#Quenolemientan Libros del presidente no expresan su pensamiento

Ni el presidente Carlos Alvarado, ni tampoco ningún escritor sobre la faz de la tierra puede ser identificado por lo que dicen sus obras de ficción.

Ni el presidente Carlos Alvarado, ni tampoco ningún escritor sobre la faz de la tierra puede ser identificado por lo que dicen sus obras de ficción.

En Costa Rica, con falsedad, memes y hasta comunicadores que hacen videos de celular, han leído partes y han acusado al presidente Alvarado por lo que escribe en su obra “Las posesiones” (Uruk Editores) o en sus cuentos publicados, como uno que fue encontrado en una revista que ya no existe.

Eso significaría que ese personaje es o piensa igual que el escritor, pero eso no es cierto. Los personajes tienen vida propia en las obras de ficción y son diferentes entre sí. Si un personaje es vulgar, ateo y psicópata, uno no podría sensatamente pretender que el autor es así. Es absurdo.

Quien sabe un poco de literatura entiende que una novela (como las del presidente Alvarado) o un libro de cuentos es una obra de ficción, lo que implica que necesariamente es una mentira y es producto de la imaginación del escritor.

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Ningún escritor podría hacerse responsable de todo lo que digan sus personajes y de lo que suceda en su creación, porque eso implicaría algo que es básicamente imposible: el autor tendría que ser todos los personajes a la vez: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, gais y heterosexuales, corruptos y decentes, asesinos y policías…

Por esa razón, por ejemplo, una obra de ficción literaria no puede considerarse como prueba en un juicio legal.

Todos los conocedores de literatura coinciden en que esa mentira que un escritor deja ver puede tener percepciones del autor disimuladas en algún personaje, pero no necesariamente pueden asociarse con él, quien hace uso de los personajes para contar una historia.

Eso sería como decir que Joaquín Gutiérrez piensa como Cocorí -una novela polémica y acusada de racismo-, o que Mark Twain sea un bribón como su personaje Tom Sawyer, o incluso que Carlos Luis Fallas (Calufa) sea como “su madrina”.

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La historia puede basarse en la realidad, en una parte o en todo, pero el lector no puede asumir que todo sea realidad, ni apostar por determinar qué parte sí y qué parte no. Es decir, nadie sabe, excepto el autor, que del libro es real y que de lo escrito es parte de su pensamiento y su visión del mundo.

En consecuencia, decir que lo dicho por un personaje o por el narrador de una novela es lo que piensa su autor no tiene sentido alguno, es solamente una ocurrencia de algún charlatán que desconoce.

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