Prejuicios sobre fútbol y literatura (opinión)

Este artículo no tiene pelos en la lengua para rebelarse frente a esa presunción de los académicos que desprecian el fútbol.

  • Este artículo no tiene pelos en la lengua para rebelarse frente a esa presunción de los académicos que desprecian el fútbol…

Alexánder González. Opinión. Hoy en clases me sentí como un ignorante: sale el clásico tema del «fútbol como atontador de masas, bla bla bla…»

Preguntan ¿quién de aquí ve fútbol? Y me tocó levantar la mano. La cuestión fue que todo el mundo se me quedó viendo como si fuese un leproso en plena Jerusalén.

Siguió la clase, y con ella la pregunta de si sabían ¿quién fue Greimas? El mismo silencio sepulcral, y solo yo, en mi papel de hincha-imbécil-atontado por las distracciones que le arroja el sistema lo sabía. De entre 25 o 30 estudiantes eruditos de Filología pero solo el hincha ignorante lo sabía.

¡Debería darles vergüenza! Y a ustedes profesores también, porque pasan más horas dedicándole loas a la literatura y condenando al «atontador de masas» que enseñando sobre teóricos fundamentales. Porque al fin y al cabo, si el «ayote» no les da para ver más allá de la trillada y absurda crítica sociologizante del balompié -porque claro, la literatura es un campo de vergeles revolucionarios y de voceros de los subalternos, es solo de ver a Pound, o a Vargas Llosa, o a Borges ¡tan lindo junto a Videla!-

LITERATURA
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Por lo menos enseñen bien Filología, expliquen que la distinción entre «alta» y «baja» cultura hasta Umberto Eco se la pasaba por el culo, y ni hablar de Jameson, Williams, E.P. Thompson o Eagleton. Que Pasolini vio toda la serie de niveles y variaciones propios de una lengua en lo que ustedes describen como «hombres tras una pelota». Que la literatura de masas es entretenimiento vacío tanto como el de una pantalla, por eso un best seller por más lleno de signos lingüísticos y tabulado y editado y metido en un cajón de librería no es más que otro compilado de páginas para matar el aburrimiento y punto.

En fin, les perdono todo, menos que no supieran que el templo supremo es la «Bombonera», que Sócrates se bajó a los milicos en Brasil con una pelota, que el Inter lo fundaron para permitirle jugar a negros e inmigrantes, que Maradona drogadicto y todo le dio voz al históricamente vilipendiado sur italiano… y podría seguir. Pero no lo hago, porque me basta con saber que en toda actividad humana hay códigos, hay símbolos, hay voluntades y pasiones rescatables, y también deleznables, «nada de lo humano me es ajeno» decía un romano borracho -Terencio-, y yo no me imagino a Catulo diciendo: «diusguarde no hablar de temas elevados y críticos en mi lírica, no vaya a ser que en el futuro solo me recuerden por ofrecer felaciones en los poemas, o por tratarlos de hijos de puta en la lengua del Chícharo Mayor».

En serio, en serio, compas, dejen de creer que la literatura es la gran mamada, es una actividad tan anodina y distractora como el fútbol, como Netflix, como la porno. Por eso, antes de tratar a su abuelo de idiota porque está viendo al Sapri mientras ustedes leen el Finnegan’s Wake -¡sí huevón!- mejor vayan y se sientan con el ruco y usan esa jupa que analiza sintaxis verbal para analizar la sintaxis de los pies, del sistema de juego, los rasgos, las variaciones. El día que lo hagan, verán que Kristeva tenía razón y que en todo lado hay textos dispuestos a ser leídos. Solo hay que quitarse el dogmatismo y las falsas ínfulas de superioridad.

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