se plantean más la reflexión y el pensamiento, como las artes literarios y los libros o las artes visuales como el arte contemporáneo o las artes plásticas.

FNA 2016. Concierto en Golfito.

Cuarto ejemplo. Lo mismo, en una versión más extendida, se confirmó en el Festival Nacional de las Artes 2016 -donde estuvimos presentes. Allá otra vez la literatura y la plástica, entre otras manifestaciones culturales propias de la Zona Sur como el arte folclórico, se vieron minimizadas para dar cabida a la música y las artes escénicas. El fuerte han sido en estos casos los conciertos que buscan a las masas por su propuesta popular, digamos chabacana, como también sucedió en el reciente Festival Nacional de las Esferas. Pero claro, hay que divertirse y pasarla bien chicho, que no está mal, con cervezas y baile, que está muy bien. Pero, ¿y las demás representaciones de una visión cultural amplia, diversa e inclusiva, que le son propias a una visión democrática de la cultura? Pues eso que sea asunto de unos “intelectualoides” del partido y de la Academia, nada más, y según parece.

Qué pobre la visión esa que el mandato político ha enviado para los últimos dos años con respecto a la cultura, donde ya los libros fueron ECHADOS, excluidos de Enamorate de tu ciudad, del Festival de las Esferas (alguna vez hubo exhibición y venta) y de los festivales de las artes. Y qué contradictorio ese mandato con respecto al pensamiento partidario.

Quinto ejemplo. Pero el asunto no es solamente terquedad y grosería histórica del MCJ y de la administración Durán Salvatierra, sino también un asunto de la Municipalidad de San José y de las municipalidades (como la de Osa con el Festival de las Esferas). En los últimos dos años esta entidad ha excluido la propuesta editorial de su tradicional Transitarte, permitiendo solamente a algunos autores independientes exhibir y vender sus libros en mesas. Evidentemente, con esto limitan a los josefinos de conocer y aprovechar la bibliodiversidad que tiene Costa Rica. En el 2016 hicimos el reclamo, que repetimos en el 2017, pero parece que en aquellas oficinas donde se toman decisiones poco importa la molestia literaria; quizás porque suponen que es una molestia que no atrae públicos ni a la prensa.

Pero ya se ha comprobado que eso es falso: la literatura sí convoca cuando tiene espacios, recursos y condiciones adecuadas para hacerlo. Pero claro, la literatura no cobra por su espectáculo, entonces no es negocio, es decir: no es una industria cultural. Y los libros, que son el medio que “cobra” por acceso a la palabra, ha estado siendo excluido de manera sistemática, como ya hemos visto. Si la literatura tuviera los pagos millonarios que tienen los espectáculos populares, ¿podrían presentar mejores convocatorias por contar con mejores condiciones materiales? Es posible, pero mientras los poetas y los narradores tengan que pagarse todo para hacer sus presentaciones, nada de eso es posible. O como le pasó a la antropóloga Ifigenia Quintanilla, quien al presentar sus facturas por alimentación y algún transporte que necesitó para dar conferencias -por las que no cobró un cinco- sobre las esferas de piedra, recibió el asombro de los organizadores.

De nuevo, ¿cuál es esa visión que excluye el saber y el conocimiento de los escenarios públicos? De nuevo, se trata de una visión de la cultura y el arte de lo fácil, de ofrecerle al público -con los cientos y miles de millones del erario público de los costarricenses- ya no una mayoría de lo popular y de fácil elaboración mental, sino de ofrecerlo en totalidad, excluyendo las otras manifestaciones del colectivo artístico que implica necesariamente un festival internacional de las artes como el que ha ostentado Tiquicia.

FILCR 2017. Actividad musical sin público y otra literaria con llenazo.

¿Por qué es tan difícil organizar un campo ferial en San José para darle acceso a la gente a los libros, para provocar en los ojos del espectador su deseo o curiosidad por acercarse al receptáculo por excelencia de la reflexión y del ejercicio del pensamiento crítico y analítico, pero además del instrumento de entretenimiento y disfrute que ayuda a movilizar los resortes musculares del cerebro humano?

Sexto ejemplo. Lo más triste de esta visión es que funciona solamente en una vía: los festivales escénicos -que abundan- no tienen por qué contar con libros según sus organizadores estatales, pero la Feria Internacional del Libro (FILCR) está plagada de espectáculos escénicos. En la versión 2016, por ejemplo, pudimos ver conciertos de música plancha (que, de paso, convocó a unos 5 gatos), propuestas de teatro desligadas de contenidos literarios y conciertos musicales de varios tipos, así como manifestaciones urbanas y circenses para grandes y chicos; muchas de esas presentaciones con exiguo público y sin relación con los contenidos literarios, como debería ser. 

¿Será un asunto de negocio puro y duro o simplemente de miopía cultural? Como sea, la historia lo cobrará. El daño que se está haciendo no solamente pasa por la producción de palabras y libros, de artes visuales más elaboradas, sino que tiene serias consecuencias en la educación costarricense y en el desarrollo de otras artes que no sean aquellas que lo ofrecen todo fácil y masticado. Dos años para la tristeza cultural, para la involución, la exclusión y la contradicción. Que no siga así, porque me devuelvo.

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