Impuesto del 4% a los libros: ¡plop, plop!

Geovanny Jiménez S. Opinión. Todos conocemos la famosa expresión de Condorito después de una ocurrencia, en muchos casos de mal gusto, tanto de él como de sus otros personajes de triquiñuelas humorísticas. ¡Plop!

Sí, es lo único que a uno se le puede ocurrir para no decir con peor francés lo molesto que se siente después de una noticia nefasta como esta. Hoy informa La Nación que al Gobierno se le ocurrió -sí, una ocurrencia- ponerle un impuesto del 4% a los libros, “sobre los libros en todos sus formatos”.

¡PLOP!

Hasta hoy los libros están exentos del impuesto de ventas, como corresponde a una sociedad que impulsa la lectura, la educación y la cultura. Como visionarios políticos establecieron en el período lúcido de la sociademocracia costarricense.

Hoy, nuestro presidente, un reconocido lector, escritor e intelectual de las ciencias sociales y la literatura, en la voz de otro connotado autor e inteletual en el campo de las ciencias económicas, está por enviar una reforma tributaria que carga a varios bienes con un nuevo impuesto del 4%, entre ellos la compra y venta del libro. Sí, ¡plop!

Resulta que no basta con que Costa Rica ya tenga un problema nacional en la paupérrima estadística que se tiene del hábito de la lectura y de la adquisición de libros, sino que además, pues, cómo decirlo, le vamos a poner un lastre más. Es que, viera usted, amigo lector, cómo me cuesta escribir con decoro sobre este tema.

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Puedo decir, como editor y director de una editorial para escritores noveles que no tienen oportunidad con el Estado o las editoriales privadas, que además producir libros no solamente es difícil, sino que un muy mal negocio. Puede ser que si producimos historietas como la de Condorito tengamos más éxito, o libros de cocina o didácticos, pero quienes en este país hacen sus primeras armas y quienes necesitan espacios para promover diferentes voces, no la tienen consigo. El editorial en Costa Rica no es un negocio rentable, es apenas la creación de un espacio para la diversidad de voces.

Ahí está el gran doble problema: por un lado la lectura es exigua y por el otro la producción de libros ya es costosa. Pero además, la gente piensa que los libros son caros, prefieren 5 cervezas que un libro, sí, es nuestra cultura del guaro. Plop.

La flor en el pastel. Durante los últimos 3 años de la administración de este Gobierno, en manos de la ministra Sylvie Durán Salvatierra, la discriminación del libro y la literatura ha sido tan patente que, como hemos informado reiteradas veces y como un movimiento denunció en meses pasados, las ferias libreras fueron excluidas de producciones ministeriales y municipales como los festivales de las artes (FIA incluido, por supuesto), Enamorate de tu ciudad y Transitarte. Tres vitrinas de exhibición y venta de los libros fueron cerradas, con tres candados, por la ministra Durán y su equipo del Cpac (incluyendo a Ada Acuña, su directora) y el alcalde municipal Johnny Araya. Plop.

Todo este panorama parece una sátira medieval, pero no lo es. Es actual, de la Costa Rica moderna. La cultura del espectáculo y de las “industrias culturales” imponiéndose a la del pensamiento. La democracia cultural en entredicho.

Pero además tengamos algo bien claro: el libro no solamente es instrumento cultural. No, para nada. Es un instrumento para la educación, ese pilar costarricense que también viene deteriorándose a favor de las carreras técnicas para crear empleados, ya no muchos estudiantes educados para el pensamiento crítico y analítico. Porque esos no son dóciles ni manejables tan fácilmente.

Si atacamos al libro, atacamos la educación. Si le ponemos el 4% de impuesto al libro, se lo estaremos cargando a los padres de familia que se esfuerzan por llevar a sus hijos a las aulas. Y esto tiene variadas consecuencias nada positivas.

Y yo que pensaba que este era un Gobierno progresista, que entendía la importancia de promover la cultura y la educación para el impulso de un país desarrollado. Plop, ¿cajita blanca para mí?

Y agrego finalmente: ¿qué tan significativa puede ser la recaudación con este impuesto a los libros? Creo que la recaudación no es significativa, pero el daño educativo, cultural y social es inconmensurable.

Llamado respetuoso. Profe, don Luis Guillermo, Señor Presidente, usted fue mi profesor en Ciencias Políticas. Usted sabe la importancia del libro, por favor no nos cause esta profunda decepción. Aún es tiempo para devolverse. Y no tarde mucho, hágalo -como dicen los muchachos ahora- “de una”.

Y por favor, exija que el libro vuelva a tener los espacios que la administración de Sylvie Durán le ha quitado. Ojalá no sea mucho pedir para quienes le hemos defendido, para quienes creímos en usted y para quienes le hemos tenido afecto de alguna manera.

Usted dijo que un Presidente no tiene amigos, pero se equivocó. Muchos en este país, gente decente, han sido sus amigos muchas veces al defender su gestión y al saber que su trabajo ha estado bien encaminado en muchos aspectos. Me considero una de esas personas. Por favor, no termine por perder los verdaderos amigos que pudo tener usted y su trabajo.

Y sí, no se trata de convertir al libro en una caricatura exitosa, pero ya no sé de qué forma decirlo, mientras su gente en cultura sigue teniendo como respuesta una etiqueta.

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