Pedir renuncias y hacer reclamos por denuncias anónimas y sin pruebas ¿Es en serio? ◘ Opinión

Aprendamos de esta coyuntura, que sin ser muy moralistas ni argüir mucho en la ética, al menos podemos y debemos exigir pruebas y responsabilidad jurídica de quienes así actúan.

Que un hijo de vecino, nieto de doña Jacinta y hermano de don Ramón, ya sea porque está lleno de rencor y frustración, o porque es mal intencionado, o incluso por ignorancia, solicite hacer mal a alguien con base en una denuncia anónima y sin pruebas de ningún tipo, es comprensible.

Más aun, que haya medios reconocidos por difundir y hacer proliferar estas denuncias, por demás decir que son una versión de las fake news o paparruchas, es incluso parte del folclor tercermundista que a veces quiere imponerse y, en respeto de la libertad de expresión aunque irresponsable, pues también lo podemos pasar, pero no respetar.

Pero que diputados de la República y políticos que se suponen serios lo hagan es una vergüenza para el país y para la sociedad.

Cuando a comunicadores y ciudadanos que preferimos los hechos y las pruebas no etiquetan de PAClovers o afines por eso, no hacen más que acrecentar la sensación de que indistintamente de nuestra preferencia política, estamos en lo acertado y refuerzan nuestro criterio por la verdad.

Escribe Carlos Francisco Echeverría, ex ministro de Cultura y por demás señas, liberacionista de vieja data, que debemos comprender esa realidad que se da la estratificación social que, “a su vez, se correlaciona con la estructura socio-económica”.

Ahonda Echeverría en que “eso lógicamente crea resentimiento y frustración, y las redes ofrecen un espacio para expresarlos. En una sociedad tan desigual como la nuestra, las personas que abrigan esos sentimientos son muchas, muchísimas, y con justa razón”. Y estamos de acuerdo.

No obstante, los políticos para ser considerados con seriedad y responsables que buscan el voto y apoyo popular, deberían reconsiderar esa posición populista que más bien, creo yo, les resta apoyo de la mayoría, aunque siempre haya acólitos que quieran escuchar esas voces que se basan en la mentira de algún fulano en redes sociales.

¿Cómo vamos, señores, a considerar que un presidente de la República, por ejemplo, es el líder de una cadena de corrupción con dádivas por enriquecimiento ilícito de contratos, simplemente porque a alguien se le ocurrió decirlo anónimamente y sin prueba alguna? ¿Qué sociedad, qué país, qué comunidad, podemos construir siguiendo estas denuncias como si fueran una realidad?

Ese es el absurdo político en su máxima expresión. Y esa manera de actuar en la política es lo que convierte a un país con esperanza en el desarrollo en uno tercermundista. La crítica es bienvenida, pero razonada, argumentada y comprobada. Estamos hastiados de conspiraciones inventadas por algún resentido social o político, incluso por organizaciones que no tienen ética o valores sociales, que irrespetan hasta las medidas más delicadas en beneficio de la vida de las personas, como ha sucedido en esta época de pandemia.

Aprendamos de esta coyuntura, que sin ser muy moralistas ni argüir mucho en la ética, al menos podemos y debemos exigir pruebas y responsabilidad jurídica de quienes así actúan. ¿En qué vamos a convertir el escenario político si todos se acusan falsamente de cuanto disparate se les ocurre?

A quienes actúan así de mal es preciso condenarlos al olvido, a la vergüenza y dejarlos rezagados por su propio peso. Costa Rica no se merece ese tipo de actores políticos, estamos hartos de esta situación que se reitera todas las semanas.

Les comparto el texto de Carlos Francisco Echeverría, que no tiene sobras, para más profundidad en este tema:

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