Los cubanos hacen oídos sordos a las medidas de prevención de COVID-19

Aun cuando está presente la Policía para intentar establecer el orden, en la mayoría de estas largas colas no se respetan las medidas impuestas para evitar contagios.

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Largas filas y aglomeraciones de personas en la entrada de mercados, individuos deambulando innecesariamente por las calles o en fiestas, son situaciones que se repiten en Cuba y que contrastan con las medidas de precaución establecidas por las autoridades ante el incremento de casos de COVID-19.

“Hay que vacunarse con lo único que tenemos hasta ahora: la disciplina, la cooperación y la solidaridad. Esa es la vacuna de este tiempo”, expresó el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en su cuenta de Twitter.

​El tema de las indisciplinas sociales estuvo sobre la mesa en la reunión gubernamental de análisis de la implementación del plan de enfrentamiento al COVID-19 efectuada el pasado 7 de abril, donde se conoció que un grupo de 12 personas confirmadas como positivos al nuevo coronavirus SARS-CoV-2, habían estado juntos en una fiesta en el municipio de Florencia, en la central provincia de Ciego de Ávila.

“Tienen que estar conscientes que fueron unos irresponsables por haber estado haciendo una fiesta cuando se había prohibido eso y se había alertado la situación”, subrayó el mandatario de la isla.

Sin embargo, estos no parecen haber sido los únicos casos, a juzgar por las constantes denuncias que los ciudadanos realizan en las redes sociales revelando, en ocasiones incluso con fotografías, que muchos ignoran los llamados del Gobierno a mantener las medidas de autoaislamiento, para evitar la propagación del patógeno, que hasta la fecha ha infectado a 457 personas en la isla.

De colas, necesitados y revendedores

Uno de los temas que por estos días más alarma genera en la población cubana son las colas de personas que se aglomeran ante los mercados para adquirir productos de primera necesidad.

La compra de arroz, aceites, pollo y otros alimentos, junto a artículos de aseo, se ha convertido en un verdadero calvario, principalmente por la falta de suministros, y en opinión de muchos, por la centralización (la mayoría de estos productos se venden en divisas), lo que genera la concentración de impresionantes cantidades de personas en las tiendas donde se expenden.

Uno de los reclamos más reiterados que la ciudadanía hace a las autoridades es la desconcentración de estos productos a nivel de las bodegas comunitarias (en los barrios), aun cuando se les mantenga su alto y diferenciado precio de compra, acción que sin dudas evitaría en buena medida las grandes aglomeraciones.

Aglomeraciones de personas en la entrada de tiendas y mercados

A su vez, esto se complica con la aparición de revendedores callejeros, que están presentes en estas multitudinarias filas, incluso con acompañantes, para comprar, acaparar y revender esos productos.

Aun cuando está presente la Policía para intentar establecer el orden, en la mayoría de estas largas colas no se respetan las medidas impuestas para evitar contagios, entre ellas el uso adecuado de las mascarillas y la distancia entre personas.

Inconciencias callejeras

A todo esto, se une la presencia de niños, jóvenes y adultos deambulando por las calles, a pesar de los constantes llamados a mantenerse en las casas.

Una chica en mascarilla en Cuba
© REUTERS / STRINGER / Cuba pasa a la etapa de trasmisión autóctona limitada del nuevo coronavirus

El pasado 24 de marzo el Gobierno ordenó el cierre de las escuelas, y días después tuvo que dictar una medida que prohibía la presencia de niños en las colas de los mercados, aun acompañados de sus padres, en un intento de que se mantengan a buen recaudo en sus domicilios.

A pesar de las advertencias, todavía se puede encontrar a infantes jugando en las calles de La Habana.

Igual sucede con adolescentes que deambulan por la ciudad, con sus audífonos y teléfonos celulares, algunos consumiendo bebidas alcohólicas en plena vía pública, e incluso como bañistas en las playas, en clara violación a las alertas sanitarias.

Aglomeraciones de personas en la entrada de tiendas y mercados

Muchas voces en el pueblo claman porque se aplique la ley con todo rigor, con sanciones que van desde multas hasta cárcel, por poner en peligro la salud de la comunidad.

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