¿Por qué casi todos perdieron en las pasadas elecciones municipales? ◘ Opinión

Parece que solamente los partidos cantones resultaron ganadores del proceso electoral para las alcaldías en Costa Rica.

OPINIÓN. Por Daniel González Chaves. Acaban de pasar las justas municipales con magros resultados para prácticamente todos los partidos de escala nacional. ¿Por qué esto? Ciertamente que es sintomático de la crisis de representación política que tiene nuestro país, pero más importante aún, denota que ningún partido de oposición se ha logrado posicionar como el canalizador del descontento popular.

Daniel González Chaves

Los únicos que pueden clamar victoria en estas elecciones fueron los partidos locales, que obtuvieron una cantidad histórica de alcaldes y obtuvieron regidores en casi todos los cantones.

Tanto el oficialismo como los partidos tradicionales redujeron su número de regidores, pero también lo hicieron la mayoría de partidos de escala nacional incluyendo aquellos que más férreamente han sido oposición al gobierno (como el PRSC de Dolanescu y el Frente Amplio de Villalta), y por supuesto los partidos evangélicos que no levantaron.

¿Qué mensaje nos da esto? ¿Por qué la oposición ha fracasado en capitalizar ese descontento ciudadano hacia el gobierno y los partidos que muchos consideran sus aliados y que por haber gobernado previamente se les ve como corresponsables de la crisis? Esto es importante saberlo porque es probable que los partidos locales sean vistos como una opción “neutral” y más cercana a la comunidad, sin responsabilidad alguna sobre la crisis al no ser ni gobierno ni oposición y no tener representación legislativa. Pero esto no nos permite vaticinar que sucederá a futuro pues los partidos cantonales no participan en elecciones presidenciales.

Para empezar debemos analizar los números de manera fría y objetiva. El resultado de las municipales suele amañarse según el color político de quien los traduce usualmente tratando de minimizar los yerros del partido de su preferencia y maximizar los del contrario. Pero si analizamos los datos fríamente casi nadie puede declararse victorioso realmente.

Lo primero que debemos tener claro es que las elecciones de alcaldes son muy sui generis y no pueden extrapolarse a los resultados presidenciales. Ya muchos han querido ver en ellas un presagio de las futuras elecciones presidenciales, pero esto no es correcto. Empezando porque el abstencionismo es mucho mayor y la elección, al menos de la figura del alcalde, se hace por el llamado sistema uninominal simple o como se dice en inglés “first past the post” o primero que pasa la meta.

Quienes han buscado plantear que la consecución de alcaldes se traduce en un porcentaje de voto popular están cometiendo un error garrafal o siendo deliberadamente engañosos. Decir que porque el PLN tiene 42 alcaldes de 82 eso significa que tiene el 51.11% es ridículo, porque el número de alcaldes no es proporcional a los votos emitidos. Si en un cantón 32% votaron por el partido X, 30% por el partido Y y 20% por el partido Z el elegido es el partido X pero eso no está tomando en cuenta los votos de los otros partidos incluido el que casi lo empata. Este sistema uninominal simple es el que se utiliza, por ejemplo, en Estados Unidos para elegir senadores y representantes haciendo que su Congreso sea casi enteramente bipartidista, pero no significa que 50% de la población es demócrata y 50% republicana pues el sistema absorbe enteramente el porcentaje por ejemplo de verdes y libertarios así como de los que no votan del todo.

Ganar por estructura

Así las cosas las elecciones municipales se ganan por estructura. Dado su alto abstencionismo y el peso que tienen las dirigencias locales los partidos que más ganan alcaldes son aquellos que más movilizan gente, aquellos que más transporte tienen, que tienen bases más fieles, etc. Y en esto indudablemente que los tres más sólidos y con estructuras más consolidadas son el PLN, el PUSC y el PAC en ese orden. Ningún otro partido se acerca en envergadura a esas tres formaciones en ese sentido. El PAC a pesar de ser gobierno es claramente el menos fuerte en estructura comparado a los otros dos (aunque superior comparado a los demás partidos fuera de la triada). Si ha llegado a ser gobierno o primera fuerza de oposición es por la dinámica de las elecciones nacionales en donde el abstencionismo es relativamente bajo y el elector va a votar por sus propios medios sin necesidad de ser “movilizado”, y siendo que el PAC suele ser fuerte entre el elector independiente y sin partido o bien tiene una parte de la base que es poco activa en política y se limita a votar el día de las elecciones esto se refleja en sus mejores números en presidenciales.

