Los 7 hábitos culturales del costarricense que a todos encantan ◘ Archivo CCR

Esta es la contraparte de otro artículo sobre los 6 hábitos culturales del tico que todos desprecian. Es parte del archivo de CulturaCR y lo rescatamos con motivo del Bicentenario de la Patria.

Ser costarricense es “pura vida”, dicen algunos, otros dicen que somos amables, simpáticos, conversones y solidarios en casos de crisis. Incluso estuvimos alguna vez en el ránking del país más feliz del mundo.

Preguntamos a los visitantes de Culturacr.net cuáles son los hábitos del costarricense que gustan a tirios y troyanos, a nacionales y extranjeros, y tenemos que aceptar que nos costó mucho encontrar respuestas “alegres” a esta pregunta.

Antes publicamos un artículo titulado “Los 6 hábitos culturales del costarricense que todos desprecian”, que dio vueltas por la web y fue leído por decenas de miles de personas, con reacciones virales y decenas de comentarios en redes y en la misma publicación. Muchos nos reclamaron del porqué no hablábamos de lo bueno también, aún sin leer que ya lo habíamos prometido en el mismo texto del artículo.

Hurgamos en estudios, en comentarios en redes y en conversatorios, pero el común denominador fue uno: es difícil identificar los hábitos o actitudes que “hacen” al tico, sin al menos un pero posterior. Pero sin duda la búsqueda fue muy satisfactoria.

Este es el resultado del trabajo realizado:

