La encrucijada energética de Andrés Manuel López Obrador ◘ A ritmo de mariachi #30 (columna)

La dependencia mundial de los combustibles fósiles fundamenta la política de Andrés Manuel López Obrador sobre la producción, refinación y consumo de los derivados del petróleo y del gas.

A ritmo de mariachi de Habib Succar G.
Por Habib Succar G.

OPINIÓN. Por Habib Succar Guzmán. A raíz de la publicación de un artículo del distinguido académico Alberto Salom analizando la encrucijada de la política pública energética, referida a la producción y uso de combustibles fósiles que ha venido promoviendo el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) durante su sexenio de gobierno (2018 -2024), me he motivado para compartir alguna información útil para tratar de comprender mejor esta problemática, simplemente para agregar más elementos de juicio en este tema tan candente.

Visión de largo plazo

Es un hecho que los países más contaminantes por emisiones de CO2 de la Tierra son China, EUA, la Comunidad Europea y muy lejano en la fila, se encuentra México. En su visión estratégica global, AMLO sabe que todos los científicos y especialistas conocedores del tema, coinciden en que los combustibles fósiles (petróleo y sus derivados, gas y carbón) seguirán siendo una fuente fundamental y preponderante de energía para la humanidad hasta 2050 aunque con una clara tendencia decreciente en el tiempo. Simultáneamente, los países deben ir a mayor o menor velocidad según el caso, migrando sus modelos de sociedad y aparatos productivos hacia la producción y uso intensivo de energías limpias (hidroeléctrica, eólica, solar, hidrógeno, etc.) que irán progresivamente aumentando mientras disminuye el consumo de energías fósiles o “energías sucias” contaminantes que producen mucho CO2.

Con esta perspectiva de largo plazo, es indudable que un país con suficientes recursos petroleros para auto abastecerse durante varias décadas, estaría pagando un altísimo costo económico si decide apostarlo todo a las energías limpias (hidroeléctricas, eólicas, fotovoltaicas, hidrogenadas, etc.) de un solo golpe y no hacer una transición progresiva y sostenida hacia las energías limpias mientras se auto abastece de las energías fósiles de que dispone de forma inmediata, tomando en cuenta que la transición conlleva un costo económico mucho más alto en su etapa actual, incipiente si se quiere.

Bioluminiscencia tour Costa Rica
Mientras los carros eléctricos no dominen las calles de las mayores ciudades del mundo, la energía verde, las energías limpias, seguirán haciendo cola hacia el 2040 o más. Pragmatismo.

Los dos motores mexicanos

La economía mexicana actual cuenta con dos motores básicos para su desarrollo: la energía hidroeléctrica y la fósil o petrolera. No obstante, cuando AMLO asume la presidencia, sabe que la situación energética de México es poco menos que caótica, porque se ha desfigurado el modelo de producción de manera artificial y mafiosa, para beneficio de las empresas transnacionales y en franco deterioro (hasta su exterminio previsible) de las dos empresas insignia de la producción energética hidroeléctrica y petrolera: la CFE y PEMEX, ambas estatales.

Cuando digo modelo mafioso, me refiero a la “Reforma energética” promovida y aprobada durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto (EPN, 2012−2018) donde se conjuntaron votos del PRI, PAN y PRD para modificar la Constitución y para, supuestamente, llevar a México aceleradamente hacia las energías limpias (sic). (Continúa abajo…)

Ya vamos a ver algunas acciones concretas de esa reforma, pero hay que señalar de entrada su “origen mafioso”: la aprobación legislativa (Diputados y Senadores) de las reformas a la Constitución que demandó esa reforma de EPN, fue comprada mediante jugosos sobornos pagados a legisladores con fondos obtenidos de la empresa Oderbrecht, la cual se vería beneficiada a la larga por escandalosos “negocios” que se realizaron luego al amparo de dicha reforma energética y, sobre todo, por el compromiso del gobierno de EPN de favorecer indebidamente a Oderbrecht con contratos leoninos sumamente perjudiciales para la nación/erario mexicano (Ya Oderbrecht había entregado US$10 millones para la campaña electoral presidencial de EPN en 2012).

No nos vamos a extender aquí sobre estos “negocios turbios” (“tranzas” como les llaman en México) porque no es el objetivo de este artículo, pero sí dejamos por sentado que el nuevo modelo energético constitucionalmente aprobado a partir de 2013 en México, es espurio y se basa en dos premisas muy claras: una, destruir las empresas del estado productoras de energía: la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (PEMEX), y dos, la cesión mafiosa del mercado energético mexicano a empresas transnacionales en claro perjuicio del erario mexicano, con condiciones contractuales asombrosamente ruinosas para la nación.

