Política contra endeudamiento no atiende la causa sino los efectos (Opinión)

Hay un sector financiero que está muy cómodo con que la banca pública se «coma» el pleito creado por él durante mucho tiempo y, de paso, la debilita. ¿Brillante no?

Gustavo Adolfo Araya. El plan del Gobierno, de salvamento para población con sobre endeudamiento, no atiende la causa sino los efectos.

De nuevo la política metiendo mano en la banca pública. Con el plan de salvamento, el Gobierno traslada la morosidad a la banca pública y al Banco Popular, desde otros sectores que se han beneficiado de tasas de usura y que tienen la cartera dañada.

Esta política no atiende la causa, sino los efectos. La gente no se endeuda porque sí o porque quiere, sino porque no le alcanza.

¿Dónde está la tan esperada reactivación económica? Con empleo, salarios crecientes y estabilidad económica se cura a este «mal».

Hay un sector que se beneficiaría de esta política de Gobierno, y si no es su idea les debe estar haciendo mucha gracia. Les limpia los libros contables… Peor aún, nada asegurará que la gente no vuelva a caer en crédito (informal) de tasas de usura y tenga dinero para pagar.

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¿Se necesita educación financiera? Sí, absolutamente. ¿Eso resuelve el problema del sobre endeudamiento? No necesariamente. Necesidades apremiantes pueden llevar al más racional a medidas extremas. Hace 5 años no había educación financiera como hoy y había menos endeudamiento.

¿Es el plan de salvamento uno para afectar la banca Estatal? ¿Será un «desquite» con el sector de menos tasas de interés como el cooperativo? ¿Qué fracción de Gobierno tendría interés en afectar a ambos sectores (público y cooperativo financiero)?

La «ronda» de visitas a medios de comunicación del Presidente, con el mensaje de «crédito de salvamento», expone su capital político (que no es que tenga mucho) y desenfoca la crítica posible que pueda hacerse a los sectores de Gobierno que idearon el plan.

Gobierno y, principalmente, el presidente crean con el plan de salvamento una expectativa que no necesariamente se podría cumplir: quienes tengan créditos en el sector informal o no apliquen para el nuevo crédito verán sus esperanzas truncadas y quienes reincidan se constituirán en detractores finalmente.

Las críticas que vayan a existir sobre el plan de salvamento, si es que entra en operación, se trasladarán a los bancos del Estado, dañando una vez más su reputación, por intromisión del sector político. El Gobierno pasa, los bancos quedan.

Con el perdón de los perdones, pero el plan de salvamento me parece como diría mi papá «un diez con hueco». Podría haber plan político-financiero detrás, que no requiere de modificación alguna vía ley o transformación institucional.

Está más que demostrado que las tasas de usura no están en el sector bancario público o en el cooperativo. Si pasa la regulación quienes sí han tenido tasas de usura pensarán «mejor deshagámonos de la cartera morosa cuanto antes», y de paso se la pasan a la competencia.

El golpe a la banca pública y el «desquite» con el sector financiero cooperativo es una vía que favorece a cierto sector y al parecer tiene el favor de un sector de Gobierno y, «digamos», la ingenuidad de otro.

Hay un sector financiero que está muy cómodo con que la banca pública se «coma» el pleito creado por él durante mucho tiempo y, de paso, la debilita. ¿Brillante no?

Quisiera ver cuáles y cuántos señores y señoras diputadas caen en la trampa del plan de salvamento. Insisto: el mejor plan de salvamento no es dar el pescado del crédito blando, es enseñar a pescar con empleo, salarios decentes y una economía robusta.
¿Y el presidente? Muy bien, gracias. Creyendo que ayuda y que con ello mejora su imagen.

Diría mi abuelita: «la procesión viene por otro lado».

*Gustavo Adolfo Araya es politólogo, especialista en Comunicación Política.

Foto: Fines ilustrativos. Roberto Carlos Sánchez, Casa Presidencial.

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