Me duele la desigualdad ◘ Voz propia

Valioso artículo de opinión sobre la desigualdad en Costa Rica en nuestra sección “Voz propia”, espacio para el comentario, el análisis y la investigación que aporta.

Por Habib Succar G.

OPINIÓN. Tengo muchos amigos y amigas mayores que se criaron yendo a la escuela pública, donde compartían por igual en un aula junto con niños y niñas de familias muy pudientes o familias de políticos connotados y no había diferencias odiosas ni divisiones por clase social o poder económico. Así era luego en el colegio público, y en la universidad, sucedía básicamente lo mismo.

Existían desde siempre las clases sociales, pero no existía el clasismo. Existía la educación privada, pero no el desprecio ni la estigmatización de la educación pública. No existían las universidades privadas y los títulos universitarios eran una garantía de calidad profesional y de un casi seguro ascenso social. La educación pública era el principal medio de movilidad social, sin duda, pero no el único; también el esfuerzo individual, el emprendedurismo, el espíritu de superación, la creatividad empresarial, podían catapultar a una persona de origen socioeconómico bajo hacia posiciones de privilegio o simplemente holgadas a nivel económico.

Cuarenta o cincuenta años después de esa Costa Rica casi idílica  ̶ la que grabó en mi infancia el recuerdo de poder dormir en Orotina con la puerta y ventanas abiertas, sin temor a la delincuencia ̶ , donde ser pobre no era un estigma, sino una condición por superar con esfuerzo y con mucha esperanza en los mecanismos de movilidad social, la pobreza se ha convertido en un lastre estructural de nuestra sociedad y nos está llevando, progresivamente, a desafíos que aparentemente, la clase política, no puede enfrentar y no tiene idea de cómo resolver.

Los años 70 fueron la eclosión del Estado de Bienestar Social y de los excesos del “Estado empresario”, donde unos cuantos vivazos se enriquecieron a la luz del día a la sombra del Estado, mediante contactos con el poder o el simple ejercicio del poder para enriquecerse. El ladrón era un vivazo, no un delincuente de cuello blanco. El dinero fácil y el “sálvese quien pueda” del naciente neoliberalismo, sustituyó el idealismo socialdemócrata o socialcristiano de una forma silenciosa y casi imperceptible.

Bajo el impulso de las reformas sociales y económicas de Calderón Guardia y de Figueres Ferrer, el desarrollo humano en Costa Rica llegó a índices muy alentadores y, entre 1961 y 1971, las inversiones en educación, salud e infraestructura económica, incluida la extensión agrícola, recibieron alta prioridad. [1]  La pobreza descendió dramáticamente al 10% de la población. Un logro absolutamente impresionante. Fue la década dorada de la socialdemo ̶ cracia y el socialcristianismo que, hasta cierto punto, sometían al capital a los postulados de un mercado regulado e intervenido ostensiblemente por el Estado, con mecanismos de redistribución de la riqueza y vastos programas de asistencia social.

Pero en la década de los 80, luego de la violenta crisis experimentada durante la Administración Carazo Odio debido a la caída de los precios del café y el alza exorbitante del petróleo, el porcentaje de pobres en Costa Rica se ubicó en un promedio del 20% de la población y de ahí no volvió a bajar durante los siguientes 40 años. Hoy, ese dato es parte de la estructura económico ̶ social de Costa Rica y es un caudal electoral con el que los partidos han venido jugando al clientelismo desde entonces.

SONDEO:

Si usted votara en Estados Unidos, ¿por quién hubiera votado?

