Las pintas y claves del proceso electoral 2017-2018

Geovanny Jiménez S. OPINIÓN. Si usted piensa que estas elecciones nacionales serán iguales o tan siquiera similares a las del 2014 o anteriores y que se pueden pensar y proyectar con los mismos elementos de juicio, permítame dudarlo seriamente. Sin embargo, hay tendencias y comportamientos (idiosincráticos) que se reiteran. Veamos algunas pintas o aspectos que podrían proyectar escenarios futuros en estas elecciones.

Primera pinta: Por primera vez el multipartidismo se manifiesta desde temprano, anunciando una segunda ronda con bastante certeza y siembra diferente a los candidatos a la presidencia.

Según los dos últimos sondeos de Opol Consultores de este 30 de octubre y el del 28 de setiembre pasado se forman ya 2 grupos cambiantes en la preferencia de voto de quienes están decididos a votar:

  • Una triangular entre Álvarez con 31,3% (descendió -5,2% para setiembre y se mantuvo igual para octubre), Castro con 23,7% (descendió -1,3% para setiembre y subió 5,6% para octubre) y Piza con 12.9% (subió 5,2% para setiembre y bajó 6% para octubre).
  • Y una segunda triangular de “media tabla” que prácticamente empataba a Hernández con 9,3%, Carlos Alvarado con 6,6%, Fabricio Alvarado con 5% y Guevara con 4,2%. Pero en octubre hay movimientos curiosos: el Dr. Hernández sube 1,3%, Carlos Alvarado baja 1,4%, Fabricio Alvarado baja 0,6% y Guevara sube para acercarse. Después de ellos hay varios candidatos que se encuentran en el margen de error, incluyendo al frenteamplista Edgardo Araya.

Por otra parte, en agosto el CIEP-UCR planteaba que Álvarez llegaba al 25%, Piza al 11%, Alvarado al 8% y Castro al 5%. Más recientemente, esa misma casa encuestadora el 18 de octubre pasado medía una realidad no muy diferente: Álvarez descendía a un 19,6%, Castro ascendía al casi 12,6% y Piza se mantiene en el 11% (en el primer bloque), y Carlos Alvarado descendió a cerca del 6,3% mientras el resto se mantiene en el margen de error del 3% o menos. El CIEP mantiene a los indecisos en un 40% y eso indecisos son excluidos de los porcentajes dados a cada candidato.

Las metodologías aplicadas entre CIEP y Opol son distintas. Mientras el CIEP calcula los porcentajes de la muestra total, sumado a los indecisos, en Opol los sacan de los decididos a votar; por eso en Opol son más grandes y cercanos al 40% necesario para ganar en primera ronda. En el CIEP no es posible extrapolar, a ciencia cierta, los porcentajes excluyendo a los indecisos, aunque ya lo quisieron hacer en el PLN. En consecuencia, según el método del CEP, los porcentajes irían aumentando conforme los indecisos se vayan determinando por algún candidato; en cambio con Opol podemos ver la fotografía del momento entre quienes sí están decididos, pero esa imagen puede cambiar en cualquier momento.

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Hace 4 años la realidad era otra. La CIEP en setiembre de 2013 sacó una encuesta, los resultados fueron: Un 20,2% dijo  que por Johnny Araya (Partido Liberación Nacional -PLN), 12,4% por Rodolfo Hernández (Unidad Social Cristiana -PUSC), seguido de un 4,5% por José María Villalta (Frente Amplio -FA) y un 4,1% por Luis Guillermo Solís (Acción Ciudadana -PAC). Un 1,4% lo haría por Otto Guevara (Movimiento Libertario –ML) y un 1,6% por algún otro candidato.

El 55,8% restante respondió que no votaría, lo haría nulo, en blanco o que están indecisos en su voto. No obstante, para noviembre de 2013, esa misma casa sembró a los indecisos en un 29%. Hoy se ve más difícil que los dubitativos se decanten pronto. Todo parece indicar que entre diciembre y enero los votantes empezarán a madurar su voto más en serio. Esta es la segunda pinta.

En ese entonces habían dos candidatos sembrados en el primer lugar (Araya del PLN y Hernández del PUSC) y otros dos candidatos en un segundo lugar peleando por un tercer lugar: Villalta (FA) y Solís (PAC).

Hoy la realidad es distinta, en lugar de 2 hay 3 sembrados en los primeros lugares ante el ascenso de Castro y hay un segundo grupo de al menos 3 candidatos peleando por un lugar para colarse en la que podría ser una cuadrangular final. Sin embargo, es importante notar la tendencia a plantear el asunto entre dos candidatos persiste desde el bipartidismo. Lo que pasa aquí es que intuitivamente podemos afirmar que tanto Álvarez o Castro están en su techo posible, excepto que suceda algo extraordinario. Esta es la tercera pinta.

