¿Extrañamos al bipartidismo? Sus bondades y peligros en la palestra política ◘ Análisis

Un serio y acertado artículo de análisis escrito por Marcial Rodríguez sobre las bondades y peligros del bipartidismo en Costa Rica.

Por Marcial Rodríguez Garro. En Costa Rica, durante varias décadas, el bipartidismo gobernó el país, y aunque electoralmente se enseñaban los dientes, en otras instancias departían y hasta desayunaban juntos. Pero esta situación, aunque se ha juzgado con dureza, tuvo sus bondades, y es que el país pudo vivir una época bastante larga de su historia sin mayores enfrentamientos y conmociones sociales, y obtener resultados positivos aunque no perfectos, de la labor gubernamental, sobre todo si nos analizamos dentro del contexto latinoamericano, un contexto caracterizado por dictaduras, guerrillas, narcotráfico y fuerte corrupción.

Sin embargo, en otras zonas del mundo en las que no ha existido un bipartidismo cómplice y hasta complaciente, como aquí, los enfrentamientos y choques entre partidos gobernantes y la oposición, han producido derramamientos de sangre y dolor a sus pueblos. Aunque estas situaciones se han dado entre partidos políticos, también se han dado entre facciones y bandas que se rigen por ideas religiosas que interpretan a su manera para justificar sus actividades, muchas veces consideradas terroristas.

Lo cierto es que la polarización dogmática e incoherente de la sociedad, representada en partidos políticos que luchan por acceder al poder sin tener estrategias sólidas y formales, sino que pretenden darle solidez a posiciones ideológicas y a veces conspiranoicas, es un peligro real y muy serio.

Destruir un sistema político que, a pesar de sus debilidades y deficiencias, lucha por renovarse cada día para crear una sociedad más justa, educada, saludable, progresista y menos corrupta, para embarcarse en aventuras inciertas, motivadas muchas veces por intereses oscuros inspirados y manipulados desde países extranjeros por movimientos políticos que persiguen extender por el mundo su propia agenda, es el verdadero gran peligro que enfrentan las democracias.

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Ese es nuestro gran problema en estos momentos; ha surgido en nuestra escena política el monstruo de las mil cabezas: políticos, periodistas, sindicalistas, empresarios, abogados, pastores y economistas, cada uno por su lado con sus propios intereses, cercando a Jericó y haciendo rugir sus trompetas, esperando que caigan sus murallas para apoderarse del poder político.

Y esto es trágico para nuestro sistema político porque el gobierno no tiene con quién dialogar, porque toda esa oposición desmembrada e inconexa, no tiene una cabeza visible que los represente. Aún en las fracciones legislativas vemos diputados que defienden agendas diferentes a las de sus compañeros. ¡Cuánto mejor el bipartidismo que esta torre de Babel!

El propósito de esta difusa oposición parece ser desestabilizar al gobierno aprovechando los efectos devastadores de la pandemia, para derrotarlo y así conseguir su caída.

¿Y después qué? Que aparezcan los buitres peleándose los desechos, o un Nicolás Maduro recogiendo los restos de nuestra democracia para instaurar un sistema sin alma, sin norte, sin un planteamiento realista de recuperación y progreso. ¿Eso el lo que pretende nuestra gloriosa oposición política?

Hay incluso quienes hablan de que ha llegado la hora de fundar la Tercera República, pero ¿dónde está la propuesta programática de esa Costa Rica del siglo XXI con la que algunos sueñan? Que empiecen por fundar un nuevo partido político que los englobe a todos, o por lo menos a la mayoría, y que redacten estatutos y programas (no conspiranoicos ni engañosos) sobre los cuales va a adquirir forma esa nueva fuerza política.

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