Fake news: Se reproducen porque no buscamos la verdad, sino aquello que nos da la razón

Este artículo explora la lógica y psicología de las noticias falsas y su éxito entre la gente, a través de medios y redes sociales, y cómo construyen mitos y problemas sociales.

Mucha gente se sorprende o indigna porque hay personas que defienden incluso las más evidentes noticias falsas y dicen que no puede comprender cómo hay gente sin ética o moral que lo hace.

Es como si usted mostrara que alguien miente sobre su color de ojos incluso cuando se quita los lentes de contacto que dan el color verde falso, pero una persona que ama o defiende al mentiroso dice: “Para mí son verdes sus ojos, porque así prefiero verlos”.

El fenómeno, que ha venido en crecimiento en los últimos años y reporta daños importantes en la institucionalidad democrática de los países, no necesita bots o cuentas falsas (trols) para lograr éxito, lo logra por el comportamiento natural de los seres humanos.

Por ejemplo, se estima que las noticias falsas son compartidas entre un 70% y 80% más que las verdaderas, de ahí el éxito de los medios de comunicación que se basan en mentiras, tergiversación o manipulación de lo que sucede.

La revista Science dio a conocer un estudio al respecto, en el que estimaron en un 70% más retuitadas las noticias falsas que aquellas con contenido real.

Según estudios psicológicos hay un principio muy sencillo, pero contundente, que explica esta realidad: las personas no buscamos la verdad, sino las noticias o información que nos den la razón.

Por eso preferimos creer en lo que nos dé la razón o nos guste según nuestras creencias ideológicas, religiosas o políticas, sin medir consecuencias aunque sean negativas.

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Por supuesto, muchos alegarán que cómo se definen contenidos falsos o verdaderos, y en este apartado parece que la ciencia y los hechos, así como la comprobación, deberían bastar. Pero la psicología humana indica que la ciencia no basta.

Otro fenómeno asociado a este asunto es el Efecto Dunning-Keller, que indica a grosso modo que las personas con menos conocimientos o habilidades sufren un sentido de superioridad ilusorio que les permite pensar que son más inteligentes que los más capaces.

Ese sesgo cognitivo es lo que en lenguaje popular podríamos definir como “las personas que creen saberlo todo, pero no tienen idea de lo que hablan”. El asunto de fondo es que incluso esas personas creen que los demás que sí saben, no saben, entonces así pueden justificarse las mentiras y defender que tiene alguna razón.

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♠En días anteriores, ante las denuncias de fake news contra un medio desarrollado por el presidente del Partido Nueva República, que fueron comprobadas, el ex candidato Fabricio Alvarado alegó que el uso de un verbo condicional (sería) en el título de una noticia implicaría que “no es falsa”. Por supuesto, la falsedad va más allá de lo que se diga, sino del cómo se diga y cuáles son los efectos que se buscan.

En este punto, según los estudios, lo preocupante es que cualquier medio podría suponer cosas sin comprobarlas y esperar que la gente, por esa misma necesidad de tener “pruebas” de su razón, suponga que es cierto, aunque sea solamente una posibilidad. En breve: usualmente la gente prefiere creer que algo es un hecho dado, aunque se le diga que es una posibilidad. Y eso sería manipulación deliberada, porque los medios lo usan para generar más visitas e interacciones de las personas.

Otro detalle del estudio de Sciense es que la gente prefiere información novedosa (real o no), antes que desmentidos, confirmaciones o matices.

Las noticias falsas han sido deliberadamente utilizadas para dos propósitos: lograr tráfico (en redes y webs) y lograr apoyo hacia sus causas.

Las noticias falsas y los medios que las construyen, además, pueden aplicar principios de la psicología inversa: al provocar el rechazo hacia la noticia falsa, de inmediato insta a los defensores del pensamiento asociado a defender la mentira misma, mediante toda clase de artilugios o rebuscamientos.

Así las cosas, tanto los tirios como los troyanos van a comentar, por la controversia generada, y eso hace más visible la noticia falsa. Es decir, paradólicamente en el Facebook (y Twitter) el oponerse o desmentir una noticia falsa o engañosa provoca que ayudemos a hacerla más visible para más gente.

Las mentiras en las redes sociales

“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas.”, escribió Bertrand Russell. Si se aplica esta frase a las redes sociales comprenderíamos muchas cosas.

