¿Quién es idóneo en la función pública?

OPINIÓN. En los últimos años el tema caliente en la cultura política de Costa Rica tiene que ver con nombramientos que unos critican y otros alaban. Pero entonces, ¿quién es idóneo para ser jerarca en la función pública?

El tema debe tratar de entenderse mejor. Hagamos ese ejercicio ahora. Empecemos con que idoneidad y experiencia pueden ser no necesariamente amigas. ¿Se requieren títulos y experiencia para ser el candidato o candidata ideal? Pero los títulos no necesariamente implican, hoy, conocimientos y, menos aún, tener la inteligencia intelectual y emocional, así como las capacidades, para liderar y crear lo mejor posible.

Un caso particular es el asunto de la meritocracia, finalmente fue una gran farsa. Me explico: Alguien puede ser idóneo (adecuado) para un puesto pero no tener experiencia. En política pedir experiencia es sencillamente darle los puestos a gente de otros partidos que han gobernado o bien a gente del propio partido que estuvo en el gobierno previo. Es decir, ningún cuadro nuevo podría ser considerado.

Sin embargo, en puestos técnicos la experiencia es deseable. Ahora bien, hay gente con experiencia en el sector privado y no en el público, y eso puede generar problemas serios.

Ahora bien, si hablamos de títulos, pues hay otro tema: ¿qué pasa con alguien con mucha experiencia, que sabe hacer las cosas mejor, pero no tiene el título que exige la normativa estatal? Entonces creo que la idoneidad dependerá de cada caso.

En política, para puestos de confianza, la idoneidad debe considerar conocimientos (y títulos), experiencia, confianza, pero creo que ante todo la capacidad y conocimiento del espacio donde se realizará el trabajo. La sola confianza ha roto el saco, como hemos visto. El solo conocimiento conduce a los errores.

La idoneidad es entonces un conjunto de eso, pero siempre dependiendo de las particularidades de cada puesto. En el puesto político no se puede pedir experiencia como requisito indispensable, es absurdo, porque de eso se trata el cambio, de gobernar con un nuevo equipo para hacer las cosas mejor en lo posible.

Ahora bien, si yo realmente contratara a quienes tienen el mérito por idoneidad debería hacer un concurso de requisitos para medir, entre lo disponible, de los mejores que tiene el país, sin importar su filiación política. Sería como buscar un gerente, pero en política no necesariamente es así.

En política aplican otros valores cuando pensamos en meritocracia, por ejemplo: mi experiencia y conocimiento del sector cultural del país me dice que para ser ministro(a) de Cultura del país el profesional debería tener claro que esa entidad debe ser inclusiva, abierta, transparente, honesta, propositiva, capaz, democrática y debe trabajar para tirios y troyanos, no solamente para unos cuantos que se enriquecen siempre de los fondos públicos. Pero no es así, en la política moderna pareciera que la idoneidad es ser exitoso en el manejo del FIA aunque lo demás esté descuidado y los problemas de fondo estén invisibilizados.

Entonces no importan aquí los títulos y la experiencia. ¿Para qué la experiencia, para hacer lo mismo que ya fue mal hecho o hecho de manera insuficiente? ¿Para qué el título si no conocés el sector respectivo?

Y así, creo, se puede aplicar a diferentes espacios.

¿Quién es el mejor, el que ha demostrado el mérito, el que aportó más a la campaña, el que es más amigo de los jerarcas, el que tiene más respaldo académico, el que sabe hacer las cosas…?

¿Usted qué cree?

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