¿Quiénes apoyan la invasión de Rusia? ◘ Voz propia

Un interesante artículo de opinión que intenta explicar el porqué hay segmentos de la sociedad que apoyan la invasión rusa.

Guerra Ucrania

OPINIÓN. Si bien es imposible generalizar y definir a la totalidad de los apologistas de Rusia en la invasión a Ucrania como parte de un mismo colectivo o grupo de colectivos, sí puede perfilarse un promedio de apoyos provenientes de ciertos segmentos ideológicos.

El primer segmento que se me ocurre es la vieja izquierda ortodoxa. Acá se me vienen a la mente figuras como don Erick Ardón o don Federico Picado. Personas a quienes respeto por su capacidad intelectual pero que ciertamente me decepcionan por sus posturas contradictorias con este tema. Acá estamos hablando de un segmento de la población que ya peina canas y que vivió aquellos años de la guerra fría siendo comunista en Occidente. Se enfrentó a la persecución estatal totalmente condenable, a menudo viajó y estudió en la Unión Soviética y se formó en el marxismo clásico y la militancia en Vanguardia Popular y sus descendentes.

Sin duda son personas educadas, estudiosas, con profundos valores y principios sociales que los llevaron a ser de izquierda no por oportunismo sino por convicción en luchas sociales y en mejorar la vida de los más pobres, obreros y oprimidos aunque muchos no concordemos con su ideología o con que sus métodos fueran los correctos.

Pero estas figuras también a menudo han despotricado contra las invasiones de EEUU y sus aliados en países como Irak y Afganistán, en contra de los funestos golpes de estado patrocinados por la CIA contra Allende, Albernz y otros muchos líderes democráticamente electos depuestos solo por no ser del agrado de Washington, y contra las sanciones económicas a Cuba y Venezuela. Por ello que resulta tan contradictorio verles justificando el que Rusia haga exactamente lo mismo. La invasión rusa a Ucrania no se diferencia en nada de la estadounidense a Irak o a Afganistán –ésta última que por cierto fue aprobada por Rusia en aquél momento y contó con aval de la ONU-, como no se diferencia en nada el que Putin exija a un país soberano vecino como Ucrania el no ingresar a la OTAN o a la UE si así lo desea con que EEUU le exija a Venezuela ciertas condiciones y reformas para levantarle las sanciones.

Y aclaro que personalmente encuentro al régimen de Maduro detestable, tanto como al de Nicaragua y de Cuba, y considero que es el deber de la comunidad internacional por medio de las medidas legales y de acuerdo a derecho, presionar a estos países para que sus regímenes respeten los Derechos Humanos, la oposición y realicen elecciones libres. Pero jamás apoyaría una invasión militar como no la apoyo en Ucrania. Un sector de la vieja izquierda sí respalda lo último e incluso los he visto comparar la guerra de agresión de Rusia con una guerra “justa” como las luchas contra el colonialismo –por insultante que sea esa comparación-.

Esta absoluta contradicción y doble rasero sólo se explica en que su oposición a las medidas de EEUU sean militares o económicas son solo por tratarse de EEUU y nada más. Son completamente ideológicas, no basadas en principios éticos o humanísticos. Por qué Rusia –un país tan antiprogresista donde la izquierda está en la oposición, plagado de oligarcas con fortunas obscenas y una represión social indecente- es el sujeto de tal apoyo y se le alcahuetea el que haga lo mismo que hace el país al que critican tanto solo se explica por alguna vieja nostalgia por la URSS. Pues en la práctica Rusia no solo no es comunista sino que ha financiado organizaciones anticomunistas de extrema derecha en Europa y EEUU y ha mostrado cercanía por personajes como Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Otro segmento de la población que apoya a Rusia es la extrema derecha, principalmente la de tintes ultraconservadores, “alt-right y paleolibertarios. Este no es un fenómeno solo de acá. En EEUU el colectivo de extrema derecha QAnon se ha posicionado a favor de Rusia, el canal conservador Fox News también al punto de que su reportero estrella Tucker Carson ha hablado a favor de Rusia y sus editoriales han sido transmitidos en televisión rusa, así como distintos personeros del Partido Republicano lo que ha llevado a una especie de guerra civil interna entre republicanos pro-rusos como Donald Trump y su séquito y anti-rusos como Liz Cheney y Mitt Romney. Pero también se han manifestado a favor de Rusia distintos pensadores del supremacismo blanco racista y antisemita como David Duke, Steven Bannon y Vladimir Zhirinovski.

Acá la pregunta es ¿Por qué estos grupos apoyan a Moscú cuando precisamente una de las excusas del Kremlin para atacar Ucrania es combatir el “neonazismo”?

isla Tortuga tour Culturacr
Tel. 8527-2814

En parte porque buena parte de la extrema derecha moderna se ha desnazificado, a diferencia de lo que sucedía en los 70s y 80s. De hecho, al contrario, una parte de la ultraderecha moderna tiende a clasificar al nazismo como una forma de izquierda y de socialismo e identificar a sus enemigos (los musulmanes, los “progres”, los demócratas) como “nazis” o similares a ellos buscando incluso paralelismos con sus tácticas. Geert Wilders por ejemplo, líder de la extrema derecha holandesa ha comparado al Corán con Mein Kampf y distintos republicanos compararon a Obama con Hitler. Así que no existe contradicción necesaria cuando la ultraderecha moderna a menudo reniega del nazismo y más bien lo endilga a sus enemigos. Para muchos de estos grupúsculos Putin está combatiendo izquierdistas al combatir “neonazis” por estúpido que pueda sonarnos.