Ahora bien, las fake news no solamente son creadas por medios de comunicación, viejos o nuevos, que manipulan la información, sino que también son incitadas por esos medios en la forma de “memes” o imágenes que puede hacer cualquier persona u organización interesada. Por ejemplo, un “podría provocar desempleo” en el meme sería “provocará desempleo”. Esto se ha visto mucho en memes que se difunden en grupos sindicales y de partidos políticos.

Y los memes son, hoy, el mayor difusor de falsedades, porque encuentran fácil y rápida difusión viral mediante grupos o chats e incluso usando listas de difusión en la red de WhatsApp.

El WhatsApp no permite medir ni conocer el impacto de los memes en la gente, pero es un hecho que se hace viral fácilmente, al compartir de grupo en grupo. Recientemente la red hizo un cambio para evitar el contenido falso, para que cada usuario pueda compartir solamente 5 veces un post, pero no evita que se pueda compartir de 5 en 5 muchas veces.

El gran problema o particularidad con el WhatsApp es que se forman grupos por afinidades electivas, es decir, pensamientos similares, entonces no es posible refutar las fakes (memes y noticias) y la gente termina convenciéndose que son verdad de tanto repetirlas; es decir, las convierte en un mito.

Sin embargo, los memes no tienen tanta credibilidad en redes sociales como Facebook o Twitter, donde prefieren noticias con enlaces a medios de comunicación.

En el Facebook, el algoritmo de la red favorece la reproducción o difusión masiva de contenidos falsos. Como ya vimos, la gente prefiere compartir lo que le da la razón, por eso cuando se le aparece en su timeline (el “Inicio”) una entrada o post de una página y esta se ajusta a su preferencia, la va a compartir, darle el “me gusta o like” o incluso comentarla (interacciones). El algoritmo de esa red social hace más visible en los timeline de más personas aquellos contenidos que tienen más interacciones, entonces se genera un efecto dominó o de encadenamiento que puede convertir una fake news en viral.

Esa dinámica de Facebook (que funciona similar en Twitter) también puede ser apoyada por trols pagados o bots contratados que impulsen más la entrada.

Se ha comprobado que campañas políticas han contratado empresas que inflan páginas de Facebook con perfiles falsos o alquilados de otros países. Tal vez recordaremos en Costa Rica el célebre caso de la página de Johnny Araya para las elecciones presidenciales de 2014.

Hay empresas, en la clandestinidad, que se dedican a provocar que páginas de Facebook logren alcances amplios, más allá de lo naturalmente esperable. La misma empresa de Zuckerberg ofrece publicidad pagada para lograr que una página logre más “likes” y obtenga mayor difusión entre los usuarios.

Las noticias falsas además tienen no una contraparte en Facebook (una página), sino que usualmente son creadas varias páginas y grupos que reproducen los mismos enlaces y comparten entre ellos a la misma gente, de manera que dan una imagen inflada de la verdadera cantidad de seguidores que ostentan.

De lo anterior se deriva la burbuja de Facebook. Este hecho no ha sido suficientemente estudiado. Mucha gente cree que lo visto en las redes sociales implica la realidad de todo un país o una sociedad, pero no es así; las redes normalmente ponen a discutir a quienes son más activos, intensos y polémicos, pero la sociedad tiene mucha más gente que no comparte el odio o intensidad que miran en las redes. No hay estudios sobre la cantidad de perfiles inutilizados o la frecuencia en que la gente usa esa red social, porque los esconden celosamente, pero muchos sospechamos que el tráfico es menor y se concentra en pocas personas.

Por supuesto, eso no merma el hecho de que a partir de esas redes sociales también mucha gente forma su opinión. Y lo más relevante: los mismos medios de comunicación usan el Facebook como fuente de información para crear sus notas informativas.

A esas posibilidades se suma el descontento social crónico que ha sido alimentado por medios de comunicación que se han dedicado durante años a reproducir noticias negativas y crear un clima de tensión social permanente, con el propósito comercial de lograr audiencias y así favorecer el acceso de la publicidad que ofrecen.

Finalmente, los expertos coinciden que el único modo de combatir las fake news es no combatirlas, sino educar a la población para que aprenda a distinguir entre quienes pretenden engañarle o las fuentes más confiables y ciertas que ofrece la gran esfera digital.

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