Aquí hay un tema a considerar: el espectro ideológico. Los 3 sembrados de la actualidad –figuras más mediáticas- pueden ser considerados candidatos de derecha. Por eso es previsible que un candidato de centro o de centro-izquierda incursione como alternativa. Tengamos presente que este arranque es muy importante porque definirá en muchos casos qué candidatos son invitados a debates mediatizados. Ya hemos visto que depende del debate, algunos candidatos han sido excluidos, quizás con la única excepción de Álvarez, Castro, Piza y Carlos Alvarado (este último por ser“el candidato de gobierno”, no tanto por sus números). La cuarta pinta nos indica que, ideológicamente hablando, esta lucha podría ser entre 3 candidatos con tendencia a la derecha y uno a la izquierda.

Volvamos al pasado: Luego en diciembre de 2013 todo se enrareció, un estudio de Unimer puso a Villata con una intención de voto máxima del 22%, seguido de Araya y Guevara con un 19%, Solís con un 8% y Piza con un 5%. Hernández había renunciado al PUSC entonces y Piza lo sustituyó.

¿Se puede enrarecer para noviembre y diciembre el panorama de nuevo? Perfectamente. Y esta es una quinta pinta: nada es predecible en estos momentos y pocas cosas son fijas, incluso ni las tendencias se pueden apreciar claras.

Así las cosas, se pueden apreciar lo siguiente en este momento: el candidato del PLN está básicamente estancado en el 31%, el del PIN (Castro) ha venido subiendo pero también parece haber encontrado su techo en el 20-25%% entre los decididos a votar. Piza había venido subiendo, pero parece que sus intervenciones no le han ayudado y tuvo un bajonazo extraño al final, y según parece, lo perdido por Piza lo está ganando Hernández. Los demás candidatos aún no muestran datos significativos de cambio.

Si nos pusiéramos a especular, y comparamos con el proceso anterior, pareciera que Castro está recogiendo el caudal de los desencantados con el sistema y buscan cambios radicales principalmente contra la corrupción (capital electoral que cosechó el Frente Amplio hasta diciembre de 2013). Pero la versatilidad en el pensamiento electoral del costarricense no necesariamente nos indica eso –hasta este momento-, sino más bien una “constante variabilidad” en las preferencias. La indecisión es fuerte.

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Esta campaña tendrá varias características particulares en comparación con las anteriores y que nos permitirán ir midiendo mejor esas “pintas” o tendencias que va presentando conforme avanza la dinámica publicitaria y mediática:

