Mantener la perspectiva: la crisis saca lo peor y lo mejor de los humanos ◘ Opinión

“La crisis saca lo mejor y lo peor de las personas”. ¿Cuánto de esto encontramos hoy en las personas en medio de la pandemia? En este artículo, Javier Segura ofrece una perspectiva para mantener la perspectiva…

Javier Segura

OPINIÓN. Por Javier Segura M. Desde el inicio de la crisis COVID, mi hermano me ha repetido una y otra vez: “La crisis saca lo mejor y lo peor de las personas”. Y en parte tiene razón, pero tampoco podemos estar juzgando a las personas por sus comportamientos en tiempos de crisis.

Es obvio que ante una amenaza, real o percibida, los patrones de comportamiento se vuelven básicos o instintivos. Esa es la razón por la cual los países que tienen militares los obligan a entrenar miles de veces la misma acción, para que en situaciones de estrés reaccionen de acuerdo a su entrenamiento que, a fuerza de repeticiones, se convirtió ya en su instinto.

Así, en la actualidad COVID, muchas personas han mostrado patrones de comportamiento que en otros momentos no son aceptables, o patrones de comportamiento que están fuera de lugar. Y uno de los patrones de comportamiento que está más fuera de lugar es el de “prefiero malo conocido que bueno por conocer”.

El entendible temor, la muy respetable preocupación, y la tristeza de la desesperanza hacen que muchas personas se aferren a lo viejo emocional y profesionalmente. Esto es real, y es entendible, y acá no estoy para criticar a quienes se comportan así, sino a tratar de traer un poco de calma a quienes tengan la amabilidad de leerme.

Y sí, de la premisa del párrafo anterior podríamos escribir acerca de un montón de temas de interés actual; desde el futuro de la educación, hasta el enfoque empresarial, pasando por las formas de elección de nuestros representantes políticos. Pero hoy quiero centrarme en el tema económico, en general.

Ciertamente antes del COVID teníamos una situación complicada de la economía, los ciudadanos estábamos aprendiendo a lidiar con un IVA, tuvimos una inusualmente larga y desgastante huelga de docentes, y nuestros líderes políticos apenas estaban aprendiendo a lidiar con un gobierno en el que estuvieran presentes, y activos, miembros de al menos cuatro partidos políticos de alcance nacional (eso que llamaban Gobierno de Coalición). Ahora, también veníamos de un período de 11 meses de crecimiento económico ininterrumpido, lo cual nos dice que el camino que tomamos como nación era el correcto. Y bueno, luego vino don COVID y todo se volvió patas arriba.

El COVID como virus es bastante inusual, dicen los expertos en el campo. Pero también es un fenómeno social absolutamente inédito: El planeta entró en crisis prácticamente en forma simultánea, y eso nunca lo habíamos visto. Las economías más grandes se detuvieron de golpe, el tránsito de las personas se detuvo, la movilización local también, y en términos generales el planeta entró en Stand By. Hay países que perdieron su vocación democrática en un segundo, otros se convirtieron en acusadores compulsivos, otros entraron en negación y otros han hecho lo mejor que pueden, sin olvidar el enfoque global, tratando siempre de ser de ayuda para las demás naciones.

En estos días hemos visto como una apreciable porción de la comunidad política ha entrado en el estado de “Mejor viejo conocido”. Y con la mejor de las intenciones han sacado a relucir el argumento de que, en momentos de crisis como estos, es mejor poner el país en manos de sus mejores mentes. Lo cual suena muy bien y muy sensato. Lo que pasa es que esas “mejores mentes” son un espejismo.

Las “mejores mentes” de las que nos hablan, son los dirigentes políticos y operadores económicos que en los últimos 30 años han estado en las esferas de poder, los que por 30 años le patearon el tarro descaradamente a una reforma fiscal, los que por 30 años fueron incapaces de tomar las decisiones valientes de reorientar nuestra sociedad, los que por 30 años consideraron innecesaria nueva infraestructura, los que por 30 años dejaron que el sector empresarial entrara y se adueñara de muchas decisiones de gobierno, bajo la absurda premisa de que las empresas sabían qué era lo mejor para el pueblo. Y Si, son las mismas mentes que durante 30 años de relativa estabilidad económica no lograron disminuirle ni un piche 1% a la pobreza.

Su color político era irrelevante, es más, algunos de ellos orgullosamente blanden la bandera de la neutralidad política; lo que es relevante es que “las mejores mentes” son personas cuya vida profesional y política estuvo dedicada a mantener el status quo.