Sin duda en los años 80 del siglo XX, con la sucesiva aprobación de los Programas de Ajuste Estructural (PAE I, PAE II y PAE III: Monge, Arias y Figueres, todos del PLN), se dio un viraje drástico en el modelo de desarrollo impulsado por la clase política, abandonando progresivamente el Estado Benefactor, siguiendo las políticas del “Consenso de Washington” (los “Reaganomics”). De alguna manera se nos impuso desde afuera, con complacencia entusiasta de nuestros políticos locales, un nuevo modelo aperturista, orientado a las exportaciones, enemigo de la participación del Estado en actividades económicas estratégicas, privatizador de las actividades y negocios más rentables y propulsor de un aparato del Estado reducido a su mínima expresión y con una fe ciega y dogmática en las fuerzas del mercado, que garantizarían niveles óptimos de producción, pero no de distribución de la riqueza, propugnando como un mantra la falacia del derrame, pues “una vez que la olla se llene se derramará hacia abajo”. Hoy sabemos que cuando la olla se llena la burguesía se busca otra más grande y del derrame de riqueza solo llegan migajas a la clase media y pobre.

Fue así como Costa Rica pasó de ser un modelo de desarrollo económico y social exitoso, con justicia redistributiva, de ser una vitrina para exhibir ante el mundo las bondades del capitalismo, a una nación crecientemente desigual, donde los programas sociales solo logran mantener el 20% promedio de pobres en Costa Rica, que desde hace muchos años suman alrededor de un millón de costarricenses que deberían avergonzar a la clase política, que ha sido incapaz de resolver este problema estructural de la economía costarricense.

La apertura de la economía a la banca privada a mediados de los 90 con el presidente Figueres[2], ha sido un paso decisivo en el empoderamiento de un grupo financiero casi parasitario en la economía nacional que, además, ha sido el aliado natural de los inversionistas extranjeros y empresarios de orientación exportadora, que solamente buscan la ganancia, el rédito en su máxima expresión, muchas veces sin consideración alguna del necesario desarrollo social o la redistribución de la riqueza, que debería acompañar al crecimiento económico.

Porque esa es la gran contradicción de nuestro modelo de desarrollo económico: nuestra economía ha crecido sostenidamente durante los últimos 30 años, pero la brecha social, la oprobiosa distancia entre ricos y pobres, no ha dejado de crecer también. La desigualdad es la otra cara de la moneda del crecimiento económico del modelo neoliberal y su existencia es una ofensa para los espíritus sensibles y los buenos costarricenses que soñamos con una Costa Rica diferente, más justa, más próspera para nuestro pueblo y llena de oportunidades de superación para ese 20% de pobres que ofenden nuestro sentido de la justicia social.

Sino fuera por la universalización del sistema de salud y seguridad social, sino fuera por la extensión de la educación formal pública en todo el país (aunque su calidad cayó en picada y está cada vez más en deuda con la cuantiosísima inversión pública de un 7% del PIB), nuestro índice de desigualdad, la brecha entre ricos y pobres, llegaría a niveles insultantes y de ranking mundial.

Esa es la Costa Rica que nos duele. Un millón de personas que no ve futuro. Una informalidad que alcanza un escandaloso 45% de la población económicamente activa (PEA). Un desempleo que alcanzaba, previo a la pandemia, 250 000 personas que difícilmente encontrarían trabajo, porque no habían siquiera concluido la educación secundaria ni hablaban inglés. Mientras, el Estado invierte cientos de miles de millones en asistencialismo, pero el 20% de pobreza permanecía inamovible. Ahora, se agrava esa pobreza con unos índices de desigualdad, que muestran a una clase alta que vive en una grosera opulencia y esconde sus fortunas en bancas “off shore” y se niega a ser parte de la solución de tan grave problemática social. Son intocables. Las declaraciones del exministro Rodrigo Chaves así lo confirman[3].

La sangría de las pensiones de lujo, son apenas una arista que nos muestra un sistema de injusticia y privilegios, diseñados de forma macabra desde la clase política durante los últimos 40 años. La estructura tributaria es regresiva, según nos dicen una y otra vez los expertos. Las medidas para perseguir y castigar la evasión, la elusión y el inmenso lavado de dinero sucio, son rechazadas una y otra vez en la Asamblea Legislativa. Todos los sectores de la economía defienden sus privilegios y exenciones a toda costa y no están dispuestos a ceder ni un ápice; cada quien defiende su feudo y muestra un increíble egoísmo, frente a la enorme necesidad que tenemos de alcanzar un nuevo pacto social que se proponga, sobre todo, sacar de la pobreza a ese 20% de costarricenses que no saben por qué es bueno el sistema democrático y por qué defenderlo. Ese es el caldo de cultivo para el populismo y las dictaduras.