  1. El multipartidismo se consolida. No son 2 ni 3 los partidos y candidatos que se enfrentarán, posiblemente sean hasta 4 y 5 con posibilidades de sorprender. Los sondeos previos así lo estiman: Álvarez Desanti, Rodolfo Piza, Carlos Alvarado, Juan Diego Castro y un quinto que podría ser Otto Guevara, el doctor Hernández o incluso Fabricio Alvarado andan tanteando tal posibilidad. En este momento todos, sí, todos, tienen posibilidad.
  2. El partidismo parece ceder aún más ante la figura del candidato. Cada año el énfasis propagandístico en la figura de los candidatos parece aumentar. Así lo confirma la irrupción de Juan Diego Castro usando un partido “alquilado” (PIN), el realce relativo de un candidato ya conocido como Rodolfo Piza, e incluso el desgaste como vieja y controversial figura que podría significar Álvarez Desanti en el PLN. Tanto Guevara como Hernández preservan lo recaudado en su mejor momento en procesos anteriores, y no creo que puedan crecer ostensiblemente en lo que viene. También está el caso de Carlos Alvarado en el PAC, un candidato joven y nuevo que aún no pesa a pesar de pertenecer al partido de gobierno. Es claro que en este momento del proceso las encuestas miden principalmente cuáles candidatos son más conocidos y cuáles de los conocidos tienen más simpatías y más voto duro partidista, aunque este último ahora define menos. Solamente el PLN mantiene una pequeña base de fieles que votan por ese partido pongan a quien pongan de candidato. Después el PUSC y el PAC guardan un porcentaje muy pequeño de seguidores. Pero esos porcentajes no son representativos ni tienen el peso necesario para inclinar un resultado electoral, no en estos años.
  3. Segunda ronda. Las elecciones se deciden al final. Como en las anteriores, es previsible que los resultados sean un misterio hasta el día de la votación. Más aún si consideramos que hay 4 o 5 fuerzas con posibilidades reales de ir a segunda ronda. Estas serán posiblemente las elecciones más reñidas de la historia patria, quizás solamente comparables con las anteriores: nadie querrá ceder un ápice ante esas posibilidades de lograrlo hasta el final. ¿Qué el PLN es seguro candidato? No apostaría por ello. El PLN conserva en este momento la delantera por una razón sencilla: tiene una base partidaria más amplia y mayor exposición mediática de su candidato. Pero esa base puede ser su techo si el candidato no logra convencer, como parece estar sucediendo. Ya sucedió en el 2014. Cualquiera de los demás candidatos (PUSC, PAC, PIN, ML o PRN) pueden lograr el caudal ahora indeciso.
  4. Con-vencer: persuadir o quedarse atrás. Decididos a votar en este momento son muy pocos y muchos de ellos pueden cambiar de opinión en cualquier momento. Los indecisos son una gran masa en esta fecha, por eso los porcentajes son relativos, no dicen nada aunque quieran manipularlos. Sin duda apenas empieza el proceso por convencer, por persuadir o por morir en el intento. Ante un electorado más volátil, más crítico y desinteresado, la persuasión adquiere ribetes extraordinarios. Y no solamente se tratará de engañar mediante publicidad manipuladora. No, no ahora. Se tratará de ganar votos por convencimiento, por un manejo muy preciso, pero muy acertado, de la imagen del candidato, pero además de su propuesta. Eso augura un proceso democrático muy interesante. ¿Logrará esta vez el candidato del PAC convencer como lo hizo el ahora presidente Solís Rivera? ¿Son los mismos requerimientos que tiene el costarricense ahora igual que hace más de 3 años y medio? (Ver punto 6).
  5. Idiosincrasia costarricense y elecciones. Tengo años de reiterar la importancia de este concepto en los últimos 3 o 4 procesos electorales de Costa Rica. El costarricense tiene características identitarias, de conducta social, que lo convierten en un votante muy particular. Esos “patrones sociales” superan enfoques y perspectivas “globales” o “mercadológicas” cuyo estudio pueden modificar la orientación de un proceso electoral. Por ejemplo, estamos en la etapa del “todos los políticos son iguales, no pienso votar”, pero a la hora de la verdad serán decenas de miles que sentirán el llamado y esa responsabilidad cívica inculcada en sus “genes educativos”. Ahora solo los más cercanos seguidores dicen votar por un candidato u otro, con la excepción del fenómeno Juan Diego Castro, un caso asociado al más claro populismo. Se trata de candidatos que el costarricense apoya por su participación en los medios (Abel Pacheco en su momento, por ejemplo) y su capacidad para convencer con palabras cercanas a los oídos del desencanto. En el pasado Pacheco, como también lo intentó Rolando Araya, tenía la compañía de un partido fuerte. Hoy Castro usa un cascarón partidario para lograrlo. En consecuencia, sospecho, Castro ya llegó a su techo electoral, es decir, no creo que avance más en la intención electoral de las encuestas. El costarricense, por idiosincrasia, no cae tan fácilmente en las garras del populista y por astuto –cazurro en palabras de Isaac Felipe Azofeifa- logra descubrir sus contradicciones. ¿Logrará convencer otro bonachón –al estilo Pacheco- al pueblo costarricense, como el caso de Piza o incluso del doctor Hernández? Creo que Piza podría calar en este terreno, pero su torpe despliegue en cámara y sus limitadas expresiones podrían restarle entre quienes buscan ser persuadidos; no parece ser un candidato inteligente y hábil para competir por la presidencia a pesar de su buena imagen.
