La desinformación y manipulación que mata ◘ Voz propia

¿Cómo una persona comprometida con la vida y con los demás pudo terminar negando la realidad de la pandemia y la vacuna como única opción de respuesta a nivel colectivo?

OPINIÓN. Por Ignacio Navarrete G*. Ayer fuimos a una ceremonia para despedir a una amiga. Era una amiga de la vida, vecina de nosotros y madre de dos hijas de edades similares a los chicos de mi casa. A lo largo de los años terminamos compartiendo una gran cantidad de actividades y momentos que nos llevaron a ser familia postiza, además de sintonizarnos en muchísimos temas, porque era una persona progresista y solidaria, siempre comprometida con los demás.

El viernes pasado a sus 60 años murió por COVID-19. Tenía tanto miedo a la vacuna que fue la única de toda su familia que no se vacunó, se contagió y terminó muriendo. Quizás esa sea su única dicha, por no haber contagiado a ningún ser querido, porque normalmente eso no es lo que ocurre. Y su fallecimiento fue muy triste, después de más de veinte días luchando por poder respirar y que su cuerpo tuviera las defensas para poder responder al virus. Los últimos cinco días ya inconsciente, en coma inducido y sin ninguna posibilidad de despedirse de este mundo.

Una persona con una vitalidad contagiosa, llena de proyectos e iniciativas, se apagó en tres semanas, cuando tenía una vida por delante. No solo la sobreviven sus hijas y esposo, sino hasta todos sus hermanos, su madre y su abuela materna, como muestra de genes longevos que también eran los de ella. Y muchos “familiares postizos” la lloraremos egoístamente, aunque nos quedará la gratitud de que nos iluminó con su existencia.

¿Cómo una persona comprometida con la vida y con los demás pudo terminar negando la realidad de la pandemia y la vacuna como única opción de respuesta a nivel colectivo? Los niveles de desinformación y de manipulación con el miedo que vivimos hoy en día, hacen que gente progresista termine actuando igual que las personas más retrógradas.

Es increíble que creencias tan variadas (muchas de ellas totalmente comprensibles y de valor, otras totalmente irracionales), terminen siendo usadas para justificar el temor a vacunarse, la reserva mental ante los avances tecnológicos y el no compromiso con los demás.

Como mejor ejemplo, la publicación de uno de los sindicatos más combativos de Costa Rica, que en vez de exigir respuestas de salud pública eficaces e inclusivas, termina actuando de la mano con los sectores más reaccionarios de la sociedad.

En momentos que en Costa Rica se está implantando la obligatoriedad de la vacuna para todos los funcionarios del sector público, que la ANEP le haga el juego a la caverna muestra el nivel de manipulación que realiza y su falta de compromiso con su gente, al grado de poner en riesgo a sus propios afiliados ante una causal de despido sin responsabilidad patronal. (Continúa abajo…).

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¿Y en qué momento alguien progresista puede sentir que su decisión personal está eximida de responsabilidad ante el colectivo? Se podría entender los cuestionamientos a las vacunas hace un año, cuando la pandemia estaba comenzando, pero al ver que ya hay más de seis vacunas en el mundo reduciendo con efectividad los estragos de la pandemia, todas las justificaciones para su rechazo se caen por su propio peso.

El principio de la libertad, es un principio de acción válida que para los humanistas nos sirve como una norma ética de acción que dice que “Cuando perjudicas a los demás, quedas encadenado. Pero, si no perjudicas a otros, puedes hacer cuanto quieras con libertad[1]

Si a alguien no le preocupan los demás, se podría entender que haga lo que quiera desde su razonamiento egoísta. Pero, esa lógica no funciona en una pandemia. Hoy en día, vacunarse es un deber, aunque muchos de los opositores asuman el rol de víctima y de “defensores de la libertad”, igual que lo haría el nefasto Donald Trump. 

Si alguien tiene una contraindicación médica contra la vacuna, no solo no debe vacunarse, sino que tampoco debe salir a lugares públicos. Y estos, son una minoría.

Los que no quieren vacunarse, pero sí quieren poder ir a cualquier lado, son unos irresponsables. Y creer que eso es luchar por la libertad, es una actitud cínica, desde la que no se comprende nada de lo que significa el bien colectivo. 

Si alguno de mis amigas y amigos ha llegado hasta aquí y todavía no se ha vacunado, les invito a que lo hagan, no tengan miedo. Seguramente nada les va a pasar y les quedará la satisfacción de haber contribuido a la salud de todas y todos.


[1] Silo, “Humanizar la Tierra” en Principios de Acción Válida, Madrid, Editorial Plaza & Janés, 1989.

*Ignacio Navarrete Gutiérrez. Administrador de empresas y mercadólogo. Consultor empresarial, asesor gerencial, profesor universitario y mentor de startups.

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