Y ahí es donde el efecto túnel de una crisis los llevó a creer que lo viejo y malo, aunque conocido, es mejor que cualquier otra cosa.
Yo entiendo. Joder, es espantoso levantarse cada mañana por cinco meses y lo primero que sientes es la incertidumbre acerca de tu futuro, del futuro de tu organización (empresa, gremio, etc) y del país. Lo primero que se te viene a la mente, mientras te lavas los dientes es: “Deberíamos sacar a estos carajillos del gobierno, traer a fulano de tal, ese sí sabía cómo manejar la economía”. Y no solo esa frase, muchas otras ideas que pasan por nuestras cabezas en estos días no son más que ocurrencias; y lo mejor que podemos hacer es acostumbrarnos a reconocer lo que es una ocurrencia y lo que realmente es una idea, si no lo logramos, nos volveremos locos.

Dicho lo anterior, tal vez el factor más importante de esta crisis económica no lo hemos visto: Su Globalidad. Y no lo vemos porque Costa Rica es muy chiquito, y todos somos muy pueblerinos, y nos cuesta mirar hacia afuera. Y si no me creen miren los noticieros, que le dedican más tiempo a la cirugía de labios de una presentadora farandulera, que a muchos temas internacionales que tienen repercusión en nuestros días.

El hecho de que la crisis sea global cambia todas las reglas del juego.

Por ejemplo, los organismos multilaterales más importantes han pasado años tratando de poner disciplina monetaria y fiscal a las economías, enseñándonos que el endeudamiento es malo y que instrumentos como las emisiones inorgánicas son pecados capitales. Y tienen razón, porque su principal función es prevenir la aparición de una crisis económica y monetaria a nivel mundial. Pero nos olvidamos que sus funciones iniciales eran sacar al mundo de la crisis que dejó la segunda gran guerra. Así, en estos momentos donde la crisis ya es un hecho, los organismos internacionales saben que su función es extenderles la mano a los países, porque todos están en crisis.

Todos los países se han endeudado, la mayoría por niveles superiores a los considerados sanos, muchos están considerando la emisión inorgánica y otros simplemente lo han hecho. Estamos en crisis y a nadie le importa que la Unión Europea se endeude más, lo que importa es que se endeuda para poner a circular en sus economías 1.074 Billones, de los cuales 750 mil millones son de deuda; deuda que hace un año se hubiera considerado absolutamente fuera de lugar e inaceptable, pero que hoy en día es vital para la economía europea y sus ciudadanos. Todos nos hemos endeudado y estamos en camino a endeudarnos más y más, porque los organismos internacionales nos tienden la mano en estos momentos de necesidad, porque todos necesitamos poner circulante en las economías y porque la gente necesita de asistencia, directa o indirecta.

Ya es hora de sacudirnos 30 años de pensamiento económico que nos hizo olvidar que el objetivo de la economía como un todo no es hacer ricos a unos cuantos sino generar bienestar para todos.
Ya vendrán momentos de renegociar deuda, pero pensar en esos momentos ahora, y negarnos a endeudarnos es absurdo.

Es apegarnos al pasado. Es usar reglas del pasado para enfrentar algo nunca visto. Es, simple y tristemente cerrar los ojos.

Hace varios meses una calificadora de riesgo amenazó a varios países, entre ellos Costa Rica, de bajarnos la calificación si nos volvíamos a endeudar. La respuesta más directa la dio un oficial del Banco Mundial: “¿Y qué van a hacer, bajarle la calificación de riesgo al mundo? ¿Cuándo se darán cuenta que estamos en una crisis global? ¿Para qué sirve tener una buena calificación de riesgo si nuestros pueblos se mueren por el virus y nuestros trabajadores están en el paro?”

Y todo se resume a eso, estamos ante una situación inédita, global; todos estamos en el mismo problema. Todos necesitamos reactivar las economías, y para ello necesitamos poner dinero a circular, dinero que nadie tiene. El sobreendeudamiento global es la única salida; en un futuro, cuando las economías se reacomoden vendrán mesas globales de renegociación de deuda, vendrán medidas de reestructuración, con sus consabidos recortes fiscales y disminuciones de impuestos (si es que en ese momento son aplicables), pero eso vendrá en un futuro. Hoy tenemos una crisis entre manos y hay que lidiar con ella.

Pongamos un poco de perspectiva a nuestro enfoque, y olvidémonos de lo viejo, que ya nada de eso sirve. No dejemos que la desesperanza nos impida tomar las decisiones que, como planeta, debemos tomar.

Ah, y para aquellos que están obsesionados con la “reactivación de la economía” les tengo palabras también, pero se quedarán para otro día, porque, como dijo mi amigo Paul: “Esos son enanos de otro cuento”.

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