Por qué el Premio Magón sí está bien otorgado ◘ Opinión

El punto es que así las cosas, el Magón podría ser un segundo Premio de Cultura Popular…

El problema de quienes critican el nuevo Magón recién anunciado es que nunca se dieron cuenta que con la última reforma realizada a los premios nacionales, ahora el Premio Magón «constituirá el reconocimiento a aquella trayectoria cultural de toda una vida, sin discriminación de formatos, géneros, estilos, o áreas de desempeño disciplinario u otras similares».

Es decir, así el Premio Magón podemos pensar en premiar flori-cultura, pueri-cultura, artes políticas, agri-cultura, gastronomía, astronomía, deportes artísticos, artes económicas, cultura empresarial… ¡Todas nobles y geniales actividades!

El punto es que así las cosas, el Magón podría ser un segundo Premio de Cultura Popular, como sucedió en este caso. El Magón podrá ser en cualquier momento un premio extendido de gastronomía, jardinería, astronomía…

El punto es que este galardón fue desnaturalizado de su propósito inicial y el espíritu para el que fue creado, que era premiar artistas del país por su labor cultural de toda una vida. Y cuando hablamos de artistas nos referimos a las «bellas artes», las más empobrecidas y difíciles de ellas, las artes escénicas (teatro, danza…), literarias, audiovisuales, musicales y visuales (plásticas, contemporáneas, escultura…).

Así las cosas, no se trata de elitismo, sino más bien de enterarse que las empobrecidas «bellas artes» han perdido un espacio más en el que históricamente fueron premiadas e incentivadas. Hoy los artistas deben ajustarse y adecuarse a las manifestaciones más amplias y populares, por eso no sorprende que algunos pintores, escritores y teatreros diga irónicamente ahora que deben aprender a cocinar, jardinería, el barismo o el arte comercial.

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Estas realidades nos terminan por reflejar que la nueva Ley de Premios Nacionales, aunque corrigió el problema presupuestario de la Dirección de Cultura del Ministerio de Cultura y Juventud, no vino a resolver los problemas esenciales e importantes en estos premios, incluso en algunos casos el asunto empeoró.

Y el trasfondo de todo esto tiene que ver también con una tendencia en el MCJ de los últimos años a una economía naranja y el incentivo desubicado de la cultura comunitaria. Nadie puede negar la importancia de promover nuevos espacios de incentivo y premiación de la cultura comunitaria, soy el primero más feliz en este asunto.

Sin embargo, quienes impulsaron estos cambios no solamente crearon los nuevos y geniales espacios, sino que impusieron su visión en los espacios ya creados, como en el tema de los premios nacionales (el caso del Premio Magón), como sucedió con las becas taller (que redundan con los Puntos de Cultura) o la imposición de una visión de alcance comunitario en las becas literarias, donde no se promueve la creación de los escritores, sino de cómo esas creaciones tienen impacto en la comunidad.

Y, curiosamente, sin embargo, el alcance y acceso a las comunidades mediante el libro es prohibido en los festivales de las artes, ¡menuda contradicción!

A derecho

Para no desviarnos más, tengamos claro que si los jurados decidieron a la señora Campabadal porque «ha contribuido a dignificar la cocina tradicional doméstica femenina», entonces estaban en todo su derecho de hacerlo.

Finalmente, es importante consignar aquí que en este caso fue una decisión dividida, en la que los jurados Lina Barrantes y Miguel Calderón se inclinaron por el artista plástico y maestro Fabio Herrera. Por la ganadora votaron Adriana Collado, Bernal Herrera y Luis Monge.

Lo anterior nos demuestra que se trata de una decisión dividida, en mucho, por dos tipos de candidatos con dos legados artísticos y culturales muy diferentes entre sí.

Pero de que actuaron a derecho, así lo hicieron.

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