Ejemplo de cómo las elecciones de alcaldes no pueden extrapolarse a las nacionales es que el PUSC siempre ha sido la segunda fuerza en estas desde 2006. El PUSC siempre ha sacado el segundo número de alcaldes desde roto el bipartidismo sin que esto se haya traducido nunca en que fuera el segundo más votado en la elección presidencial, de forma similar a como el PNG fue la “cuarta fuerza” en las municipales de 2016 y no tuvo diputados en 2018. Quienes se ufanan de que el PAC “fracasó” al tener solo 4 alcaldes o están olvidando esto (y puede ser, la gente parece no recordar las elecciones anteriores, incluso algunos ya proclaman el “regreso del bipartidismo” como si no lo hubieran proclamado tras las municipales de 2010 y de 2016 también), o aplican más un wishful thinking, pero esta subestimación del PAC es un error político que sus detractores no deberían cometer por mucho que sea necesario para su discurso público. El PAC siempre saca pocos alcaldes por lo antes mencionado de la dinámica propia de la elección, pero esto no dice nada de como le irá en las presidenciales, y lo mismo aplica a los demás partidos (recuérdese también que el PLN siendo primera fuerza en alcaldes en 2016 fue tercer partido en 2018).

Si algo pudiera darnos alguna indicación de como fue el respaldo popular sería el voto de regidores que sí es proporcional, sin embargo ahí existe un bemol a considerar: de forma similar a como el candidato presidencial jala votos para diputado, el candidato a alcalde lo hace para regidores, y el partido que gana la alcaldía suele ser el que gana mayoría de regidores, y como cada cantón es un microcosmos en sí mismo esto hace difícil calcular realmente cuánto del voto a regidor fue por el partido. Por ejemplo en Escazú el PNG sacó la misma cantidad de regidores que sacó YUNTA cuando Barahona fue su candidato a alcalde cuatro años atrás, esos regidores difícilmente pueden acreditarse como votos del PNG.

Pero aun así, es lo más cercano que podemos tomar de termómetro electoral. Y en esto casi todos los partidos nacionales salieron mal parados. El PLN no sólo ha estado perdiendo alcaldes continuamente desde 2010, sino también regidores, el PUSC al contrario viene aumentando sus alcaldes desde 2010 pero para esta elección perdió regidores.

La realidad PAC

Al PAC usualmente se le acredita el haber perdido 2 alcaldes, sin embargo esto es engañoso, porque para empezar no se le está contando el de Montes de Oca por ser técnicamente una coalición, además en el caso de Moravia el alcalde Roberto Zoch fue originalmente electo por el PAC pero tras desavenencias con la dirigencia local formó su propio partido y fue reelecto por él, pero restarle ese alcalde al PAC es tan ingenuo como pensar que el PLN perdió en San José cuando Johnny Araya fue candidato por el Partido Alianza por San José (PASJ). Además resulta curioso como algunas personas, para señalar el fracaso del PAC, mencionan que “siendo gobierno solo logró 4 alcaldes”, cuando al menos en Costa Rica ser gobierno lejos de ser una ventaja es un lastre para cualquier partido por la endémica impopularidad que tiene siempre el gobierno de turno. Cuando se elegían los alcaldes por primera vez allá por 2002 se hacían las elecciones en diciembre, esto tenía como resultado dos cosas; que la población aun estaba en “luna de miel” con el gobierno y que el abstencionismo era mucho mayor por la época navideña. El PAC nunca se benefició de esto porque desde que es gobierno las elecciones se hacen a medio período y en febrero, justo cuando el descontento es mayor con las autoridades centrales. Si esto afectará igual a otros partidos sólo lo sabremos cuando haya una elección municipal y otro partido esté en el poder. Pero con esto tampoco pretendo excusar al PAC que, al igual que el PLN y el PUSC redujo notablemente su número de regidores, sólo lo menciono porque los “4 alcaldes” no pueden verse como una señal de apoyo popular por la dinámica de la elección.

Acá otro factor que hace a las elecciones municipales sui generis: la reelección consecutiva. Algo que no existe en ningún otro cargo de elección popular y que hace que los alcaldes electos partan con ventaja, recordemos que 50 de 66 alcaldes buscando la reelección la lograron, y esto es lógico pues parten con recursos, exposición mediática, redes clientelares y otras muchas cosas que sus rivales no tienen. Esta posición desventajosa de los candidatos opositores es algo que no se da en casi ningún otro proceso. Podría sonar contradictorio decir que ser gobierno desgasta y afecta negativamente al partido oficialista pero que ser gobierno local es una ventaja para dicho candidato, pero esto se debe a la cultura del tico y a las diferencias en funciones. Mientras que el tico culpa –con razón o no- al gobierno central de casi todo cuanto pasa hasta incluso de decisiones tomadas en sede legislativa o sentencias judiciales aun siendo otros poderes del Estado los involucrados, no lo hace igual con el gobierno local e incluso a la inversa acredita obras del gobierno central al local. Pero fuera de las carencias en cívica de la población general, ciertamente que la labor del municipio es más visible y más cercana al elector y por tanto más fácil para el alcalde congraciarse con éste. El presidente suele ser visto como una figura lejana y distante aislada en su torre de cristal.

