Modelos de negocio: La publicidad no es suficiente para los medios

¿Cómo sobreviven los medios? Cada uno tiene diferentes modelos. En algún momento sabremos cuáles son las vías exitosas, pero es peligroso que estos tengan que depender de financiamientos privados…

En el Mundial de Fútbol Rusia 2018 muchos ticos pegaron el grito al cielo cuando se enteraron que no podían ver todos los partidos en televisión abierta.

En esa oportunidad Teletica tuvo que aliarse con Cabletica -que recién había sido vendida y ya no le pertenecía al grupo de los Picado- porque Repretel no participó, para poder financiar los costosos derechos de transmisión. Quienes querían verlos todos tenían que pagar por una App de TD+ o tener los canales de Cabletica.

Más recientemente el desagrado popular ha lanzado flechas venenosas contra Tigo y Multimedios, quienes tienen los derechos de transmisión de 3 equipos de la primera división del fútbol nacional: Herediano, San Carlos y Santos. La UCR pasó recientemente a Repretel.

Para ver esos partidos, la gente debe tener la cablera premium Tigo en su casa y, en algunos casos, por el canal abierto de Multimedios. Pero la transmisión ha sido tan deficiente que la molestia es aún peor. Similar sucede con quienes desean ver la Liga Española, que solamente transmite Skype.

El punto es que parece que los tiempos de la televisión abierta pagada por la publicidad pasaron al olvido. Hoy la inversión en publicidad se ha desplazado a la Internet (Google, Facebook, webs) y los medios de comunicación no logran tener ingresos suficientes con ella.

En España, para el 2018 “la inversión en medios digitales creció un 15,1% desde los 842,3 millones de euros de 2017 a 969,8 millones en 2018″, según el estudio i2p. Además, según el reporte, en redes sociales la inversión publicitaria creció 15,9%. Todo eso en claro detrimento de los medios impresos.

Según ese estudio las predicciones para el 2019 establecen que “los medios tradicionales perderían un 2,9% de inversión, mientras los digitales crecerán un 14%”.

Eso ha sucedido con medios como el periódico La Nación, que ha recurrido a dos cosas principalmente -además de la disminuida publicidad que le queda-: la suscripción paga de los lectores y el sitio de ofertas diarias Yuplón. También usa la publicidad por contenidos referidos: branded content.

La República también intenta la suscripción, así como otros medios digitales que además de eso complementan con alguna publicidad, tal es el caso de Delfino.cr y Elguardian.cr. Este último complementa con un programa de radio y suma a una gran lista de emisoras y programas de radio que también tienen su contraparte digital, como AmeliaRueda.com, Monumental y muchos más.

Repretel, por su parte, ingresa en el mundo del cine con Novacinemas y busca más un mercado popular (telenovelero y de chismes) que le permita seguir teniendo vigencia por alcance. Similar expectativa mantiene el Grupo Extra, donde el amarillismo es la clave para mantener rating y así competir mejor por la publicidad.

Pero hay un grupo de medios cuyo modelo de negocio aparece difuso o parece no tenerlo por el momento. Medios que posiblemente son financiados por otros intereses más allá de los comerciales, tal es el caso de CRHoy, Elmundo, AMPrensa y otros que pululan por ahí.

En esos medios digitales el sensacionalismo político, para redes sociales o desde redes sociales, es el común denominador. ¿Quiénes los financian y con qué propósitos? No sabemos, pero se sabe que hay políticos y empresarios detrás de esas inversiones mediáticas. Para nadie es un secreto que un medio de comunicación es también un medio para la consecución y mantenimiento del poder político y económico.

Podrían decir que se mantienen con la publicidad Google (o de otras plataformas), pero es bien conocido que eso no genera lo suficiente, incluso para medios masivos (que tienen visitas en grandes cantidades).

Por otro lado, al igual que el Semanario Universidad, hay medios como Informa-Tico y Elpaís.cr que son empujados por la Universidad de Costa Rica. También están los medios subsidiados por el Estado, como los del Sinart.

En esta revista digital de cultura, hemos acudido a un modelo de “varias canastas”, es decir a poner los huevos en varios bienes y servicios que ofrecemos a través de sus páginas: turismo cultural, la Editorial, los Educativos (giras, cursos), gestión de prensa y algunos convenios de publicidad y mutuo beneficio. No somos un medio masivo ni sensacionalista, por eso no podemos depender de la publicidad y nuestros servicios son especializados, así que sigue siendo difícil sobrevivir.

Cada medio busca su modelo de negocio, algunos no lo tienen o se basan en la publicidad exigua, porque tienen sus propios subsidios privados -Crhoy- o públicos -Semanario Universidad y Sinart-.

Lo cierto es que la competencia es intensa y normalmente el amarillismo lleva las de ganar en la difusión de los contenidos, frente a medios como Delfino.cr, Elperiodicocr.com o Culturacr.net que ofrecen una oferta más selectiva.

Caso especial merecen los medios regionales y algunos medios que siguen haciendo su apuesta fuerte por capturar publicidad del Estado y de los negocios de la zona, segmentada a sus ubicaciones geográficas.

¿Llegará un momento en que los clientes tengan que pagar cuotas por los contenidos de los medios de comunicación? Es difícil saberlo, sobre todo si consideramos que hay medios aún dispuestos a ofrecerlos sin paga.

Por ejemplo, a La Nación se le hará muy difícil salir adelante con su modelo mientras exista la inversión millonaria en un medio abierto y gratuito como Crhoy, aunque la calidad de contenidos sea ciertamente diferente.

Sumado al costo de los streamings de audiovisuales (Netflix, Amazon Prime Video y viene Disney), los costos por el pago de cableras (y/o Internet), los planes más caros de las cableras que ofrecen más canales y contenidos, los videojuegos que ya son un lucrativo negocio online, los pagos por licencias de software (antivirus, Office y otros de cada profesión), y súmele usted otro tanto de Apps que la gente puede adquirir, como las de música (Spotify, Kölbi, etc.), el asunto de mantenerse conectado se ha puesto bien caro.

¿Cuántos suscriptores habrá logrado La Nación? No lo sabemos, pero a juzgar por la cantidad y variedad, casi apocalíptica, de intentos por alcanzarlos, asumo que no ha tenido mucho éxito. O, quizás, lo contrario: sus campañas de rebajos, descuentos, acoso por todas las vías, registros, prohibición de contenidos, entre otros, ha logrado su propósito. ¿Cómo saberlo? Y no creo que la gente de Prisa quiera revelar esos datos si son negativos, eso nos indica que quizás el asunto no va bien.

En algún momento sabremos cuáles son las vías exitosas para que los medios puedan existir, pero es peligroso que estos tengan que depender de financiamientos privados de empresarios o políticos, o de políticos empresarios, o de empresarios políticos, porque sabemos que detrás hay otros intereses más allá que informar.

Y es cierto: incluso los medios con modelos de negocio de índole comercial tienen sus posiciones e intereses ideológicos y políticos, pero al menos con ellos sabemos que su necesidad de sobrevivir podría imperar antes que su visión política.

Lo ideal no existe, la imparcialidad y objetividad no existen en la comunicación, cada medio se ajusta a sus necesidades, y finalmente ofrecerá lo mejor que puede a sus lectores y esperará de ellos lo mejor.

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