La extrema derecha actual es ultraconservadora, nacionalista, anti”globalista”, conspiranoica y autoritaria. Todo ello características que ven reflejadas en Putin. El mismo Putin que combate la propaganda “gay”, se opone al aborto y ha dicho que no habrá matrimonio igualitario mientras él sea presidente. Todo esto es música para los oídos de los conservadores más radicales. Para ellos el Occidente liberal y democrático es una decadencia; el mundo no debe ser democrático, debe ser gobernado por hombres fuertes que tengan mando de hierro, y no debe estar globalizado ni deben existir organizaciones multilaterales que “socaven” el poder de los gobiernos nacionales como la CIDH, la UE o la ONU, de ahí que no es de extrañar que quien admire a Trump o Bolsonaro admire también a Putin.

Hasta acá hay que entender que dos de los principales apoyos de Putin vienen de dos formas de autoritarismo; la extrema derecha y la extrema izquierda. Los primeros porque ven en Rusia a un referente de oposición hacia las políticas progresistas de Derechos Humanos que odian y rechazan, los segundos porque desean ver el final del “imperio” y apoyen por de-fault a todo aquél que esté en contra de EEUU sin mediar realmente otra razón. Ambos grupos al fin y al cabo son dos caras de la misma moneda, la ley de la herradura como se llama. Ambos apoyan la existencia de gobiernos dictatoriales aunque en ciertos temas estén enfrentados. Decía Hitler que él prefería a un comunista que a un socialdemócrata pues el comunista se podía convertir. De esto existen vastos ejemplos como por ejemplo el líder de la guerrilla de izquierda radical alemana la RAF Horst Mahler fue años después militante del partido ultraderechista NPD, o como algunos estudios muestran que muchos votantes de Melenchon en Francia (el candidato de izquierda) prefirieron luego votar por Marine Le Pen (extrema derecha) que por el centrista Macron en segunda ronda, o como muchos votantes de Bernie Sanders se inclinaron luego por Trump antes que por Clinton. Bueno, sin ir muy lejos acá mismo vimos a antivacunas de extrema derecha, neopentecostales, sindicalistas y figuras de izquierda juntas en el funesto grupúsculo “Rescate” Nacional. El punto al final es ser anti-sistema y anti-Occidente.

El tercer grupo y quizás el más triste es un cierto segmento del mal llamado “progresismo”, de la nueva izquierda más joven.

Acá quiero dejar claro que tengo plena consciencia de que la mayoría de los progresistas –aquellos que son socialdemócratas, liberales moderados, socioliberales, verdes, etc., es decir, la centroizquierda o centroderecha progresista del espectro- rechazan completamente la agresión rusa y se han posicionado con Ucrania al igual que la mayor parte de la centroderecha.

Pero es indudable que hay un segmento de la izquierda y centroizquierda que se ha alineado con Putin. A primera vista este alineamiento no tiene sentido. ¿Por qué alguien que cree firmemente en los Derechos Humanos, la igualdad de la mujer, las reivindicaciones LGBT, la democracia, el Estado de Derecho y la justicia social se alinearía con quien metió a las feministas de Pussy Riot en prisión por grabar un video en una iglesia? ¿Con el amigote de oligarcas cuyos inmorales superyates, palacios y villas descansan hipócritamente en el Occidente que adversan? ¿Con quien financia partidos xenófobos y homófobos? ¿Con quien envía a la policía a dar golpizas a manifestantes pacíficos? ¿Con quien prohíbe que dos personajes del mismo sexo se den un beso en televisión?

Bueno acá lamentablemente debemos admitir que el historial de EEUU ha sido su peor enemigo en muchos aspectos. Si vemos las redes sociales –y sí, estoy consciente que buena parte son bots rusos- la indignación, la rabia y la ira hacia EEUU y la OTAN abundan. Un odio que quizás esté justificado por las muy cuestionables políticas estadounidenses hacia nuestros países, pero que –seamos honestos-, está mal enfocado en este momento. Odiar a EEUU por sus deplorables acciones pasadas y presentes es perfectamente válido, pero apoyar con ello a Rusia cuando hace lo mismo no solo es whataboutismo, es hipócrita.

Resulta perfectamente legítimo oponerse a EEUU, la OTAN, la UE, todo el Occidente si se quiere y adversar su expansión, sus políticas e incluso desear como hacen muchos “que le vaya mal”, pues hay algunas personas que en verdad parecen desear que EEUU y quizás también Canadá y Europa terminen destruidos, en trizas y más o menos como Rusia en los 90s. Pero tener esta postura y al mismo tiempo apoyar a quien le está causando tantísimo dolor y muerte a un pueblo inocente es repugnante.

Argumentar que Zelenski es el culpable por no rendirse o acerca a la OTAN es también ridículo. Indistintamente de las virtudes o defectos de Zelenski el presidente de un país soberano no tiene que consultar a su vecino por ninguna decisión soberana (así sea un vecino más poderoso), además aun sin Zelenski el pueblo ucraniano es valiente y orgulloso y hubiera presentado la misma resistencia. Esto sumado al sentimiento anti-ruso en esas zonas como lo hay en Kazajstán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y demás países ex soviéticos donde sienten hacia Rusia lo que muchos latinoamericanos hacia EEUU.

El caso es que de estos tres grupos el más trágico en su apoyo a Rusia es el tercero. La vieja izquierda y la extrema derecha moderna no comparten realmente los valores progresistas occidentales. Serían felices viendo nuestras democracias liberales reemplazadas por el modelo de sociedad autoritaria que aspiran construir. Pero el tercer grupo apoya a Rusia motivado por el resentimiento y el enojo, no necesariamente porque no tenga valores progresistas. Un resentimiento y un enojo quizás merecido y que ciertamente debería llamar a Washington a la reflexión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.