Las otras fuerzas en disputa

Pero volviendo al análisis ¿Qué nos dicen los resultados? Primero que el PLN, PUSC y PAC son los partidos más estructurados pero también que han perdido respaldo popular continuamente y que redujeron su número de regidores. Pero esta fuga de votos no se le fue a la oposición. El FA perdió su único alcalde y no logró nuevos y también se redujo su número de regidores drásticamente, el PRSC con todo y los videos populistas de Dolanescu perdió regidores aunque haya aumentado su número de alcaldes a dos. Sólo dos partidos de escala nacional aumentaron regidores y alcaldes a la vez; PNG y ADC, pero en el caso del primero, la formación de Sergio Mena, bien sabemos que se trata de un partido franquicia que básicamente presta su nombre para que un candidato de arraigo comunal usualmente un alcalde ya en el cargo busque la reelección, por lo general cuando por alguna razón se peleó con su partido original. Ergo, los alcaldes del PNG difícilmente pueden considerarse triunfos del partido, y en el caso de ADC sin quitarle méritos ciertamente que su aumento en regidores se debió solamente al triunfo de Redondo en Cartago por la dinámica de “jale” que mencionamos antes. Que sin duda la alcaldía de Cartago podría servirle a Redondo de trampolín para una eventual candidatura presidencial y de transformar a su partido en el principal partido conservador en especial ante los aletargados partidos evangélicos con representación legislativa, eso si juega bien sus cartas claro está. 

De Nueva República y Restauración ya se ha dicho mucho y no tiene sentido llover sobre mojado, sólo digamos que siendo al menos en el caso de NR el partido que trataba de proclamarse o posicionarse como la alternativa al gobierno y la futura primera fuerza política, sus resultados fueron testimoniales. ¿Cómo no logró el adalid de los valores costarricenses y líder de la oposición canalizar la furia ciudadana en un masivo voto de protesta? Si bien la campaña de NR cometió grandes errores (como intentar posicionar al candidato presidencial en lugar del candidato municipal cuando se trata de una elección de tipo eminentemente personalista en lo comunal) o quizás hay decepción en las bases por la mala gestión de sus diputados, esto no se explica solo por los yerros propagandísticos y legislativos, claramente Fabricio no está logrando el posicionamiento como la alternativa al gobierno o como interlocutor legítimo del ciudadano molesto. La excusa esgrimida por algunos de sus partidarios de que es un partido nuevo con apenas ocho meses tampoco es de recibo, pues Unidos Podemos tiene similar tiempo de existir y logró un alcalde y más regidores. Aunque acá puede tener mucho que ver el que heredara las bases y estructuras del Movimiento Libertario y el propio carisma de Natalia Díaz.

Un asunto, por cierto, que debe preocupar al Partido Liberal Progresista que, similarmente y siendo mucho más viejo que Nueva República, padece un fracaso aún más contundente. Recordemos que éste partido tiene ya más de dos años habiendo participado para diputados en las elecciones de 2018. El que no lograra alcaldes ni regidores es muy mala señal que les debería obligar a replantearse sus estrategias e incluso a pensar seriamente en una fusión o cuando menos una coalición con Unidos Podemos si desea sobrevivir políticamente y que, a toda costa, debe excluir a Otto Guevara y cualquier formación vinculada a éste si no desean perder lo ganado.

Y finalmente tenemos, como no podía faltar, a Juan Diego Castro, quien no logró inscribir su partido político a tiempo como había anunciado y tal cual consta tanto en la realización de asambleas de “Reconstrucción CR” en la página del TSE como en el hecho patente y obvio de que no participó en las municipales. Si bien es imposible saber cómo le hubiera ido, el que no lograra conseguir suficiente respaldo para finalizar todas las asambleas en pocos meses (algo que sí lograron Díaz y Fabricio) dice mucho y debería preocuparle, porque si los magros resultados obtenidos por NR son una señal ¿qué puede decirse de ni siquiera culminar el proceso de inscripción?

En síntesis y para cerrar esta disertación podríamos concluir que: las pasadas elecciones municipales no pueden usarse para predecir los resultados de las presidenciales de 2022 pero nos permiten resaltar algunos indicadores como que: a) Los tres partidos que han sido gobierno siguen teniendo bases y estructuras que otros no, pero están desgastados y golpeados en su imagen que les ha hecho ir perdiendo constantemente apoyo popular mantenidos en primacía solo por el voto de las bases fieles (nada desdeñables pero insuficientes para tener gobernabilidad) b) La oposición ha fracasado en legitimarse como canal entre el descontento ciudadano y el poder político y ni siquiera ha logrado beneficiarse del voto protesta c) Las formaciones cantonales fueron las grandes ganadoras quizás por su naturaleza local que las hace ver como más “limpias” pero esto no se repetirá en febrero de 2022 porque no pueden participar en las presidenciales, ergo, quien sí logrará consolidar ese voto de descontento no lo sabemos y será interesante verlo.


*Daniel González Chaves es psicólogo y escritor, ex regidor de la Municipalidad de Tibás en el período 2006-2010 y 2015-2016.

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