La corrosión política en la víspera de unas elecciones otra vez inéditas ◘ Voz propia

El voto silencioso, con el tiempo, ha aprendido a realizar lecturas de esta situación.

OPINIÓN. Las circunstancias siempre cambian. El PAC antes perdió gente valiosa (algunos incluso volvieron) y nunca había sido tan mediatizado como esta renuncia de Paola Vega. Incluso fue “trending topic” en Twitter el tema. Todos los medios sacaron sus versiones, todas ellas negativas al PAC.

Y eso, naturalmente, permitió que las huestes contrarias se lanzaran con tonos apocalípticos, como es usual, indican que el PAC se hunde o se está acabando y demás expresiones ya conocidas desde hace unos 15 años. Ni siquiera la dimisión de Roberto Thompson y Gerardo Corrales en el PLN fueron motivo de tanto escarnio público. Inédito.

Claro, el PAC es ahora el partido de Gobierno y, según los opositores, el grupo a vencer, y todas las guarniciones están listas en ese objetivo. Nunca antes este partido la había tenido tan difícil con tantos grupos, poderes, fuerzas y opinión pública en contra.

Sin embargo, es tanto el énfasis contra el PAC -que no necesariamente se ve a sí mismo como víctima- que están dejando de lado a todos sus demás rivales, una oferta amplia por cierto, y bien financiada según parece. El PAC, por su propia cuenta, a pesar de los escándalos a raíz de esas divisiones que también son naturales a los demás partidos, está silencioso. Espera, quizás, que pase el tiempo y tener entonces el momento de resurgir. ¿Será en esta elección? También es posible.

Aquí el punto es que, la estrategia de tirarle desde todos los lados al PAC (incluso el PAC tirándose a sí mismo) podría generar un efecto contrario. Convierten al partido de Gobierno, a quienes muchos votantes agradecerán sus avances y logros concretos en muchos campos. No se trata de clientelismo, sino de reconocimiento desde un grupo de votantes, silencioso también, que puede finalmente inclinarse por esa razón en su decisión de votos. Se trata del voto silencioso, educado, urbano y de un nivel socio-económico medio-alto, además de idiosincrático, que siempre ha dado el triunfo a este partido político (o sus mejores resultados).

Es muy vaga y mezquina la estrategia de siempre atacar a quienes hacen, bien o mal, pero hacen. Eso habla mal ante el electorado de quienes atacan, porque lo hacen desde la inacción, desde la carencia de logros en favor de la gente, y dejan al agredido en posición de reposo, pero de una oportunidad para aplicar la inteligencia emocional, para retomar principios y proponer soluciones que logren persuadir. El voto silencioso, con el tiempo, ha aprendido a realizar lecturas de esta situación.

A este fenómeno lo defino como la corrosión política. La corrosión es un proceso de deterioro de materiales metálicos y, como metáfora, responde a la idea de que por más firme que sea una idea al usarla tanto y en tantas situaciones tiende a desgastarse porque son sometidas a agentes externos y malas intenciones, más allá de lo cierta o fuerte que haya sido.

En la efervescencia de las redes sociales, pero en particular desde el alcance del odio en Facebook y WhatsApp, se construyen muchos mitos y mentiras que afectan a las diferentes fuerzas políticas. El PAC será verdugo y víctima de eso, como todos los demás posiblemente. Esa lucha encarnizada en esa burbuja de las redes nunca ha sido ni será un reflejo de la verdadera situación y preferencia electoral en Costa Rica. Falsificar encuestas tampoco. (Continúa abajo…)

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Estas elecciones las ganarán, posiblemente con resultados fragmentados, quienes hagan estudios serios y científicos de la realidad electoral y sepan aplicarlos. Y eso no se logra con las acciones repetitivas, gastadas, que antes se aplicaron; hoy cabe más la inteligencia emocional y el análisis realista a partir de los datos. Mientras tanto, todos pueden seguir divirtiéndose con los dimes y diretes de la pasarela de las redes y los medios. Pero la decisión final puede enfrentarse a la corrosión político-electoral.

Por supuesto, no es prudente desdeñar el poder y alcance de los medios y las redes, pero en lo personal percibo que su peso es relativo y, por el momento, insuficiente para producir alguna inclinación electoral, por más evidentes y tergiversados que sean sus esfuerzos editoriales.

En diciembre podremos ver mejor los datos y entender mejor cómo va el asunto, pero mientras tanto los partidos deben hacer un trabajo más serio para comprender (Verstehen, no Erklaren) por dónde va la preferencia, cuál es la idiosincrasia electoral que permanece y cuáles insumos son más relevantes para direccionar mejor la estrategia de campaña.

Sobre este concepto volveré más adelante…

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