Los ticos ya tuvimos la liberación sexual pero aún la ocultamos

Jacobo Schifter S. OPINIÓN. Me ha preguntado un buen amigo si estamos en Costa Rica listos para quitarnos la mojigatería sexual que nos han impuesto los religiosos. Mi respuesta: Ya no las quitamos pero simplemente no queremos que se sepa.

Michel Foucault en su obra “Historia de la Sexualidad” cuestiona la tesis de la represión sexual.

Según esta, se nos prohibía públicamente hablar del sexo, pero en la vida privada, los europeos en el siglo 19 y los ticos en el 20, éramos un montón de hipócritas. Decíamos una cosa, por un lado y hacíamos otra, por el otro. Lo único que pensábamos era en la lujuria; había prostíbulos, pornografía, abuso sexual, violación, incesto y toda clase de patologías. Entre más prohibición, más prácticas ilícitas.

Obra del autor de este artículo de opinión, Jacobo Schifter S. Más información del libro en este enlace.

La gente, por la prohibición, estaba enferma. Y gracias al movimiento de liberación que empezó con papá Freud, hemos empezado a ser más honestos, más libres, más capaces de disfrutar la sexualidad y en algún momento, llegaremos a ser más felices.

En nuestro país, en que todo llega atrasado, tuvimos nuestra gran represión hasta los años de 1960. A partir de ahí y quizás con más fuerza en los últimos diez años, estamos en tiempos de la liberación. En algún momento histórico, el periódico La Nación, las televisoras, los programas de amas de casa, los políticos y las universidades empezaron, finalmente, a hablar del tema, en vez de censurarlo, y no han parado de hacerlo.

Gracias a ellos, ahora, somos progresistas; incluimos guías sexuales en los colegios y en Giros, un programa para amas de casa, los conductores nos hablan de sus fantasías sexuales. (Claro que cuando las “confesaron”, los cuatro no podían dejar de reír como chiquillos y compartirnos fantasías tan ridículas, como lo era tener sexo en una playa desierta, que quizás eran las de nuestras abuelas que iban al Puerto en los años 40, pero no las que ellos verdaderamente tienen).

¿Qué hay de erróneo en la tesis de la represión sexual, según Foucault?

Pues que no hay tal revolución sexual, ni liberación de nada. Lo que experimentamos hoy día es más bien una colonización por los “expertos”. Nos piden que hablemos, que revelemos nuestras fantasías, que hagamos cosas nuevas y se las compartamos, con el solo fin de estudiarnos y controlarnos más. Hemos dado nacimiento a la ciencia sexual, que es la que regulará lo que es normal y lo que no. Y lo normal será siempre lo que nos haga disciplinados, ser productivos y pagar a tiempo nuestras tarjetas de crédito.

Entonces, lo que hablamos los ticos es lo que La Nación y canal 6 o 7 quieren que digamos.

Ante el embate de la ciencia sexual y del sexo seguro (o sea, sexo sin riesgos, sexo sin que uno deje de trabajar y pagar la televisión a Gollo), los ticos hemos ido reaccionando. Sospechamos que la liberación sexual tica es una trampa y que algo está mal.

Entonces, en la medida en que surge nuestra supuesta revolución sexual, se incrementa el poder de la religión y del fundamentalismo.

Los ticos, así, no es que seamos mojigatos y aún nos cueste aceptar el sexo: somos mucho más vivos. Utilizamos a la religión para detener la manipulación de la ciencia sexual. O sea, ya no creemos en lo que la Biblia nos dice sobre el sexo, pero nos hacemos como que sí, para no revelar la verdad.

¿Y cuál es la verdad? Pues que ya tuvimos la liberación sexual y seguimos igual de perdidos.

Sobre el autor: Jacobo Schifter S., autor de gran cantidad de libros de ensayo sobre diversos temas, incluyendo investigación sobre la sexualidad humana. Recientemente publicó su obra “Historia de la sexualidad” con la Editorial Euned.

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