Editorial | 48 muertes en un día: El orgullo costarricense en la miseria

Costa Rica pierde una guerra peor que la Guerra Civil del 48.

EDITORIAL. En las últimas 24 horas murió, en promedio, una persona cada media hora, es decir 48 personas en un día. ¿Recuerda cuando lamentábamos que 10 personas morían al día por Covid-19?

Hoy no solamente llegamos a un “récord negativo”, sino a una condición realmente detestable para un país como el nuestro. En una guerra avisada, estamos perdiendo y eso parece normal para el colectivo ciudadano, ¿somos un pueblo de perdedores a quienes no importa eso?

En año y medio hemos perdido más del doble de personas que murieron en la Guerra Civil 48. No son balas, pero las lanzaron en forma de redes sociales y destruyeron vidas.

¿Aceptamos que cada día mueran más personas por Covid-19 porque ya nadie sigue las medidas tan básicas? ¿Cuándo vamos a detener esto? ¿Cuántas muertes se necesitan para que una sociedad reaccione?

Ya no podemos decir mucho más porque, de todas formas, pocos son quienes escuchan (o leen) algo más que sus intereses personales. Como colectivo, parece que somos un fracaso. ¿Con qué orgullo vamos a vitorear cualquier logro de la “Sele” o del país si estamos dedicamos a negar todo lo bueno solo por poses?

Es todo un fenómeno que rompe todo lo que conocíamos del orgullo costarricense, de nuestra capacidad de resiliencia y de convertirnos en algo mejor. ¡Es una farsa! Y eso lo demostramos con hechos en la condición más difícil; somos débiles en actitud realmente. Lo demás parece que fue una ficción de puro folclor.

Por supuesto, hay una fracción de costarricenses responsables que no permiten que sea horriblemente peor -si eso es posible para un país como este. Tenemos un estado fuerte y un sistema de salud que envidian muchos países, pero fallamos en la capacidad educativa que nos hubiera permitido mejores resultados.

No hay mucho más que decir, los resultados nos decepcionan. Costa Rica ya no es un país que merecen todos, Costa Rica es un país que debe reconstruirse y evitar con más firmeza que los idiotas sigan imponiendo sus condiciones.

Las redes sociales permiten que una legión de idiotas haga daño, lo dijo Umberto Eco, pero quizás un poco ilusos podríamos esperar que cuando las pestes llegan, un país educado podría responder. Pero no ha sido así. Somos ilusos y debemos actuar.

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