Millones sobre la roca: Gran Caimán es un paraíso en dos vías

La playa más conocida es la Seven Mile, que, como lo dice su nombre, se extiende a lo largo de siete millas sobre una costa de arena blanca y mar verde cristal.

  • Publiqué este artículo en el periódico La Nación, en la entonces “Revista dominical” en el año 2003. Lo rescato en esta oportunidad con algunas actualizaciones.
Es imposible no detenerse a admirar la belleza natural de la isla. Sin embargo, la mayoría de los visitantes llegan en plan de negocios.

Cierre los ojos. Imagine una gran isla rocosa y de escasa vegetación, sin nada más que parajes secos y estériles, sin agua ni ríos, rodeada –eso sí– de hermosas playas coralinas y un mar tranquilo, en cuyas profundidades hay una gran riqueza marina.

Abra los ojos. ¿Podría usted creer que sobre esa formación rocosa se asienta uno de los centros turísticos y financieros más caros del mundo?

Cerca de Florida, pero aún más de Jamaica, Cuba y Honduras, se yergue sobre las transparentes aguas del mar Caribe una gran roca que cumplió más de 500 años de haber sido hallada por los españoles: la isla Gran Caimán.

Mide 197 kilómetros cuadrados, pero si se le suman sus dos “islas hermanas”, Little Cayman y Cayman Brac, el territorio asciende a 259 millas cuadradas, un área mucho menor que la isla del Coco en Costa Rica. Todas juntas forman las reconocidas islas Caimán, protectorado británico desde 1655.

Cualquiera pensaría que la isla es un paraíso natural, con hermosas cataratas y exuberante vegetación. Ciertamente es un paraíso… pero económico y turístico.

Sobre estas rocas de origen volcánico, cuya vegetación es importada (incluyendo las palmeras), tienen su sede 567 bancos con licencia, de los cuales solo unos cuantos ofrecen los servicios básicos. Todos ellos realizan operaciones financieras internacionales con amplia libertad (aquí las restricciones legales son mínimas para la labor financiera).

Esta situación concede a la isla una gran estabilidad económica, a tal grado que el dólar de Caimán tiene un valor fijo superior al dólar estadounidense –este último equivale a 0,83 del dólar de Caimán (CI$)–.

Aquí la gran mayoría de las importaciones provienen de Miami. Incluso, uno de los dos periódicos de la isla, el Cayman Netnews, se imprimía en esa ciudad norteamericana en 2003 y se traía desde allí. Todo esto hace que la vida sea muy cara.

El turismo llega constantemente a la isla, pero se trata de visitantes con gran poder adquisitivo, que desean comprar en las finas joyerías, practicar buceo, o disfrutar de las playas y las discotecas.

La playa más conocida es la Seven Mile, que, como lo dice su nombre, se extiende a lo largo de siete millas. Sobre esa costa de arena blanca y mar verde cristal, se levantan lujosos hoteles y condominios, cuyos precios oscilan entre un millón y más de un millón de dólares “caimaneros”, por supuesto.

Cada día llegan entre tres y cinco cruceros, repletos de turistas. Entre sus destinos predilectos están los centros comerciales de la ciudad que, por cierto es sumamente ordenada y segura.

Teléfono y agua

Los servicios públicos presentan otras curiosidades. Por ejemplo, la telefonía es un monopolio privado en manos de la empresa británica Cable and Wireless (para el 2003), y las tarifas, tanto nacionales como internacionales, son muy altas. Basta con un ejemplo: con una tarjeta telefónica Pay as you go de CI$ 15 (unos ¢7.200) usted hablaba aproximadamente 6 minutos de Caimán a San José, mientras que a la inversa, mediante el sistema del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), por ese mismo monto usted puede hablar a las islas Caimán unos 36 minutos, o sea, 30 minutos más.

El agua también es un bien muy cara. En una casa de cuatro o cinco miembros, el recibo mensual por este concepto puede tener un cargo promedio de CI$ 150 (unos ¢60.000). Esto se debe a que, en esta piedra emergida del mar, el agua es difícil de procesar pues proviene del océano y debe ser tratada con equipos de avanzada tecnología.

En las islas Caimán convive una mezcla multiétnica de diversos orígenes. No hay un denominador común en el fenotipo del ciudadano caimanero. Ojos negros y también claros, blancos británicos, blancos con raíces latinas, morenos de origen británico y otros muchos. Junto a ellos, vive una nutrida colonia de jamaiquinos (antes de 1963, las islas pertenecieron a Jamaica) y otra de latinos, entre los que destacan hondureños, dominicanos, costarricenses y cubanos.

Pero, sin importar el origen étnico del ciudadano de Caimán, las leyes lo protegen mucho. Cada vez que una empresa desea contratar personal, las regulaciones de la isla la obligan a publicar, por tres días consecutivos, un anuncio que indique los requisitos del trabajo. Si ningún nacional se muestra interesado o no hay nadie que cumpla con esos requisitos, entonces la compañía podrá formalizar la contratación de un extranjero y solicitar el respectivo permiso de trabajo al Departamento de Migración. Por eso, los indocumentados son mínimos.

Los costarricenses no requieren visa de ingreso a la isla, pero difícilmente les autorizarán una estadía superior a un mes. La solicitud de prórroga por 15 días más, le costará CI$ 100 y no es seguro que se la concedan.

Sin embargo, pese a tantas trabas, son notables los ticos que viven y trabajan en Gran Caimán, algunos con más de 15 años de radicar allí y sin planes de marcharse. El grueso de ellos no son profesionales y laboran en compañías de jardinería, fotografía y serigrafía, entre otras. Algunos poseen empresas propias, pero esto implica obtener un permiso de funcionamiento comercial que solo pueden conseguir si antes adquirieron la nacionalidad de Caimán o se casaron con un originario de la isla.

Los artículos de opinión son responsabilidad total de su firmante, no de este medio de comunicación.

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