La ignorancia juega en contra: troles y fanáticos en las redes sociales ◘ Opinión

Por suerte, tengo la esperanza, como muchos más, de que la decencia esté trabajando, cumpliendo su papel y siguiendo sus sueños en la calle, en sus trabajos y en otros lugares…

Este cuento es para narrarlo en los parques, en la plaza y en la cafetería o en la fiestas y reuniones. Es alucinante, como triste y vergonzoso, que nuestra Costa Rica elabore estas tenebrosas historias de lo ridículo en medio de lo sublime.

Geovanny «Debrús» Jiménez*

Un usuario puso en un grupo de Facebook denominado «CR: Foro Nacional» una noticia titulada «Washington quita a Costa Rica de la lista de países en desarrollo» y son cientos que brincan de múltiples maneras; en total llevaban 820 veces compartido el enlace.

En las decenas de comentarios, en su mayoría, la indignación y las frases como «vamos de mal en peor» o «tras de cuernos, palos», invadieron el post. En general, la dinámica de culpar al PAC o al Gobierno se impuso, pero nadie leyó la noticia para entender en qué consistía realmente.

Luego, en la misma casa terrorífica (el mismo grupo), otro usuario escribió en el muro principal, donde pululan las telas de araña y los fantasmas creados para espantar la sensatez y la razón, «Costa Rica deja de ser «un país en desarrollo» o «menos desarrollado» y todos lloran y culpan al Gobierno. ¿Es real tanta ignorancia?»

Y no tardaron en salir los fantasmas y el ruido de trompetas y rechinidos en las puertas se impuso. Expresiones como «¿de quién iba a hacer entonces?», «Claro que es culpa del Gobierno y del PAC», «el ignorante es usted», «otra foca Paclover» y afines. Todos reforzando, en concreto, que la culpa es del Gobierno.

En general, la gran mayoría no entendió la expresión, no se dieron cuenta nunca que estaba en realidad alabando al PAC, diciendo que es culpa del PAC que el país ya no esté en una categoría de «menos desarrollado», es decir, que sea un país más desarrollado. La lógica elemental se los come por sus amplios deseos de atacar al Gobierno como sea y quedan en ridículo.

La ignorancia juega en contra, pero también la necedad. Muchos de quienes participan en estos grupos son troles (pagados o no) que por supuesto no dedican sus minutos de labor a la lectura y, por tanto, usualmente se enredan en sus propios mecates, son fantasmas que terminan por definitivamente delatarse. Otros son fanáticos con tanto odio en la bilis que no puede mirar nada más que aquello que desean fervientemente mirar. La mayoría de ellos con escasos razonamientos y recursos para asustar a los pocos visitantes de esa casa, quienes finalmente terminan por irse aburridos de tanto susto fallido.

En el gran tema en estas casas de sustos es que hacen más bulla los mal intencionados y los troles, mientras los buenos callan y algunos incluso replican la mentira y el ardid en sus muros. Como en la política, los buenos no quieren participar porque no quieren ser insultados, vilipendiados y maltratados (y su familia) por «hordas de estúpidos e ignorantes», como dijo Humberto Eco de las redes sociales.

Finalmente, la ignorancia o el desconocimiento se revela a sí mismo, no es necesario delatarlo mucho, pero cuando se hace así no faltará quien saque los buuuuu de las etiquetas: «arrogante, soberbio, presumido y otros afines». Es cierto, lo mejor es no confrontar la ignorancia con soberbia o arrogancia, lo mejor es dejarla que juegue en su contra, que finalmente cada quien se delate a sí mismo por sus palabras. Pero a veces se necesita un empujón para que eso suceda.

Por suerte, tengo la esperanza, como muchos más, de que la decencia esté trabajando, cumpliendo su papel y siguiendo sus sueños en la calle, en sus trabajos y en otros lugares; en lugar de andar destruyendo los empeños de otros, en lugar de estar metidos en esos grupos. También, por suerte, esos troles se desempeñan en esos espacios y ahí son ubicables y controlables para que todos podamos estar atentos cuando quieren hacer daño a las personas dignas, respetuosas y decentes que sí aportan al país.

Cuando Mark Zuckerberg abrió los grupos en Facebook (esas casas fantasmales) debió prohibir los foros políticos, porque es ahí donde -en su mayoría- están esos fantasmas que pervierten la verdad y corrompen la opinión pública de los países; es el espacio donde hacen daño. Aunque, ciertamente, esos grupos también son reflejo de nuestra realidad. Finalmente tampoco podrá prohibir los grupos de WhatsApp y otros donde esas personas difunden y construyen mentiras y destrucción.

No se necesita ser PAClover o «PLNPUSCPAClover» (no es broma, lo he visto) o presuntuoso intelectual o muy brillante para darse cuenta que las masas pueden ser manipuladas para el beneficio de unos pocos. Las redes permiten que millonarios y grupos sin decencia social o política financien troles que provocan ataques masivos a páginas y usuarios por expresar sus criterios en contra.

Las redes permiten incluso que a través de ellas se orquesten ataques a un Gobierno democráticamente elegido o a personas dignas y decentes que luchan por hacerlo excelente (como le sucedió a Hanna Gabriels); permiten que grupos de energúmenos llenos de odios se impongan e incluso amenacen en los personal a quienes tienen mejores razones y valores.

Hay personas que se dicen humildes y bendecidos que luego están amenazando con agresiones a quienes piensan diferente. El fanatismo y la irracionalidad pueden conducir a la estupidez, estamos en la época en que la razón (la ciencia) lucha de nuevo contra la fe (las creencias), como sucedió en la Ilustración. Ya no importa decirle a alguien que la luna no es de queso, si esa persona decide «creer» que sí es queso. Y si no me creen, vean a los terraplanistas, dispuestos a morir incluso por defender una creencia absurda que va contra todo conocimiento científico que tenemos. Y las redes permiten todo eso.


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*Escritor, educador, politólogo y gestor cultural costarricense con varios libros publicados en las ramas de novela, cuento y ensayo. Autor de cientos de artículos sobre temas sociales, políticos y culturales. Director de Culturacr.net.

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