La tragicómica dictadura orteguista es un reprise democrático ◘ Voz propia

Lo fundamental es poner las barbas en remojo y recordar que Ortega al igual que muchos otros como él (Maduro, Putin, Bukele) fueron electos democráticamente.

Hace unos 30 años se celebraba con optimismo el fin de la sangrienta guerra en Centroamérica y la firma del Esquipulas I y II. Cuatro dictaduras pusieron fin a sus guerras civiles y convocaron a nuevas elecciones libres y redactaron nuevas constituciones; Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

De estas solo Guatemala no tiene un gobierno autoritario en este momento, o al menos no al nivel de los otros tres, pero ciertamente que está mal por otros aspectos de corrupción, erosión de la confianza en el sistema y más factores.

Pero de estos regímenes, quizás el más caricaturesco es por mucho la Nicaragua orteguista que parece salida de una novela de Vargas Llosa o que asemeja un esperpento político de hace 100 años no propio del siglo XXI. Existe un debate sobre si la democracia puede ser universal o si hay sociedades que por su propia cultura no pueden vivir en democracia y prefieren los gobiernos autoritarios. ¿Será este el caso de Nicaragua?

Al final lo que nos resta es esperar. Tengo la impresión de que la locura orteguista en algún punto colapsará por su propio peso como el régimen de Napoleón en Rebelión en la Granja. Es como ver un árbol podrido enorme que poco a poco se va doblando. Que brotará de allí es lo que realmente debe preocuparnos, porque es imposible de predecir.

Al final lo fundamental es poner las barbas en remojo y recordar que Ortega al igual que muchos otros como él (Maduro, Putin, Bukele) fueron electos democráticamente. Los gobiernos autoritarios solo necesitan que les abran la puerta una vez por las buenas.

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