  1. El tico tiene un profundo respeto por y ama la vida. Dirán algunos que el “pura vida” es un cliché para manifestar conformismo, pero también están quienes defienden que el “pura vida” se incrustó en el coloquio cotidiano del costarricense porque manifiesta su sentir, su alegría por la vida y su cultural respeto hacia ella. Y aunque la historia oficial ignore la resistencia indígena que hubo en Costa Rica durante la Conquista y Colonia, lo cierto es que el criollo hizo una República con un miedo permanente a perder la vida, quizás por eso más adelante –a la par de la gran influencia cristiana en el ser costarricense-, el tico apreció mucho la vida y prefirió, contadas excepciones, respetarla, evitar la guerra y mantenerse en paz, en ese “quietismo” que refiere Yolanda Oreamuno. “La relativa ausencia de tendencias colectivas que inciten a irrespetar la vida humana (como sucede en otras partes con doctrinas políticas y religiosas)”, es una evidencia de ello, como apunta Carlos Alfaro Fournier, un lector de Culturacr.net en el anterior artículo. El amor hacia la vida se refleja también en su vocación pacifista y ecológica, con las que se identifica en la mayoría de casos.
  2. Es esencialmente pacífico y protector del ambiente. A pesar de que muchos dirían que en lugar de pacífico, el tico es pendejo o cobarde, o conformista, la verdad para muchos es que el nacional de Costa Rica prefiere vivir en paz antes que en conflicto porque sabe y comprende –que no es lo mismo- que la guerra y la violencia son engendros del mal, son absurdos de principio a fin, indistintamente del propósito o fin que se persiga. Pocos actos discretamente violentos tiñen la historia de la Costa Rica republicana: algunos ejemplos son la Guerra del Coto –perdida fugazmente-, la Gesta de 1856 (la segunda más significativa y de peores consecuencias), las guerras de y contra la dictaduras de los Tinoco y la Guerra Civil del 48. La violencia y dolor posterior a la lucha del 48 permitió que el costarricense viera en la guerra una suerte de destrucción a la que aprendió a temer y eliminar de su ideario colectivo, con la abolición del ejército, hasta la fecha. Asimismo, la paz lograda en el proceso de Esquipulas consolidó la creencia en el tico, a la par del ensanchamiento de su fama mundial. El costarricense conceptualizó y comprendió entonces que su camino era la paz y con ella ganaba más, en algún momento el tico ciertamente ya era tranquilo, pacífico y anti-guerra por convicción. Su amor por la vida, así como su convicción de paz, también lo llevó a creer esencialmente en su paz con el ambiente, en su necesidad de protegerlo para el futuro y porque “es bueno”; pero además últimamente ha aprendido que también pueden vivir bien si administra sosteniblemente el medio, con el turismo ecológico y el reconocimiento internacional por ello. Por eso la paz no solo es un estado de no-guerra, sino un estado de pro-vida y en este concepto base se reúnen estas 4 actitudes positivas del costarricense promedio, la que también tienen sustento en la raíz indígena de un territorio que fue puente e intercambio de culturas, donde siempre la diplomacia fue mejor en el contacto con otras comunidades y culturas.
  3. Es amable, cortés y simpático. Aunque parecieran características propias de cualquier ser humano de cualquier país, en general estas son actitudes que el costarricense tiene inyectadas en las venas y que el extranjero reconoce con facilidad e, incluso, con sorpresa. En algunos casos hasta el empacho, porque el tico es en algunos casos tan empático que choca con la austeridad personal y el comportamiento pragmático de mucho anglosajón y europeo en general. Su cortesía se vislumbra bien en su cotidiana disponibilidad hacia el servicio, y aunque esta es una característica más del costarricense del pasado y de las zonas rurales, aún prevalece un poco de cortesía, como en el caso de “ceder campos en el autobús a mujeres, ancianos y discapacitados”, sobre todo esta norma muy común en un pasado reciente. En la actualidad, lamentablemente se ha tenido que regular esto para que siga sucediendo y algunos jóvenes y extranjeros no son asiduos a respetarlo. La simpatía es natural, espontánea y sin rodeos, de lo contrario ya no sería una simpatía con marca costarricense; se trata de sonreír siempre con ligereza y humildad, sin teatralizaciones ni rebuscamientos. El tico es afable y humilde como se percibe de sus antecesores indígenas, de quien adoptó gastronomía, estilos de vida, genes y mucho de los que ahora es, cuando ya los tuvo sometidos, aún cuando en la Conquista y en la Colonia, el enfrentamiento fue inevitable y visceral, como narran las luchas de Garabito (Garabeet), Pabru Presberi y Saldaña, héroes indígenas de la resistencia a la opresión y conquista de los españoles en este territorio.
  4. El tico es muy comunicativo, muy conversador. Esta también pareciera un hábito común de muchos seres humanos sin distingos de nacionalidad, pero en el caso del tico hablamos de una charla amena y sincera, sin aspavientos ni pretensiones, de la humilde conversación para distraerse mientras espera en la fila del autobús, del banco o en el parque. Esta también es una actitud muy común del pasado y cada vez menos frecuente en la actualidad, principalmente si hablamos de que por razones de seguridad hasta los últimos gobiernos han promovido la desconfianza. En la zona rural es aún más conversador cuando se le pide información, no oculta mucho, siempre da las direcciones como mejor puede y colabora con buena intención para que el visitante logre su destino.
  5. La capacidad de reírnos de nosotros mismos. Su capacidad de comunicarse bien también tiene que ver con el diálogo visual, con la expresión artística, su humor chabacano pero nada ingenuo, su fino choteo desde el arte o el lenguaje. Aún cuando vimos en el artículo sobre los “hábitos que todos desprecian” que el choteo es negativo, también hay un tipo de auto-choteo que no se refiere a sí mismo como persona, sino a sí mismo como país, como sociedad y comunidad. Esta capacidad que nos descubre el lector de Culturacr.net Allen Arias, se refiere a una actitud también de auto-crítica como nación, que de alguna manera se contrapone al conformismo que mencionábamos en el otro artículo. También, según especialistas, esta actitud tiene algo que ver con que se critica lo que le pasa al país, pero sin responsabilizarse directamente o asumir culpas individuales. Esta capacidad le permite bajar el estrés social y no tomarse tan en serio los problemas sociales, muchos de ellos generado por el sensacionalismo mediático sin importancia vital.
  6. El costarricense es muy solidario ante la desgracia ajena. Cuando hay una desgracia colectiva, el costarricense se apiada y actúa ayudando en lo posible, pero tampoco mucho para desprenderse de sus cosas de valor. En terremotos, derrumbes, inundaciones, entre otras desgracias naturales es donde más se ve esta actitud, en mucho incentivada por el negocio mediático y el interés político y económico que lleva consigo campañas de este tipo. En su barrio el tico, también más en el pasado que ahora, apoya cuando a algún vecino le cae la desgracia. En la tradición histórica ante la muerte de un familiar muchos llevan panes, comidas, aguadulce o café a la vela, muchos colaboran poniendo sus bienes al servicio de los vecinos. Aún sucede en las zonas rurales, en la ciudad eso ha dejado de ser importante y ha dado paso a la frivolidad típica del anglosajón y europeo. La ayuda al prójimo en comunidad también es un legado de la cristiandad católica.
  7.  Es fácilmente moldeable hacia propósitos positivos, es colaborador en algunos casos. Aún cuando podríamos decir que el tico de ahora es más urbano, o semi-urbano, y ha perdido valores esenciales de la aldea en que se desarrolló, la mayoría de ellos positivos para la convivencia en sociedad, en paz y crecimiento, el nacional de este país también es permeable al cambio que le convenga y le mejore. “Es dúctil para cambiar hacia lo bueno: ahora recicla, protege la biodiversidad, fuma menos o hace fila para abordar el bus”, comenta Federico Paredes en el artículo de los hábitos negativos. “La basura aquí es mínima en comparación a otras regiones”, nos comentó Rossana Daumas, una turista estadounidense que recién acaba de visitar al país. Según ella, por ejemplo, sintió que el tico está “dispuesto a ayudar, me sentí segura de que vendrían a ayudar si lo necesitaba”. En conclusión, se puede decir que cuando está convencido de que ayudar le beneficiará, le hará bien, el ciudadano costarricense estará más dispuesto a cambiar o colaborar con ese cambio, como también se ha podido evidenciar con algunos cambios alentadores en la protección de la mujer y la búsqueda de la igualdad de género –independientemente del resultado-; sin embargo, no se puede afirmar que esta característica sea propia de una amplia mayoría.

¿Ha pensado usted en algún hábito o actitud cultural del costarricense que deba resaltarse? Pues bien, aquí abajo tiene su espacio para compartirlo con nosotros.

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