Para decirlo con todas sus letras: la reforma energética de Peña Nieto fue un complot de la clase política−económica−más−empresas−transnacionales en contra del pueblo de México. Fue traición a la patria, sin más. Pero ya venía fraguándose desde el gobierno de Felipe Calderón (2006−2012) a tal extremo que, al final de su gobierno, tanto Calderón como su secretaria de Energía, pasaron a formar parte de la planilla de Iberdrola, uno como asesor y la otra como funcionaria de planta. ¡Qué descaro y qué indignidad! (Las puertas giratorias en todo su “esplendor”: un escándalo que, según AMLO, constituyó una humillación a México). Se trata claramente de un proyecto de las élites económico−políticas que trasciende dos gobiernos neoliberales.

Entonces, AMLO encuentra en 2018 que la C.F.E. y PEMEX son dos empresas públicas en vías de extinción, con unas finanzas muy deterioradas y en el caso de PEMEX, con un nivel de endeudamiento que la pone en quiebra técnica. Esto ya él lo sabía y también, desde 2006 cuando fue candidato presidencial por vez primera, ya había planteado un programa político reivindicativo del papel protagónico que CFE y PEMEX debían jugar en la economía y el desarrollo mexicano como un todo. No había sorpresas de uno u otro lado.

Todas las acciones legales y prácticas que se derivaron de la tal reforma energética llevaban como fin último la privatización de hecho de los servicios de la CFE y PEMEX, porque no se atrevieron a plantearlo de forma directa a nivel legislativo. Sería un proceso de lenta agonía y progresiva participación de las empresas privadas, sobre todo transnacionales, en la producción de energía, con el mantra de que había que migrar hacia “energías limpias” (sic).

En la parte de generación eléctrica, primero se estableció que “la energía hidroeléctrica no es limpia” (sic) y que debía fomentarse primeramente la producción de energía eólica y también fotovoltaica, algo que se hizo muy parcialmente, sobre todo con fines publicitarios. Iberdrola (una transnacional supuestamente española que es propiedad de Black Rock), jugó aquí el papel protagónico y ha sido la gran beneficiada de esta “reforma energética”. En la parte petrolera, no solo se dejó de invertir en las 6 refinadoras establecidas en el país para convertirlas pronto en casi chatarra, sino que PEMEX bajó su producción de 2,5 millones de barriles diarios a 1,3 millones; ambas acciones se justifican “porque es más barato enviar el crudo a Texas a las refinerías de EUA y luego importar las gasolinas y derivados ya refinados”. Un pequeño negocio de importación de US$10 mil millones ($10.000.000.000) al año en 2018. Igualmente, el abanderado del PAN (oposición al PRI, 2013), Ricardo Anaya, en el proceso de aprobación de la reforma energética dijo y repitió mil veces en todo lugar que “el petróleo va de salida”, para justificar el abandono de PEMEX y la necesidad de la tal reforma energética.

Es una gran tentación entrar en muchos detalles de cómo instrumentaron todas las políticas de entrega de la riqueza mexicana a las transnacionales y cómo el proceso de deterioro de CFE y PEMEX se fue concretando, pero no es ese el tema aquí.

La estrategia de Andrés Manuel López Obrador

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un político nacionalista, estaba clarísimo desde 2 décadas atrás que era un imperativo apuntalar a PEMEX y a la CFE, contrario a todo lo que venían haciendo los neoliberales desde fines de los años 90 y que tomó fuerza constitucional y legal a partir de 2013. (Continúa abajo…)

El rescate de PEMEX a partir de 2019 le costó al gobierno federal decenas de miles de millones de dólares EUA y era criticado diariamente por los “expertos economistas neoliberales” que llenaban las páginas de los periódicos y los programas “de análisis” (¿?) de la TV y la radio. Sanear sus finanzas ha sido un proceso lento y ha requerido ingentes subvenciones del gobierno. PEMEX produjo utilidades para el gobierno federal, entre los años 2000−2012 por más de US$500 mil millones (sí, leyó bien: más de quinientos mil millones de dólares EUA) en impuestos y cargas parafiscales y otros. Nadie sabe a ciencia cierta en qué se gastaron los gobiernos de Fox y Calderón semejante fortuna. Pero, simultáneamente, durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, se dejó de reinvertir en PEMEX y se inició con una práctica constante de endeudar a la empresa hasta llevarla a niveles de casi insolvencia en 2018. Si a todo ello le sumamos que durante el 2020 (pandemia) el petróleo llegó a valer −$20 el barril, podemos imaginar cómo los opositores a AMLO criticaron sin descanso la política de recuperación de PEMEX.