  6. El leitmotiv de la nueva campaña 2017. ¿Será la necesidad e insistencia en el cambio que exigió la gente en el 2014 el leitmotiv para este año también? Y si no, ¿cuál entonces será ese tema central y reiterado que logre convencer al electorado? A) Indefectiblemente la gente sigue pidiendo cambio, pero no sabe qué cambio, ni tiene claro cuál es la intensidad de ese cambio, pero en su mente algo le dice que ese cambio debe ser gradual, como finalmente terminó aceptándolo en el gobierno de Luis Guillermo Solís. Es un cambio balanceado, de centro, pero necesita ver un cambio para sentir que las cosas mejoran. ¿Qué quiere el ciudadano costarricense después de un gobierno de cambio moderado? ¿Más cambio? Posiblemente hay una fracción del electorado que sigue pujando por un cambio radical, pero no es aún mayoría, y no tienen claro cuál cambio quieren, excepto claro un cambio extremo en el combate contra la corrupción (el caudal político de Castro). Aunque todos hablen de cambio, es claro que unos hablan de cambio hacia la izquierda y otros hacia la derecha, unos hablan de entronizar el socialismo estatal y otros de fortalecer el liberalismo económico. Unos quieren un cambio liberal en lo social y otros lo quieren conservador. Todos piden un cambio diferente. Y eso será tema de debate. Por otra parte, ¿continuismo o cambio? ¿Será un asunto de continuismo del cambio propuesto por este gobierno? ¿Qué quieren los electores? Está por analizarse seriamente. B) Pero el cambio no es el único leitmotiv que se avizora en esta campaña: pienso en la lucha contra la corrupción también, tema que el abogado Castro pondrá en la mesa del debate; pero ahora una corrupción más sistémica que de gobierno, más de Estado que de un grupo que administra por un período. Es la gran oportunidad para hablar de la corrupción social, tanto en el sistema político como en la sociedad en general: en el sistema jurídico, pero también en el ciudadano común, en las instituciones y burócratas como en los empresarios y medios de comunicación. C) La gran pregunta: ¿habrá otro tema que se convierta en central y reiterado en esta campaña y que cale en los votantes? Sospecho que esta será la campaña del cómo, en la que los candidatos estarán obligados a explicar cómo pretenden hacer lo que proponen y así lograrán convencer o no. Si es así esto implicaría un salto cualitativo en el nivel de la democracia costarricense. Parte del desencanto de la ciudadanía radica, además de la desilusión del cambio para mejorar y la corrupción sistémica del Estado en toda su institucionalidad, en el cúmulo de promesas y propuestas insatisfechas en el pasado. La gente necesita hoy más que nunca que le digan cómo se harán las cosas, porque ya no quiere seguir comiendo cuento.
  7. El centro que es balance, seguridad y mejor conocido. Si hablamos en términos ideológicos, la historia costarricense –con interrupciones ya conocidas- indica que los costarricenses buscan el centro, ese equilibrio que le da seguridad y comodidad, como ese refrán que dice “mejor conocido que por conocer”. El centro también refiere al comportamiento de los candidatos, el tico quiere un candidato ecuánime, balanceado y comedido tanto en su hablar como en lo que habla. Por idiosincrasia al tico no le gusta el confrontativo (como lo ha sido Guevara durante quinquenios) o el timorato “mosca muerta” (como parece ser Álvarez Desanti), tampoco le gusta el que quiere un cambio radical (como lo propusieron Villalta o Guevara en su momento), pero tampoco al que no propone cambio alguno (como parecían ser Johnny Araya o Rodolfo Piza), no le gusta el hiperactivo (Villalta) pero tampoco el inactivo (Piza), tampoco el indeciso (el doctor Hernández) ni el muy decidido (Guevara).
  8. Aprender de la historia para conocer el presente. Los ciclos electorales en Costa Rica indican que ningún partido político repite más de 3 veces. Así ha sucedido siempre y se dio indudablemente en las elecciones 2014 cuando se rompió el continuismo liberacionista. ¿Podrá repetir el PAC en esta oportunidad a pesar de ser un partido estrenándose en el ejercicio del poder? Es difícil saberlo, pero sería inédito: en la conocida como “Segunda República” (que presenta un comportamiento más definido en sus ciclos) ningún partido repitió después de su primera vez. Figueres en 1958 tendría como sucesor a Echandi –opositor al PLN- y luego el PUSC de Carazo tuvo como sucesor a Luis Alberto Monge en 1982. En la historia partidaria de Costa Rica hay al menos 3 períodos bien claros: a) el bipartidismo del PLN vs otros partidos (liberales o conservadores o calderonistas) que va desde 1949 hasta 1978; b) el bipartidismo del PLN vs PUSC de 1978 a 2002, y c) el multipartidismo que abre el PAC en 2002 y que se consolida en el presente con