REPORTE: La corrupción transversal

Hemos aprendido -todos en este país- que la corrupción no es un asunto institucional, empresarial o partidario, sino que la corrupción es una institución transversal en sí misma, es decir, la podemos encontrar en todo lado…

El pasado 9 de diciembre fue el Día Internacional contra la Corrupción y poco se habló en Costa Rica al respecto. La corrupción pareciera ese cáncer que incluso hemos llegado a tolerar y siempre estamos esperando que salte la liebre, con mucho morbo y poco razonamiento. 

Hemos aprendido -todos en este país- que la corrupción no es un asunto institucional, empresarial o partidario, sino que la corrupción es una institución transversal en sí misma, es decir, la podemos encontrar en todo lado: desde el educador que usa la huelga para no trabajar hasta el empresario evasor que esconde su dinero en paraísos fiscales; desde el partidario o sindicalista que difunde y defiende mentiras hasta quien usa el poder político para su beneficio o el de los suyos; desde el delincuente que mata por dinero hasta el de cuello blanco que roba del Estado.

La corrupción permea todo el Estado y los intereses políticos y económicos viven en puja constante dentro del Estado, pero también en el sector privado. Sindicatos y partidos políticos, así como cámaras, tienen gente en cada rincón del Estado para defender sus intereses, y no importan los medios. 

Y resulta que aún mucha gente no entiende que el Gobierno no es el Estado.

En consecuencia, un Gobierno –en particular uno del Partido Acción Ciudadana, un partido nuevo y sin arraigos en el Estado- es una pequeña lancha con algún poder en un lago de navíos (la democracia). No es un Gobierno como lo conocíamos en el pasado, con poder en todas las esferas del Estado, sino que se trata del mandamás en esa lancha llamada Poder Ejecutivo, con infiltrados producto del clientelismo anterior en los ministerios y en algún personal que ahora tiene a su cargo. Algunos les llaman mandos medios, pero no solo ellos: también están los rasos manipulados por el sindicalismo.

No se trata de exculpar al Gobierno, ni de hacerlo víctima, sino de ponerlo en la justa dimensión en que se encuentra, donde su trabajo depende de los puestos de confianza, jerarquías nombradas y de la legalidad. Imagínese, por un momento, que usted dirige una empresa donde sus empleados no le obedecen a usted, sino a la competencia, y muchos de sus jefes responden a otros intereses también de la competencia, mientras usted y los suyos tratan de ejecutar basándose en el poco espacio de acción que tienen, así como de las leyes y las fuerzas policiales para hacerlas respetar.

Pero hay algo más. Lo que a ahora impresiona es que lo legal y tolerado antes ahora es ilegal y rechazado. Sucede con el caso de Epsy Campbell y también con el pago de exclusividad en varios funcionarios del Gobierno anterior.

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La línea entre lo legal y lo ético, y lo que no lo es, de repente es muy delgada. Nuestra legalidad es un arroz con mango peligroso en el ya nadie se siente seguro al actuar. Los jueces sindicalizados deciden sobre legalidad de huelgas, magistrados decidiendo para proteger sus onerosos privilegios, procuraduría ayer sí, hoy no, o viceversa, una total desproporción de penas entre delitos a la vida y otros de menor calaña, entre otros, son indicadores de esa afirmación. 

Si esos nombramientos y sobresueldos por dedicación exclusiva o prohibición se definen como corrupción, es porque siempre han sido corrupción. Son casos magnificados por los partidos políticos contrarios y la prensa por obvias motivaciones políticas, pero sí creo que el PAC debería tener el doble de cuidado cuando hace esas cosas, no puede simplemente hacer lo mismo sin consultar y sin investigar bien el asunto para no incurrir en ilegalidad o alguna presunción de falta a la ética o corrupción. Sobre todo, si se trata de algo que criticó en el pasado.

Sin duda alguna, también el Gobierno en su pequeña lancha puede hacer corrupción, desviando recursos o ejecutando su presupuesto en beneficio de quienes quiere favorecer.

Pero la corrupción no es asunto solamente del Estado, los sindicatos y los empresarios. Uno no puede leer los comentarios que se encuentran en las cuentas de Facebook de los medios de comunicación sin dejar de sentir mucho desánimo y tristeza por el futuro de nuestro país.  

Por ejemplo, gente que ignora completamente de qué se trata el Pacto Global sobre Migración, y no le interesa saberlo, escupiendo insultos a las autoridades por tomar una decisión que es parte de la naturaleza política y de la tradición diplomática -de paz y respeto de los derechos humanos- de este país.  

¿Cómo es posible que alguien pueda pretender oponerse a algo que NO conoce y que realmente no sabe si es malo o bueno. Son miles siguiendo mentiras con un solo propósito: destruir a otros seres humanos. Y muchos que así actúan se hacen llamar cristianos y patriotas. ¿Cómo podemos defender valores que no practicamos? ¿Qué podemos hacer bien en este país si así actuamos? 

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Manipular masas diciéndole falsedades sobre lo que sucede en la política, aprovechándose de la ignorancia de esas personas, es una nueva forma de mala fe, pero también de corrupción política y social. 

La cautela y la corrección al actuar, finalmente, siguen siendo la mejor guía en el mundo de la política, pero también en la vida cotidiana de cada ciudadano. Este país no es el reflejo de los políticos que tenemos, sino el reflejo de nosotros mismos.

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