Las encuestas son falsificables: aquí le contamos cómo y con qué propósitos – Parte II ◘ Reportaje especial

Falsificar una encuesta es fácil, pero para qué hacerlo, con qué propósitos. Aquí le contamos en la segunda parte de este amplio reportaje especial.

Esta es la segunda parte de un reportaje especial que hemos venido realizando para mostrar a las personas cómo funcionan las encuestas, cómo se hacen los fraudes con ellas y qué controles tenemos, entre otros aspectos de relevancia. Para tener un hilo correcto de este amplio reportaje, le recomendamos leer la primera parte aquí.

Falsificar un estudio es fácil

Quizás usted piense, “por supuesto que son falsificables las encuestas”. Sin embargo, muchas personas no entienden cómo ni por qué eso podría suceder, además de por qué es un tema muy resguardado.

“Yo fui supervisora en una firma de encuestas y pude ver cómo simplemente desecharon un grupo de cuestionarios con la excusa de que no calzaban con la muestra o habían sido mal aplicados. Pero curiosamente todos los desechados daban preferencia por un candidato en particular“, narra una mujer de apellido Rojas (identidad protegida) a Culturacr.net.

La verdad de los hechos está en los cuestionarios que los encuestadores aplican, ya sea por llamada telefónica o de manera presencial. Ese material, como lo explicamos en el reportaje anterior, debe ser entregado al TSE, donde cualquier persona puede consultarlo e investigarlo. No obstante, el TSE no verifica ni controla la aplicación de estos estudios, solo permite un espacio para que los interesados tengan acceso y hagan sus denuncias.

En efecto, la primera y simple medida es desechar las entrevistas que no se ajustan a lo que el encuestador desea reflejar en los resultados, por razones electorales. Por ejemplo, en una encuesta usted tiene una muestra de 2000 personas entrevistadas y al tabular los resultados finales el candidato Z tiene un 15% de preferencias (300 cuestionarios que así lo indican). Si no existe un consecutivo en los talonarios, podría haber gato encerrado o simplemente un descuido profesional, ¿cómo saberlo?.

Pero si los dueños de la firma encuestadora tienen un pacto político subrepticio y no quieren que ese candidato Z aparezca tan fuerte, entonces se eliminan 200 encuestas y se le otorga un 5% restante. Así de simple, porque eso le permite a la firma entregar el material al TSE, sin que haya sospechas de nada, investigue quien investigue. Cuando el ciudadano vaya a revisar el material todo tendrá coherencia.

Otra forma de lograr “resultados esperados” es construir preguntas tendenciosas o que busquen inclinar la decisión del entrevistado hacia una opción. Encontramos que la misma Internet nos muestra cómo hacer preguntas sesgadas o tendenciosas con relativa facilidad.

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Imagine que a usted un encuestadores le pregunta: ¿Quién cree usted que ganará las próximas elecciones de 2022? Esa pregunta no le está preguntando a usted por su elección de voto, sino por una opinión diferente?

En las encuestas donde las personas votan sobre una papeleta creada por la firma también es posible conducir la respuesta dependiendo del lugar donde se pongan las caras de los candidatos. Además, qué tan sonrientes o agradables se vean los candidatos. Por ejemplo, poner al candidato Z con cara de serio y amargado.

Esta situación se solucionaría con “un estudio de pares” como hacen las investigaciones científicas. ¿De qué se trata esto? Preguntamos a Rónald Alfaro, coordinador de investigación del CIEP de la UCR y se mostró sorprendido ante nuestro planteamiento en el programa “Cultura electoral 22”, donde lo entrevistamos ampliamente sobre este tema.

Un estudio de pares es cuando otra organización (que podría ser el TSE, aunque no lo hace de oficio) revisa la metodología y el procedimiento aplicado en una encuesta, de manera que se verifiquen los resultados finales y haya total transparencia. Por supuesto, el celo profesional y empresarial entra a jugar en este campo.

“Es que sería como dispararse al pie hacer fraude en una encuesta”, expresa Alfaro, cuando le preguntamos si es posible esa realidad.

