Las consecuencias de la apertura eléctrica en Costa Rica ◘ Voz propia

¿Conviene al país una apertura en la producción eléctrica para la exportación o consumo local? Este artículo defiende por qué no es conveniente…

  • Hace dos días el Gobierno de Carlos Alvarado informó que enviará esta semana que viene un proyecto de ley para permitir que los generadores eléctricos puedan exportar el excedente de electricidad que produzcan. En ese contexto, este artículo de un especialista en el tema, Gerardo Fumero, ofrece un criterio interesante sobre el tema.

OPINIÓN. Ing. Gerardo Fumero Paniagua. Recientemente participé de un Webinar promovido por una universidad privada, en donde se planteó que el usuario debe de ser el “centro” del modelo eléctrico nacional. Con ese argumento se justificaba el abrir este mercado a la libre competencia, pues los señores expositores partían del supuesto de que la competencia baja los precios beneficiando al usuario.

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Para empezar, habría que preguntarse ¿a cuál “usuario” se estarían refiriendo? Porque obviamente hay varios tipos: residencial, comercial, industrial, pequeño, mediano y gran consumidor. El mismo esquema tarifario hace distinción entre ellos.

Sin embargo, abrir el mercado eléctrico destruiría uno de los principios fundamentales de nuestro modelo: la SOLIDARIDAD, que garantiza precisamente que los pueblos más recónditos de este país tengan un servicio con la misma calidad y confiabilidad y paguen lo mismo por kilowatt-hora, que los residentes en la ciudad. Aunque existen tarifas diferenciadas para residencias de muy bajo consumo -de interés social- y para los grandes consumidores que se conectan en alta tensión, -por conllevar estos menores costos que una conexión a la red secundaria-.

En 1949 se creó el Instituto Costarricense de Electricidad, ICE, precisamente porque la principal compañía eléctrica de entonces -privada-, la Electric Bond and Share Co., solo cubría los centros urbanos, el resto del país no le era rentable, y, por lo tanto, no tenía ningún interés de servirlo, pues hacerlo les acarrearía pérdidas y no contribuiría a su único prepósito, que no era el servicio público, sino generar ganancias.

Por el contrario, en nuestro modelo actual, los usuarios de las ciudades, altamente concentrados y que requieren inversiones per cápita mucho menores, subsidian a los que viven en zonas alejadas y rurales, con una gran dispersión, bajos consumos y que requieren de grandes inversiones, por lo que jamás podrían cubrir los costos reales de su servicio.

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De liberarse el mercado, podrían los grandes clientes comprar a menores precios y los generadores privados vender a mayores precios, en el país o en el exterior, abandonando ambos, el sistema único que hoy tenemos. Esto acarrearía dos consecuencias sumamente graves:

1) Que quedaría dentro del sistema la masa de clientes rurales, residenciales y pequeños. En este escenario, el sistema no contaría más con el aporte de los grandes clientes, que hoy contribuyen al sostenimiento del resto. Al perder las empresas eléctricas a los más grandes clientes, se verían obligadas a subir las tarifas, para volver a equilibrar sus finanzas. Los usuarios residenciales y pequeños no tendrían -en virtud de su baja demanda- ninguna posibilidad de salirse del sistema y disfrutar de los mejores precios que pudieran obtener los grandes. En consecuencia, mientras los grandes clientes verían bajar sus costos, el resto los verían subir, convirtiendo el modelo en uno altamente regresivo.

2) Que esos grandes clientes, ya fuera del sistema, dejarían de contribuir, obligando, por tanto, a los pequeños y medianos a cubrir el RESPALDO eléctrico y los servicios complementarios. Pretenderían, además, los generadores privados, pagar poco por el uso de las redes eléctricas del ICE para el transporte de la energía que pudieran producir y vender.

El respaldo eléctrico es sumamente caro. Generalmente se da a través de un sobre dimensionamiento del sistema o con termo-generadores, o una combinación de ambos. La matriz energética normal de nuestro país está compuesta por generadores que pueden variar mucho su producción, por ejemplo, plantas hidro, que generan en verano un 30% de lo que generan en invierno, eólicas, que varían entre un 100% y un 0% durante el día, o bien solares, que varían entre un 100% en el día y 0% en la noche. Muy diferente a una planta nuclear, por ejemplo, que produce todo el año, 24 horas al día, al 100%. En este caso, el respaldo es mucho más barato, pero el costo ambiental puede ser catastrófico, como lo han experimentado Rusia y Japón.

De modo que, para asegurar la continuidad del servicio en todo el país, el ICE debe hacer grandes inversiones para contar con plantas redundantes o bien de bunker, combustible ya de por sí caro, solo para utilizarlas en ciertos periodos durante el día o en ciertos meses del año, pero su costo también debe ser cargado al sistema y cubierto por todos los actores del mismo, sin que nadie deje de hacerlo, y menos los más grandes, en detrimento de los más pequeños. De la misma forma, los servicios complementarios, igualmente necesarios para garantizar una de las más altas calidades del mundo de la que hoy disfrutamos en este país, gracias al ICE, deben ser cubiertos por todos los actores en el sistema.

No se vale entonces, que, con la falacia de querer buscar un supuesto beneficio para el usuario, se pretenda abrir el mercado eléctrico nacional a la libre competencia, cuando en realidad lo único que lograría sería bajar los costos para los grandes clientes y subirlos para los más vulnerables.
En relación con algunas plantas hidro, (que hacen uso de un recurso nacional por el que nunca han pagado) y que ya terminaron su contrato con el ICE y quedaron en manos privadas, la ley permite que el ICE pueda exportar esa energía al mercado centroamericano -si el país no la necesita-, pagando un precio justo al generador, después de hacerlos contribuir con todos esos costos en que el ICE incurre para mantener la universalidad, la ubicuidad, la confiabilidad y la calidad del servicio. Este modelo, aplicado también en Salud con la CCSS, y con el Agua en el AyA, junto con las garantías sociales, la educación obligatoria, la justicia, las libertades individuales y los derechos humanos, debe ser defendido a cualquier costo, para garantizar la perpetuidad de nuestro Estado de Bienestar.

2 thoughts on “Las consecuencias de la apertura eléctrica en Costa Rica ◘ Voz propia

  1. Este ingeniero estatista fracasado ya había sacado artículos en CONTRA del TLC aduciendo y según el aportando “pruebas” de cómo la apertura de telecomunicaciones iba a encarecer los servicios. Al final de sus artículos, firmaba con un “No al TLC”.

    Resulta qué pasó todo lo CONTRARIO!

    Este pseudo ingeniero no debería de tener espacios de opinión pública.

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