La evidente farsa de Nidia Céspedes ◘ Voz propia

Artículo de opinión. ¿Con pena o con reproche? Lo de Nidia Céspedes huele y sabe a farsa por donde se mire.

Al principio sentí pena por el ridículo que hacía, asocié su acto circense a esa orgiástica compulsividad pentecostal de expresarse con gritos, retorsiones y de manera insensata en el culto.

Sin embargo, cuando me entero que sus motivos son, supuestamente, una manifestación por los indígenas asesinados en la lucha por la recuperación de tierras y una propuesta de ley de aborto que no ha sido presentada, entonces comprendí no solamente que se trata de un farsa, sino de un montaje.

Entonces me pregunté, ¿esta señora es realmente consciente, se entera, que sus aliados políticos internacionales, como Jeannine Áñez en Bolivia (amiga de Fabricio Alvarado, su líder), Jair Bolsonaro en Brasil y el mismo Dónald Trump en Estados Unidos (a quien su grupo defiende a capa y espada), son personajes claramente xenofóbicos y racistas?

La señora Céspedes no puede atribuirse una lucha por derechos indígenas, cuando Áñez en Bolivia mandó masacrar con el ejército a cientos de indígenas en Bolivia con una biblia en la mano. Cuando Bolsonaro ha quemado, deforestado y robado al pueblo indígena de Brasil sus hogares en la selva amazónica, a favor de la explotación de esas tierras por parte de comerciantes y empresarios no indígenas. Cuando Trump quiso construir un muro para separar a su país del resto de mestizos latinoamericanos, a quienes ha tratado de muchas formas, todas ellas negativas y despectivas.

El otro motivo que arguye Céspedes es oponerse a una supuesta ley a favor del aborto hasta las 14 semanas, pero resulta que en la corriente legislativa no existe ese proyecto. Porque, seamos claros, yo respeto a quienes se oponen al aborto, yo mismo no estoy de acuerdo con abrir ese portillo para la irresponsabilidad sexual en una sociedad aún inmadura, que tiene mil formas de prevenir un embarazo, incluyendo la pastilla del día después y el aborto terapéutico para proteger la vida de la madre. Pero ese no es el tema aquí.

Por otro lado, si ella protesta por la norma técnica del aborto terapéutico eso ya es absurdo, no solamente porque es asunto de agua pasada, sino porque están amplísimamente demostrado que esa norma era tan necesaria como prudente y sana para el ejercicio médico, y que nunca, de ninguna forma, implica una licencia para el aborto libre.

El punto es que lo de Nidia Céspedes coincide con el pronunciamiento de la Procuraduría de la Ética de Jonathan Prendas por faltar a la probidad, un delito para el que los diputados tienen inmunidad. El paladín de los ataques hacia el “gobierno corrupto” y que rasga las vestiduras en diarias poses contra supuestos escándalos de corrupción, quien exige abrir comisiones legislativas por cualquier cosa contra el Gobierno, hoy calla descaradamente frente a las acusaciones de la Procuraduría.

Por eso no es de extrañar que el montaje de Nidia Céspedes, interponiendo incluso su dignidad como persona, tenga relación con el caso de Prendas, pero no con supuestas luchas en contra del aborto o de los asesinatos de los indígenas.

Es tan evidente el montaje que no es extraño que la legisladora se haya basado en el maltrato que sufrieron varios indígenas en agosto de 2010 por parte de la Fuerza Pública, cuando 21 de ellos se quedaron dentro del Congreso para protestar y pedir la aprobación de la Ley de Autonomía Indígena (una deuda pendiente). Luego fueron arrastrados y expulsados vilmente.

Sin embargo, es muy diferente en lo que ella y sus compinches creen. ¿Títere o protagonista? Lo cierto es que Céspedes no ha logrado convencer a nadie razonable de que su lucha es válida, y más bien parece un llamado de atención a los medios de comunicación para ganar protagonismo, aunque sea con sus fieles, porque el resto del país solamente ve un triste, indecoroso y deplorable espectáculo para una diputada de la República.

¿Con pena o con reproche? Lo de Nidia Céspedes huele y sabe a farsa por donde se mire.

Este es un artículo de opinión.

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