La prensa valiente ◘ Voz propia

Así como hemos reseñado cómo funciona en México la prensa corrupta, vendida al poder y cómplice de las peores atrocidades, toca hoy hablar de “esa otra prensa”, la prensa valiente.

Nueva entrega de “A ritmo de mariachi: vistazos al México de hoy”

Por Habib Succar G.

El presidente AMLO no se cansa de repetir, casi que todos los días, que su gobierno es blanco diario de decenas de ataques infundados, mentiras abiertas, calumnias y falsedades de todo tipo, por parte de una prensa tradicional que antes era, literalmente, codueña de México, junto a la clase política y los empresarios corruptos. Y es cierto. Pero siempre AMLO hace la salvedad de que no todos los medios, ni todos los periodistas ni columnistas, encuadran en esa prensa llamada popularmente como “chayotera”, es decir, vendida al mejor postor.

Antes el mejor postor era el gobierno federal y los gobiernos estatales, que destinaban jugosos millones de dólares (EUA) para sobornar la conciencia y la pluma de medios y periodistas y columnistas y, de manera muy especial, a los llamados “intelectuales orgánicos”, esos que se supondría que son librepensadores, críticos del poder de turno (sea cual sea) y, por tanto, “mentes indomables”, conciencias libres, fuera del alcance de las billeteras de políticos y empresarios; craso error.

Pero, ¡oh paradoja!, hoy el mejor postor son los políticos opositores, los grandes empresarios corruptos (aclaro: hay muchísimos empresarios que funcionan dentro de la legalidad) y los también corruptos gobernadores estatales del viejo régimen (PAN, PRI + MC) como Javier García Cabeza de Vaca, Enrique Alfaro, Silvano Aureoles, Diego Sinhué, Alfredo del Mazo, Alejandro “Alito” Moreno, etc. Estos operadores políticos y empresariales pagan jugosas sumas a medios y periodistas para sostener una campaña diaria de ataques el gobierno de AMLO. Y, en el caso de los gobernadores, pagan a los medios para silenciarlos, para que vuelvan a ver para otro lado y no mencionen ni por error, todos sus constantes actos de autoritarismo y corrupción, incluyendo todos los delitos electorales que se le podían haber imputado para la campaña del pasado 6 de junio y que se quedaron en el tintero de la prensa venal.

Sin duda, hay un axioma muy cierto: una democracia robusta y funcional demanda una prensa independiente, crítica y seria, que esté constantemente escrutando todo el aparato del estado y la sociedad en general. Esto sin duda es un ideal, no somos tan ingenuos de pensar que ese tipo de prensa exista en algún rincón del planeta, pero es un norte, una guía de por dónde debe ir la prensa en una sociedad democrática.

Posiblemente la práctica de censurar o comprar a la prensa viene desde décadas atrás con “la dictadura perfecta”: el largo gobierno del PRI durante casi todo el siglo XX. De modo que se encuentran como perlas preciosas aquellos periodistas que arriesgaron todo: su futuro, su patrimonio, su familia y hasta su vida por realizar un periodismo independiente. Y los hay.

El periodismo valiente

Ese es el periodismo valiente, lo contrario de los “chayoteros”. Estaban ahí, fuera del radar de los grandes medios de prensa, haciendo silenciosamente y contra viento y marea, una labor de investigación de muchas corruptelas e injusticias cometidas al amparo del poder que normalmente debían publicar como libros porque si algún medio, aunque fuera un pequeño medio independiente, osaba publicar denuncias contra los amos del poder, corrían el riesgo de la censura de diversas formas, las amenazas directas a sus vidas, las detenciones arbitrarias, las desapariciones y finalmente, los asesinatos.

Ejercer ese tipo de periodismo valiente en México ha sido, durante los últimos 30 años, realmente un acto de arrojo frente a la muerte, que era una posibilidad muy real para un periodista honesto y crítico del poder. La lista de esas(os) periodistas, dichosamente, es muy grande, aunque haya sido diezmada en las últimas décadas por asesinatos cobardes, muchas veces ejecutados por interpósita mano, es decir, en muchas ocasiones los poderosos se coludieron con organizaciones criminales a quienes encargaron asesinar a periodistas, para no verse ellos directamente involucrados.

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Se calcula que, en el periodo 2000 ̶ 2020, fueron asesinados en México 165 periodistas, ubicando así al país en un deshonroso lugar entre los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo. Muchos de esos crímenes se adjudican a cárteles de la droga o delincuencia organizada de diverso tipo, pero lo cierto es, como ya dijimos, que en muchas ocasiones ha habido una colusión entre el poder político y la delincuencia organizada, encargándose a los delincuentes la comisión de estos asesinatos, para librar a los autores intelectuales de posibles acusaciones. Esto es, ciertamente, un problema muy complejo que está ligado a la narco ̶ política que todavía sobrevive en algunos estados de la federación.

Por dicha hay una lista de sobrevivientes que dan lustre al periodismo investigativo y de opinión independiente. Hay muchos casos célebres de mujeres y hombres de enorme valentía que han contribuido con sus reportajes, investigaciones y opiniones a ennoblecer la de por sí delicada labor del periodista. Voy a citar solamente unos pocos casos que ilustran cómo el antiguo régimen del PRIAN (PRI + PAN) lidiaba con el periodismo independiente, que rechazaba “el chayote” y, por tanto, era crítico del poder.

Manuel Badillo. Investigó y descubrió toda una trama de corrupción con fondos públicos (“la partida secreta”) del gobierno de Carlos Salinas y quiso publicar una serie de reportajes al respecto, pero en El Universal recibieron presiones “de arriba” y le prohibieron publicar esas denuncias, aunque a cambio le seguirían pagando jugosos salarios. Él rechazó la censura, renunció y se independizó, para lo cual fundó la revista Contralínea, donde publicó todas las denuncias y se convirtió en una trinchera por la verdad y la decencia periodística.

