Libros que mejoran con el tiempo: ‘El domador de pulgas’ de Max Jiménez

La obra literaria y artística que tuviera realce en París y otros centros culturales, pero en Costa Rica fuera ninguneada.

Escribe el propio autor de la obra en el prólogo a la primera edición de esta obra que: “Los libros no son material fijo. Los libros mejoran o se descomponen con el tiempo. Libros de actualidad maravillosa se van perdiendo en el horizonte de los años; otros son como resucitados que se alimentan de los siglos”.

Como si fuera una premonición de su obra literaria, Jiménez logra ver de alguna manera el futuro de sus dos libros más relevantes: “El jaúl” y “El domador de pulgas“.

Por esa razón no extraña en nada que la Editorial UNED haya decidido incluir en su colección “Vieja y Nueva Narrativa Costarricense” esta segunda obra titulada “El domador de pulgas“, una obra adelantada para su tiempo, con una gran metáfora que nos confronta con lo que somos.

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El escritor y editor Guillermo Fernández, encargado de esa maravillosa colección que ya tiene 193 libros publicados, escribe sobre este libro que se trata de “una narrativa desenfadada, irónica y desprovista de condescendencias”.

“Al describir supuestamente las costumbres y comportamiento de las pulgas, en escenarios que podríamos calificar de surrealistas, no hace otra cosa (el autor) que adentrarse en los recovecos de la propia sociedad”, explica Fernández Álvarez.

Se debe tener presente que Max Jiménez vive de 1900 a 1947, en la primera mitad del siglo pasado en Costa Rica, en la conocida como “Primera República”, una sociedad campesina y aún aldeana, pero que el artista y escritor logra incluso visualizar tan profundamente que, haciendo las diferencias de época, puede aplicarse a la sociedad humana en general. (Continúa abajo)

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Según Fernández en este libro “hallaremos un juego mental que nos propone el autor para mirar el mundo de otra forma, como en un espejo donde las pulgas somos nosotros mismos y sus grotescas vidas se parecen a las de cualquier prójimo. O las pulgas nos copian a nosotros o somos como pulgas que se creen muy sublimes”, concluye el editor.

Max Jiménez fue un artista y escritor que, como suele suceder, brilló afuera por su creación, pero fue ninguneado en Costa Rica. Escribió tres novelas (Fantoches en 1928, además de las dos citadas aquí) y al menos 4 poemarios: Revenar, Quijongo, Sonajas y Poesías. También un libro de aforismo titulado Candelillas.

Jiménez trabajaba la escultura y el dibujo principalmente, además de las palabras. En París, donde residió, conoció a grandes personalidades de su época como Valle Inclán, César Vallejo, Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Alfonso Reyes, León Pacheco y otros más.

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