Caso contrario, a partir de 2021 con la subida incesante de los precios del petróleo y ni se diga durante este 2022, los ingresos de PEMEX por venta de crudo, sumados al aumento constante de la producción (actualmente en 1,75 millones de barriles diarios) ha dejado cuantiosas ganancias a la petrolera y al erario mexicano vía impuestos y demás cargas parafiscales.

Simultáneamente, en 2021 el gobierno se plantea la adquisición de la refinería texana Deer Park, de capital holandés (51%) y mexicano (49%). “La transacción forma parte de la estrategia del presidente, Andrés Manuel López Obrador, de priorizar la refinación de gasolinas para reducir la importación de grandes cantidades de combustibles del extranjero” (El País), compra que autoriza el gobierno de Biden en 2021 y se finiquita en 2022.

Y ya desde 2018, antes de asumir las riendas del gobierno federal, el presidente electo había encargado a la Ing. Rocío Nahle, la coordinación del proyecto de construcción de una nueva refinería en el municipio de Dos Bocas, Tabasco, misma que fue inaugurada en tiempo récord en su primera etapa el 1° de julio recién pasado (2022), a un costo inicial de US$8.000 millones y que ya va alcanzando la suma de US$12.000, debido a las obras adicionales que se han aprobado recientemente, para aprovechar el gas que se produciría en la Refinería Olmeca, como se llamó a esta gigantesca obra. Según ha dicho el geopolítico Dr. Alfredo Jalife, con solo los sobreprecios del petróleo arriba de los US$100/barril en 2022, PEMEX ha obtenido utilidades suficientes para financiar la Refinería Olmeca y ha reportado utilidades adicionales para que el gobierno federal haya establecido desde hace 4 meses un subsidio a la venta de gasolinas y diésel, como parte del plan para contener la inflación en México y que le ha costado decenas de miles de millones de dólares al erario.

Refineria Olmeca2

“Sea como sea, la política de estímulos (subsidios a las gasolinas) ha sido eficaz para contener la subida de precios y atajar la inflación. Desde el anuncio de la invasión de Ucrania el 24 de febrero, la gasolina se ha encarecido apenas unos centavos en México” (El País).

El objetivo final de AMLO es la autosuficiencia energética en combustibles fósiles: la producción local aumenta de forma sostenida y se refina y se consume localmente, eliminando así la sangría de importación de gasolinas desde Texas. Súmele a esto que ahora Deer Park es una refinería nacional (en Texas) con capacidad para refinar 340.000 barriles diarios (igual que la Refinería Olmeca cuando entre en producción plena en 2023), lo cual está produciendo ingentes utilidades a PEMEX y al erario mexicano. Adicionalmente, el gobierno federal ha venido invirtiendo más de US$3 mil millones de dólares en la rehabilitación de las 6 refinerías que se habían dejado en completo abandono durante “el periodo neoliberal” (AMLO, dixit) (https://www.bnamericas.com/es/noticias/mejoras-en-refineria-de-mexico-arrojan-resultados-positivos).

Un detalle importantísimo en todo este ambicioso plan de recuperación de PEMEX, es que tanto la construcción de la Refinería Olmeca (US$13.000 millones a la actualidad), la compra de Deer Park en Texas (US$640 millones) y la rehabilitación de las 6 refinerías locales (US$3.300 millones) se están realizando sin recurrir al crédito externo, sino solamente con recursos propios del Presupuesto Nacional, obtenidos con base en una política aplicada desde el 1° de diciembre de 2018 de “austeridad republicana”, la cual sería motivo de otro artículo.

Las energías limpias

Otro tanto ha hecho el presidente AMLO con el rescate a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la estatal que hizo posible la electrificación de todo México en la segunda mitad del siglo XX y que los gobiernos neoliberales desde Salinas de Gortari… Fox, Calderón y Peña quisieron destruir, porque no se atrevieron a privatizarla de una sola vez, ya que no era políticamente viable.

Partiendo de que AMLO considera y ha reivindicado la hidroeléctrica como energía limpia, tan temprano como en 2019, recién inaugurando su gobierno, presentó y se aprobó una Ley de la Industria Eléctrica, que le devuelve a la CFE su papel rector en la producción y distribución de energía eléctrica en México, otorgándole hasta un 54% del mercado y dejando a las empresas privadas el restante 46% (que equivale por ejemplo al 100% del consumo eléctrico de Argentina), lo cual es una enorme tajada de mercado para que prosperen las empresas privadas.

Hidroelectrica

Además, esa ley eliminó las ficciones legales que se materializaron en la práctica en gigantescos fraudes, mediante las cuales algunas empresas privadas construyeron sus plantas hidroeléctricas, eólicas y en menor medida solares, y, en vez de venderle la electricidad a la CFE, se la vendían de forma  ilegal y directa a grandes consumidores y ciudades y regiones completas, usurpando la facultad de distribución de la CFE, pero utilizando sin pago alguno toda la infraestructura de distribución de la empresa estatal (nos suena muy parecido a lo que previamente se hizo aquí con el ICE y la SUTEL).