Con la ruptura del bipartidismo en 2014, se abrió una oportunidad histórica de cambiar las viejas formas del juego político, pero que desperdiciamos para seguir haciendo más de lo mismo. Hoy se impone una reingeniería del pacto social costarricense: ocupamos hacer mucho más con lo que tenemos a todos los niveles. Más democracia participativa, con las reformas necesarias en la elección de diputados(as) y magistrados(as); más justicia tributaria, donde los muy afortunados compartan los enormes beneficios que logran del sistema; más patriotismo de parte del indispensable sector público, con un mismo piso parejo para todos los funcionarios(as) y la eliminación de odiosos privilegios; más solidaridad por parte del empresariado que en un alto porcentaje, no paga ni los salarios mínimos en la fábrica y en el campo y no reportan salarios reales a la seguridad social; más transparencia y mística de la clase política en vez de sus pleitos de campanario por poder y prestigio y poco sacrificio por la patria.

Y sobre todo, debemos inventar una fórmula expedita para que cualquier denuncia de corrupción en los servicios públicos y en los cargos políticos, pueda ser resuelta en cuestión de pocas semanas con eficiencia y eficacia.

Estamos sentados sobre una bomba de tiempo cuya mecha se está acabando. Lo último que necesitamos es un acuerdo con el F.M.I. y más deuda pública que nos está ahogando. Necesitamos hacer un enorme sacrificio por la patria, y que haya un liderazgo capaz de hacernos entender que, por el bien de nuestro presente y nuestro futuro, debemos anteponer nuestros intereses egoístas y poner cada quien su balde o su carretillo de arena, según su capacidad, para salvar esta hermosa democracia que a la gran mayoría nos ha dado bienestar, libertad y sueños, mientras que le ha dado a una quinta parte del país, medos para sobrevivir de la caridad pública, en la más abyecta condición humana, a vista y paciencia de los demás privilegiados que dormimos tranquilos noche a noche, mientras un millón de costarricenses se acuesta con hambre y no tiene ninguna razón para sentirse orgullosos de pertenecer a un país, que todos los días les da la espalda y los mantiene sumidos en una obscena ignominia.

Creo que tenemos una última oportunidad. Sino la aprovechamos vamos a lamentar que muy pronto suframos “la tragedia griega” que vimos en Europa y, cuando suceda, será muy tarde para las lágrimas y los reproches: todos seremos culpables del desastre, pero los más afortunados, llevarán una doble carga de la culpa por su egoísmo y su miopía en el ejercicio del poder.

Una última observación. La propuesta del Ing. Rolando Araya de que el Estado explote la minería de oro en Crucitas para beneficio del país, es absolutamente sensata y viable. Y eso está muy bien. Pero mal haremos con extraer todo ese oro y equilibrar las finanzas públicas, si todo va a seguir igual y solamente le echamos más gasolina a la misma maquinaria social, herrumbrada y podrida por una estructura política que en diez años, nos tendrá igual o peor.


[1] Víctor Hugo Céspedes y Ronulfo Jiménez. Evolución de la pobreza en Costa Rica, 1984. En: Álvaro Madrigal. La República, 1/8/2013.

[2] No olvidemos también la apertura del ICE a la generación privada de electricidad, que ha sido un negocio tigre para el Estado y leonino para los empresarios.

[3] El exministro Chaves dijo, entre otras bellezas, que la burguesía en Costa Rica elude al fisco, anualmente, algo así como US$3 700 millones, una suma gigantesca que si se cobrara, se podría usar para eliminar las causas de la pobreza y la desigualdad en Costa Rica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *