Politiquería y doble discurso buscan descarrilar el tren eléctrico ◘ Opinión

“Esa política tradicional y tercermundista de destruir al contrario para abrirse paso ha demostrado fallar y que el ciudadano ya no come cuento a pesar de la alharaca que se haga en el mundillo de la opinión pública…”

OPINIÓN. Hay diputados en la Asamblea Legislativa, y ya sabemos quiénes son, que están obstinados de manera obsesiva-compulsiva con destruir todo aquello que impulse el Gobierno, aunque sea de gran provecho para el país.

Y con esa intención, de fondo la única y real que los mueve, producen un doble discurso: por un lado hablan de reactivar la actividad económica y recuperar las mejores condiciones de producción, pero por otro lado obstruyen proyectos tan valiosos que permitirán que eso suceda. Me recuerda cuando el diputado Jonathan Prendas dijo que ellos ejercen una oposición responsable y por esa razón se logró corregir la crisis fiscal, pero su partido había votado en contra todos los proyectos que lograron esa corrección. Incoherencia, incongruencia y contradicción en un solo acto.

Para nadie es un secreto, a estas alturas, que las energías limpias y menos contaminantes, como la electricidad, serán necesarias para la movilización del pueblo trabajador. Para nadie es un secreto, tampoco, que un tren eléctrico permitirá agilizar y modernizar la Gran Área Metropolitana como nunca antes.

El préstamo por $550 millones, que ya el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) aprobó, solamente requiere “el visto bueno” del Congreso para avanzar en una obra vital para la economía y el empleo del país. Ciertamente es una obra del Gobierno, de la Primera Dama en particular, para más precisión, pero también es una obra que será posible si el Congreso asumen conciencia del gran beneficio que representa para todo el país. ¿Será que estos diputados piensan que doña Claudia Dobles es la próxima rival a vencer en las elecciones presidenciales de 2022? Así parece.

Como he escrito en varias oportunidades, no sé de dónde sacan algunos partidos políticos y algunos diputados en particular que oponiéndose y destruyendo todo lo que haga el Ejecutivo lograrán mejores réditos electorales en las próximas elecciones. La experiencia nos dice todo lo contrario: después de todo el escándalo mediatizado conocido como “Cementazo” en la administración de Luis Guillermo Solís, igualmente ganó otra vez el PAC.

Esa política tradicional y tercermundista de destruir al contrario para abrirse paso ha demostrado fallar y que el ciudadano ya no come cuento a pesar de la alharaca que se haga en el mundillo de la opinión pública costarricense en época de redes sociales. Las campañas políticas se tejen ahora con otros indicadores y otras percepciones, más allá de recetas del siglo pasado y de poses acartonadas que ya no engañan.

El tren eléctrico es un proyecto de primer mundo, una visión de mediano y largo plazo que la gente en mayoría sabe reconocer. Quien se opone a estos proyectos solamente pueden seguir cosechando desprecios, y no precisamente de los PAClovers como dicen algunos, sino de una gran masa de costarricenses que, alejados de la política, tiene valores muy claros sobre quiénes representan una amenaza para el país. Son esos que han mantenido a este país exitoso frente al coronavirus (a pesar de los idiotas) y que regresaron a votar el viernes y sábado santos de las elecciones pasadas. Son esos que castigaron al PUSC a principios de siglo por la corrupción y al PLN después por la misma causa, y rompieron el bipartidismo.

Si quieren vencer al PAC necesitarán mucho más que una política arcaica, obstrucionista y retrógrada, necesitarán quizás una actitud más parecida al PAC en su comportamiento político. Pero eso no lo lograrán obstruyendo el tren eléctrico, las luchas contra la usura bancaria y la codicia farmacéutica, los derechos humanos y las libertades de las personas que piensan diferente, así como el avance social y político.

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