De las 26 plantas hidroeléctricas que poseía la CFE, muchas estaban prácticamente inoperantes y otras, con 6 turbinas, solamente operaban con 1 o 2 turbinas, todo para darle prioridad a la energía producida por empresas privadas (aquí nos adelantamos 20 años con la ley de apertura eléctrica del ICE). A esta nociva práctica hay que agregarle una serie de fraudes más que no es el caso reseñar aquí, pero que todo junto, a la postre, drenaba las finanzas y la participación de mercado de la CFE. “De 109 participantes en la generación de electricidad en México, según un reporte oficial de enero pasado (2021), 102 eran compañías privadas de capital nacional y extranjero.”

Esa Ley de la Industria Eléctrica fue cuestionada y suspendida en su ejecución por cientos de recursos de amparo que interpusieron las empresas privadas, locales y transnacionales, cuestionando su constitucionalidad, y no fue sino hasta abril de 2022 que la Suprema Corte de Justicia rechazó los amparos. A partir de aquí, inició una nueva etapa para la CFE y para la matriz energética de México, donde esas 26 plantas hidroeléctricas, más otras en construcción, suplirán con creces ese 54% del mercado que ahora le corresponde atender a la CFE, que en 1978 atendía el 100% del mercado, y en 2018 había llegado al nivel de 36% del mercado y en 2026 cubriría solo el 18%. De ese tamaño era la política de destrucción de la CFE planeada por los neoliberales.

Transición hacia energías limpias

En estos momentos el gobierno federal está construyendo en los desiertos de Sonora, la granja de celdas fotovoltaicas más grande de Latinoamérica. Igualmente, hay otros planes para explotar el recurso solar en otros estados de la Federación. Sin embargo, la tesis del gobierno es muy simple y radica en que la energía hidroeléctrica es limpia y que en todo el sureste de México abunda el agua por ríos y lluvias torrenciales de temporada, siendo la fuente principal de energía eléctrica para el momento en que también el parque automotor sea mayoritariamente eléctrico, más allá del 2035.

Mencionemos brevemente que el programa de reforestación “Sembrando vida” promovido por AMLO desde 2019 en todo el país, especialmente en el sur, es el programa de reforestación más grande del mundo que se viene desarrollando y que se está exportando también a El Salvador y Honduras. Ese programa tiene un costo anual de US$1.400 millones y tiene a 500.000 pequeños campesinos sembrando maderables y frutales. Es la recuperación forestal sostenible de más de un millón de hectáreas en el sur de México y es un motor para la economía sustentable de los campesinos de la región, evitando así su masiva migración a los EUA, por falta de medios en los estados del sur, empobrecido por la dejazón de los gobiernos neoliberales.

Programa Sembrando vida de Andrés Manuel López Obrador AMLO.

Podemos concluir con esta brevísima reseña, que la encrucijada energética que enfrentó AMLO al llegar al gobierno en diciembre de 2018, ya estaba resuelta en su programa ideológico y de gobierno desde 2006, porque se dirigía a lograr la auto suficiencia energética en combustibles fósiles (producción, refinación, distribución) para sostener el parque automotor hasta pasados los años 30 de nuestro siglo, cuando haya un claro declive de la producción y uso de gasolinas y diésel y su clara sustitución por vehículos eléctricos; por otro lado, se dirige a reforzar la producción de energías limpias mediante las plantas hidroeléctricas y una progresiva construcción de granjas solares y parques eólicos, como los que hay actualmente en construcción.

Mal hubiera hecho AMLO por apostar apresuradamente a la transición hacia la producción eólica y solar, desechando a PEMEX y la CFE, y de haberlo hecho, estaría hoy con el mismo dilema europeo, una auténtica encrucijada, con una inflación nunca vista por el aumento de los energéticos y una fuerte dependencia del exterior para mantener en movimiento y desarrollo la economía mexicana. Su decisión inteligente ha sido una combinación de todas las fuentes, garantizando eso sí, la auto suficiencia energética de hidrocarburos e hidroeléctricos, con una progresiva complementación con energía solar y eólica.

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1 thought on “La encrucijada energética de Andrés Manuel López Obrador ◘ A ritmo de mariachi #30 (columna)

  1. Lógicamente estamos de acuerdo con la propuesta de energía limpia. Como también con la parte ecológica y ambiental que ha hecho un paraíso de nuestro país. Sin embargo hemos estado perdiendo tiempo y dinero al no explotar el oro aún escondido en nuestras montañas, como el petróleo cuyos proyectos se dejaron en el olvido desde hace años.

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