Infanticidios recientes: Abismo y vergüenza

  • Este texto del escritor Rodolfo Arias Formoso logra transmitir, más allá de las palabras mismas, una espantosa sensación, una desazón existencial, que nos identifica ante el infanticio. Es literatura en su estado puro, abismo y suspensión sobre la realidad de los infanticidios que hemos conocido estos días en Costa Rica.

Abismo y vergüenza

Rodolfo Arias Formoso

Hay una distancia infinita entre las palabras que leo (un bebé de 13 días murió a consecuencia de violentísimos maltratos) y lo que en realidad significan esas palabras y las demás que amplían la noticia.

Hay un abismo de insondable profundidad entre lo que a mí me duele saber eso (y el asesinato de otro niño, de 5 años) y lo que les dolió a las víctimas, mientras se aferraban a la vida.

Tal vez fue la vida la que se empecinó en resistir en esos niños, quizá fue la sinrazón primordial la que pudrió a los asesinos.

No sé de dónde vino ni por qué existe, pero los colmó de bestialidad, los convirtió en atroces monstruos.

Ya es imposible incluso castigarlos, porque cualquier castigo resultaría al cabo un reconocimiento inmerecido. Borrarlos de la faz de la tierra es concederles que existían.

Hay también una diferencia inmedible entre lo que yo debería sentir y lo que en efecto siento, entre el coraje con el que debería luchar para que esas horripilantes cúspides del salvajismo no ocurran nunca, y la facilidad con la que (después de leer, de gruñir, de comentar con el que esté más cerca) al ratito soy capaz de estar buscando algo que ver en la tele, o calentando agua para un té.

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Y otro foso, quizá aún mayor, se abre entre lo poquísimo que tenían esas criaturitas para defenderse, y la grotesca, vergonzosa, coraza que me recubre.

Mi corteza es mustia y huele a calabozo, a mazmorra: la de mis buenas costumbres. Es mi adiestramiento en la civilización, es mi capacidad de irme a dormir después de saber lo que hoy supe.

Es incluso la intolerable ecuanimidad que requiero para sentarme y escoger cada una de estas palabras.

Soy horrible, porque sabiendo (y viviéndolo tan débil y lejanamente como ya lo he dicho) qué significa lo que estoy leyendo, aún tengo la desfachatez de percatarme que el periodista de La Nación es pésimo.

Escribió que el niño tenía lesiones “en el sector de la espalda” (o sea la espalda) en “el área de las ingles” (o sea las ingles), y “abajo”.

Y yo soy el espanto que se irrita porque alguien, en cuyo trabajo la materia prima son las palabras, tenga esa prominente torpeza para usarlas.

Todo es un retorno al punto de partida, del que a fin de cuentas no puedo moverme.

Me fijo en lo malito que es ese gacetillero porque quiero huir del horror que sufrieron esos pequeños semejantes.

Me entero del asunto porque ahora la discusión se centrará en si el PANI y su Presidenta Ejecutiva (de modestísimas luces y alarmas, parece) hicieron lo que debían o no, en si el Presidente hizo lo que debía o no al salir a defenderla.

Es la misma viscosidad, el mismo engrudo inclemente al que me adhiero como una mosca, en el que descubro a las demás moscas.

Todas estamos ahí, sonando sin sentido las alas, quejándonos, con un universo de por medio entre ese quejido y el quejido de los niños que murieron y de los que morirán tras lo inconcebible, en los siglos que se fueron y en los que vendrán.

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*Rodolfo Arias Formoso. Reconocido escritor, ajedrecista e informático que ha ganado varios premios nacionales en literatura y tiene reconocimientos como consultor en su profesión. Su primera novela es “El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios”, ganadora de Mención Honorífica en el certamen Valle Inclán, convocado por EDUCA (Editorial Universitaria Centroamericana) en 1989. En 1996 publicó una novela corta, “Vamos para Panamá”, reeditada en 2001, la cual recibió muy positiva crítica en los círculos literarios nacionales. “Te llevaré en mis ojos”, premio nacional Aquileo Echeverría, en ese género, fue publicada en el año 2007. El mismo galardón, en rama de cuento, lo recibió en el 2010 por “La Madriguera”, una recopilación de su producción en narración corta, con diversidad de temas y texturas. Más recientemente publicó “Guirnaldas” (bajo tierra)” con la que obtuvo el Premio de la Academia Costarricense de la Lengua y tiene en su haber otras obras como “Retrato de Joaquín García Monge”.

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