Alfaro coincidió con nosotros que es posible falsificar una encuesta, pero que eso no tiene sentido, porque los resultados que se obtienen serían falsos y no representativos de la realidad que necesita conocer. En una mente académica que busca el conocimiento eso no tiene sentido, es comprensible, pero en una mente empresarial que buscar otros propósitos más allá de eso, tiene todo el sentido.

Hay múltiples propósitos y distintos fines para esto“, confirma Alfaro, pero expresa que las encuestas deberían coincidir en sus resultados cuando aplican preguntas similares en los mismos períodos de tiempo. De ahí que el análisis comparativo entre encuestas sea viable, aunque entendiendo que son diferentes metodologías.

¿Y cuáles son esos propósitos?

Las encuestas pueden manipular el comportamiento político de la población de diversas maneras, aunque no sea su intención original. Son usadas de manera reiterada para generar opinión pública y para conducir decisiones o tendencias electorales.

Por ejemplo, una firma fue contratada para invisibilizar un candidato y para resaltar otro que quizás no está tan fuerte como parece. En ese caso se pone un 1% al enemigo y se le sube unos cuantos puntos porcentuales al cliente contratado, de manera que no parezca tan visible el fraude, pero que sí tenga la utilidad de posicionar un candidato mejor que otro en alguna coyuntura política particular. Por supuesto, aquí la ética no tiene lugar.

Otro ejemplo es cuando una firma es contratada para posicionar un candidato que no goza de muchas preferencias y plantearlo como un fenómeno emergente. Por ejemplo, un candidato no despega del 3% (dentro del margen de error), pero de repente aparece con un 13% de preferencias.

Esos aparentes crecimientos conducen a muchos electores a considerar este candidato emergente como una alternativa si tiene demasiado disgusto por los que lideran la contienda. “Después de la encuesta entonces no será tan extraño que en otras encuestas aparezca ese candidato en un porcentaje similar, porque ya se inclinó la intención de voto”, según explica el psicólogo Daniel González, copresentador del programa Cultura electoral 22.

Otro propósito que se usaba mucho antes era conducir los resultados de las encuestas para tener acceso al financiamiento de los bancos, que prestan dinero con la garantía de que habrá deuda política como respaldo. No obstante, este mecanismo ha perdido frecuente por razones obvias.

Por esa razón algunas encuestas en Costa Rica, como Opol Consultores, Demoscopía, Cid Gallup, entre otras (firmas privadas) y el CIEP de la UCR (académica) no coinciden usualmente en sus resultados, incluso cuando son aplicadas en momentos similares. Por eso hoy los estudios estadísticos privados han perdido tanta credibilidad.

Con ayuda de Daniel González, logramos descubrir que otra metodología que establece diferencias es cuando la segmentación de las preguntas es conducida, más o menos según sea el caso, para lograr mejor estratificación de las intenciones de voto.

Por ejemplo, una encuestadora se puede basar entre quienes contestaron “sí votaré en las elecciones” y desde ahí sacar el resultado, pero hay otras que reducen más ese margen y además preguntan si está “decidido o más o menos decidido a votar”, y al final saca resultados solamente entre los más decididos a hacerlo. En esta encuesta los indecisos serán muchos más que en la otra.

Eso permite enviar el mensaje de que cada día hay menos indecisos, porque las personas están prefiriendo a un candidato cada día más, aunque sea falsamente“, comenta González. Cuando la gente siente que hay menos indecisos también cambia su decisión de voto a favor solamente de quienes encabezan la intención de voto.

Así, por ejemplo, una encuesta que hoy diga que solamente hay un 20% de indecisos del padrón electoral no coincidiría con las encuestas serias que hoy establecen entre un 70 y un 80% de personas que dicen no votar, no estar decidido a votar o que incluso probablemente no vote. Los indecisos entonces no se sacan de todo el padrón electoral, sino de quienes sí van a votar o posiblemente lo hagan. En este sentido las encuestas del CIEP son más confiables para obtener resultados más reales de lo que sucede, como se puede visualizar en la última publicada.

En la tercera parte de este amplio reportaje, haremos un recuento por históricos casos donde las encuestas ofrecen resultados muy distintos a los que luego se dieron en procesos electorales.

Como siempre, gracias por compartir.

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