Las razones de la derecha (y de la izquierda) ◘ Voz propia

¿Por qué razones la derecha ganará las próximas elecciones? El escritor Rodolfo Arias nos comenta…

OPINIÓN. Por Rodolfo Arias Formoso. Presiento que en la elección del 2022 va a ganar la derecha, y ya explico qué entiendo por “derecha”. En nuestro actual debate político, más exiguo y difuso que sustancioso y consistente, la izquierda parece a la zaga en un aspecto crucial: renovación de ideas. Y ya explico qué entiendo por “izquierda”.

“Derecha” es aquella agenda que en lo político quiere, ante todo, un aparato estatal más liviano, eficiente y barato. En lo económico promueve un sector privado con mayor acceso y control sobre la riqueza generada en el país (PIB), en un marco de indicadores macroeconómicos sanos, y con capacidad de crecer, diversificarse y ganar competitividad en el mercado global. Y en lo cultural, a la derecha le interesa más el “entertainment” que el arte, el consumo que el disfrute, el jolgorio que la pasión. La tradición y el tabú religioso conservan primacía sobre la inclusividad y diversidad.

“Izquierda” sería, en el marco de estos mismos conceptos, una agenda que en primer lugar quiere un estado solidario, redistribuidor de riqueza, garante de derechos primordiales (salud, educación, vivienda), con énfasis en los más débiles y necesitados. Lucha contra la desigualdad económica, la injusticia tributaria, la creciente marginalidad. Defiende la ecología, la diversidad sexual, la libertad de pensamiento –religioso, por ejemplo-, libra una tenaz batalla contra el patriarcado, añora un pueblo más culto y crítico que manipulable y superficial.

Releo los párrafos anteriores (con sus abundantes omisiones y aspectos polémicos, reconozco) y, como siempre desde que tengo recuerdo, me declaro un ferviente izquierdista.

Sin embargo, en los tiempos que corren las ideas y argumentos de la derecha calan más hondo. Identifico tres motivos.

Primero, la derecha pone el dedo en una llaga que sí duele: el estado costarricense, caro, rígido y desestructurado (en rigor: con una estructura que da pena) es quizá más un generador de desigualdad social que de lo contrario. Así de concreto: los empleados públicos tienen en general una mejor calidad de vida que los del sector privado. Hay excepciones en las minorías de alta gama, pero no compensan el panorama general.

Segundo, la derecha iza un estandarte de renovación del aparato productivo, que a buena parte de la izquierda la asusta. Quiere “más ancho de banda”. Habla de una sociedad “del conocimiento”, entendiendo como tal el dominio del inglés, de plataformas tecnológicas de punta, y en general de todo lo necesario para la inserción del país en ecosistemas tipo OCDE. (Continúa abajo…)

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Tercero, y quizá más acuciante aún que los dos anteriores, la derecha quiere libertad, orden y agilidad. Libertad entendida como soltura para el emprendimiento. Orden como freno a la corrupción estatal y a la duplicidad (triplicidad…) de las instituciones públicas. Agilidad como simplificación de las horribles marañas burocráticas, como mejor infraestructura vial, como costes de operación más bajos.

Esas razones de la derecha representan un reto de enormes dimensiones para la izquierda.

Antes que nada, la izquierda debería aceptar –y reaccionar en concordancia-, que un estado social fuerte no es lo mismo que un estado intocable. Que es indispensable modernizar y reformar (podar, en esencia) un aparato público plagado de instituciones que en su momento surgieron por ocurrencias de gobiernos –que por cierto no fueron de izquierda- y no de un proyecto socialista amplio y robusto. Que modernización implica eficiencia. Que eficiencia implica ahorro, y que ahorro implica revisión de privilegios salariales y contractuales en materia laboral, amén de un remozamiento integral en materia administrativa.

En estrecha conexión con lo anterior, la izquierda debería aceptar que hay cambios (por ejemplo la adopción del mecanismo tributario basado en IVA) que no por fuerza provienen de una “burguesía explotadora”, o de los “intereses del imperialismo”; en suma de nefastos “enemigos de clase trabajadora”.

En consecuencia, la izquierda debería dejar de presentarse como un rudo fajador que golpea con huelgas –que cierran incluso quirófanos- o con bloqueos de carreteras. Le urge entender que de ese modo podrá exacerbar viejas proclamas revolucionarias, pero exasperará a los gobernantes tanto como a los gobernados, y sobre todo no ganará en arraigo electoral.

Por último, la izquierda debería pensar desde, por y para el país. Hacerlo requiere un recio sentido autocrítico, lo cual empieza por aceptar que los catastróficos resultados de gobiernos revolucionarios de izquierda (Cuba, Venezuela y Nicaragua), no son culpa única y exclusivamente del imperialismo yanqui y del inmenso poder del capitalismo transnacional.

Que esas crisis humanitarias también son responsabilidad de las respectivas dictaduras, y que eso está identificado y que los errores cometidos por esos gobiernos de fuerza no serían cometidos en Costa Rica. En primer término el peor de todos: cambiar democracia por totalitarismo . El caso uruguayo, a propósito, debería ser estudiado con minucia.

Ojalá que esto suceda, y que suceda pronto. Lo que aún tiene a flote a Costa Rica es su estado social, por desvirtuado y saboteado que hoy se halle. E históricamente ese estado es, en sus ejes primarios, el fruto de ideas que en su momento fueron tan progresistas como novedosas. Ideas que vinieron de la izquierda. Ideas que, en reciprocidad, le piden hoy a la izquierda ser renovadas.

1 thought on “Las razones de la derecha (y de la izquierda) ◘ Voz propia

  1. La verdad no estoy de acuerdo con su definición de izquierda y derecha, me parece más un intento de aferrarse a etiquetas, sobre todo en el caso de lo que denomina izquierda, que poco se corresponden con la realidad. Muchos de las cosas que deplora de la izquierda podrían ser utilizadas para definir a la izquierda (defensa a ultranza de un estado intervencionista sin importar el costo, manipulación de valores solidarios para implantar medidas autoritarias, cero autocrítica y a culpar los problemas al imperialismo, incapacidad para salir de su marco de referencia y análisis tradicional). Con la derecha igual que puede desde el enfoque libertario más rancio hasta lo que en EEUU se define como liberal en lo cultural y conservador en lo económico (por cierto por ahora no veo ningún partido tico en la línea del partido republicano de EEUU ) . Por cierto, también importante recordar que la Costa Rica que tanto se defiende ahora desde la “izquierda” es producto de un partido y figura política se se lanzó contra el avance de la izquierda de su tiempo, libró una guerra civil y luego instauró un proyecto socialdemocrata (en esos días de derecha) con el objetivo de “quitarle banderas” a la derecha. La verdad usar ese tipo de etiquetas ahora parecen un intento desesperado de darle sentido a una realidad que ya se movió en otras direcciones ¿es el PAC de izquierda en las elecciones y de derecha en el gobierno? ¿o es que la realidad fuerza a las administraciones a aceptar que la realidad es más poderosa que los discursos e ideología de escritorio? Como dijo Luis Guillermo Solís (que también se empeño inicialmente en creer que ciertas políticas eran de derecha y podían cambiarse a partir de otra visión ) “No es lo mismo verla venir…”

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