mínimo 3 fuerzas importantes: PLN, PAC y PUSC. Según esta historia y la dinámica de los ciclos electorales en este país, el proceso 2017-2018 es totalmente nuevo y no tiene antecedentes. Según esto, el PAC podría repetir sin que eso afecte o merme en el elector a la hora de elegir (lo que implicaría la consolidación del PAC como principal fuerza política para esta década), y también podría perder para que el PLN o el PUSC recuperen el poder. Incluso podría darlo a una agrupación nueva. Según la dinámica electoral en la mayoría de países occidentales, la tendencia es al cambio de timón y no a la continuidad. En este caso particular, Costa Rica no permite la reelección presidencial consecutiva, entonces eso afecta aún más el continuismo, porque el nuevo candidato tiene que convencer al electorado de ser el sucesor del actual Presidente (si las opiniones le son favorables al gobernante de turno). Precisa anotar que también intervienen otros factores que serán más decisorios hacia el final, además de los ciclos.
  9. Casos, dimes y diretes con fines electoreros. ¿Qué tanto permea en la actualidad las acusaciones y casos mediáticos a los candidatos? ¿Afecta a Álvarez Desanti el caso por una compra de terrenos indígenas en Bocas del Toro de manera dudosa? ¿Le afectará el haber dejado al PLN y volver, de haber acusado al PLN de corrupto y aún así volver? ¿Afectará el caso del Cementazo a Carlos Alvarado? El caso del cemento chino, denominado como Cementazo, ha afectado duramente la posibilidad del continuismo, pero no es un determinante que vaya a afectar de manera definitiva, por varias razones: ni el Presidente Solís ni el candidato Alvarado están implicados en el caso. Al Presidente se le acusa de un tráfico de influencias que no ha podido ser ni remotamente probado a pesar de las sospechas generadas por la participación de su allegado, el diputado Morales Zapata. Dicen que en Costa Rica no hay memoria y no hay caso de dure más de una semana. Es posible. Muchos de los casos logran pesar en el electorado cuando se trata ya de un cúmulo despreciable, como es el caso de la corrupción en el PLN y el hastío acumulado en el 2014. En este panorama, la historia reciente nos deja algunas enseñanzas y curiosidades con cada partido político. El PUSC cayó en desgracia precisamente por casos de corrupción asociados a dos ex presidentes de esa agrupación, y eso lo devastó de una manera tal que aún no ha podido recuperarse, pero siempre maneja una base electoral que ronda el 5% de los decididos a votar, similar a la que ha sumado el PAC, pero distante de la que tuvo el siglo pasado (su último gobierno fue de 2002 a 2006 con Abel Pacheco, ganado en segunda ronda por primera vez en la historia reciente, que terminó con baja popularidad, y que fue manejado por un liberacionista como Ministro de la Presidencia: Rodrigo Arias Sánchez, hermano del entonces ex presidente y sucesor de Pacheco, del 2006-2010, Óscar Arias Sánchez). Curiosamente, aunque los dos partidos (el PUSC y el PLN) fueron acusados duramente de corrupción, pareciera que el PLN logró crear una muralla judicial que le evitó la misma desgracia que a su reiterado contendor desde 1978. Sin embargo, más temprano que tarde, la legalidad acuerpada no pudo evitar que la legitimidad popular empezara a cobrarle al PLN también el tema de la corrupción, tanto la vieja como la presente. Y todo explotó en el mandato de Laura Chinchilla. Como vemos, el pueblo costarricense tiene la tendencia a tolerar por tiempo considerable ante los escándalos mediáticos. Una de dos: o es tolerante o es olvidadizo. Muchos se inclinan por la segunda razón, creo que es una mezcla de ambas. Y aquí viene también el tema de la idiosincrasia: el tico tiende a ser tolerante, pero cuando revienta es difícil que perdone. ¿Tolerará el elector nacional el Cementazo y algunos ataques de medios en poder de la oposición (entiéndase PLN y PUSC principalmente, pero también sectores empresariales radicales o conservadores) al PAC o preferirá perdonar al PLN o al PUSC de sus andanzas pasadas? ¿O será que le dará la oportunidad a una nueva fuerza, se arriesgará a creerle a un nuevo pastor que prometa lo mismo sin ofrecer experiencia, sin ofrecer el cómo o sin ofrecer consistencia? La respuesta estará el 4 de febrero de 2018.
  10. La carrera por no quedar en tercer lugar. La segunda ronda es inminente, no solamente por los resultados de los últimos sondeos, sino por la conformación de las fuerzas en el multipartidismo consolidado que tenemos. La lucha será por lograr el primer lugar para llegar al segundo, o bien ganar espacios para luchar por el segundo, pero de ninguna manera quedar en tercero, aunque sea por 1000 votos. Según los datos de las elecciones 2014, con un abstencionismo cercano al 31%, la cantidad de votos a lograr por cualquier partido que busque la segunda ronda es de al menos 650.000 (el PAC logró cerca de 630.000 para un 31% para lograr el primer lugar en primera vuelta). Si desea ganar en la primera ronda, el ganador necesitaría poco más de 850.000 votos para superar el 40%.

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