Carmen Aristegui. Dichosamente fue una perseguida, censurada, que los presidentes Felipe Calderón y luego Enrique Peña Nieto ordenaron despedir de sus respectivos trabajos en radio. En ambos casos hubo de por medio reportajes de investigaciones que no gustaron a los amos del poder. Durante el sexenio de Felipe Calderón Aristegui enfrentó dos despidos, y, en el segundo, medió una nota curiosa, porque el presidente enfureció cuando Aristegui lanzó una pregunta incómoda en uno de sus programas: “¿Tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la República?, preguntó…” Y eso fue suficiente para perseguirla.

Lydia Cacho. Esta valiente mujer lleva muchos años investigando y denunciando las redes de pedofilia, pornografía infantil y trata de niñas en México y el resto del mundo. Ha publicado varios libros y ha recibido distinciones por su labor. Pero fue amenazada de muerte, encarcelada, vejada y tuvo que huir del país para salvar su vida, pero nunca dejó de investigar y denunciar sobre la explotación sexual de niñas. Sus valientes denuncias, con nombres y apellidos, ha logrado poner tras las rejas a los peores delincuentes de este horrendo negocio, en el que demostró los lazos que unen al poder político con la delincuencia organizada internacional y local. Sus captores y torturadores hoy guardan prisión esperando juicio.

Jesús Lemus. Este valiente periodista fue una víctima más del omnipotente “policía estrella” del sexenio de Felipe Calderón: Genaro García Luna, quien era secretario de Seguridad Pública y el hombre más poderoso de México, coludido con el narcotráfico y la delincuencia organizada, que hoy guarda prisión en Nueva York esperando juicio. Jesús Lemus fue injustamente encarcelado por sus reportajes críticos y fue torturado durante varios años. Ha publicado varios libros y sigue actualmente con su labor periodística de investigación y denuncia de las atrocidades del antiguo régimen del PRIAN.

Anabel Hernández. Esta periodista se ha especializado en investigar y denunciar todo el negocio del narcotráfico en México. Es una verdadera experta en el tema y ha publicado varios libros al respecto. Desde muy temprano en su trabajo investigativo fue amenazada de muerte junto con su familia y tuvo que huir del país. Ha desentrañado de manera profunda el modus operandi de los cárteles de la droga y su más reciente libro El traidor, es sumamente revelador sobre el Cártel de Sinaloa, además de otra obra sobre el Chapo Guzmán y su muy famoso libro sobre La verdadera noche de Iguala, que desentraña el genocidio contra los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Guadalupe Lizárraga. Periodista de investigación que se ha venido enfrentando desde hace muchos años, a todo el inmenso poder de una mujer emblemática del viejo régimen corrupto del PRIAN: Isabel Miranda de Wallace. Guadalupe ha desentrañado la patraña del supuesto secuestro y asesinato del hijo de Isabel Miranda y cómo sus padrinos del poder (Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto), le facilitaron ejercer un dominio impresionante sobre el Poder Judicial y, en colusión con Genaro García Luna y luego con su mano derecha, Luis Cárdenas Palomino, cometer toda clase de delitos contra los Derechos Humanos de muchas víctimas inocentes que todavía, 15 años después, guardan prisión sin acusación ni sentencia. En estos momentos en México se ha reactivado una denuncia contra Isabel Miranda de Wallace, gracias a la cruzada por la verdad que emprendió hace años esta valiente periodista que, desde luego, ha sido amenazada de muerte, espiada y perseguida.

La lista, por suerte, es enorme. Podemos seguir citando casos notables de periodistas, mujeres y hombres valientes, que han antepuesto la búsqueda y difusión de la verdad por encima incluso de sus propias vidas.

Baste solamente citar estos pocos casos para darnos cuenta de que hay una enorme reserva moral en México, en cada periodista que lucha día con día por adecentar la profesión y convertirla en una herramienta para democratizar la vida política en México, en todos los niveles.

Denise Dreser

Ante el ominoso ejemplo de los periodistas y columnistas chayoteros como Raymundo Riva Palacio, Carlos Loret de Mola (“Lord Montajes”), Denise Dresser, Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga (“El teacher”  ̶ pero del chayote), Adela Micha y un larguísimo etcétera, la dignidad y el profesionalismo de Aristegui, Lemus, Hernández, Lizárraga, Cacho y Badillo aquí citados, con un largo etcétera, dimana luz y esperanza sobre el futuro de México, sobre todo con un gobierno que actualmente no censura, no amenaza y no desaparece y asesina a los periodistas por realizar su labor social de transparentar los procesos sociales, políticos y económicos en una democracia, y tampoco les paga su chayote para que distorsionen la realidad y “callen como momias” los abusos del poder.

La gran paradoja, que resultaría cómica sino fuera tan estridente, es que estos periodistas chayoteros, más algunos “intelectuales” entre los que sobresalen Enrique Krauze y su hijo León, Héctor Aguilar Camín y otros de ese pelaje, se la pasan casi gritando todos los días que AMLO los persigue y los censura, y se permiten a diario lanzarle insultos y frases difamantes, sin consecuencia alguna, porque precisamente AMLO no toma represalias como en el pasado hacían los presidentes del PRIAN, cuando estos chayoteros callaron y solamente abrieron la boca y usaron sus plumas para alabar al poder corrupto, autoritario y hasta asesino.

¡Hasta la próxima!

23 de julio 2021

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