Ese presidente comunista neoliberal

OPINIÓN. ¿Nos preocupamos? Por supuesto, la sensatez y el conocimiento están perdiendo la batalla en Costa Rica. En definitiva, o educamos al pueblo y a los educadores sobre política básica o adoctrinarán a las futuras generaciones en el absurdo.

OPINIÓN. Entonces usted pensará: ¡este se volvió loco! Podría ser una especie de locura colectiva, pero no es locura en realidad, se trata de ignorancia y confusión.

Relato de una realidad alterna

Un estudiante de secundaria muy talentoso me dice, a groso modo, hace unos días: «Es que mis profesores están locos y me tienen confundido a mí, nos intentan adoctrinar pero ni ellos saben lo que dicen».

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«Mi profesora de Estudios Sociales me dice que Carlos Alvarado es igualito a Maduro, que vamos en camino a convertirnos en otra Venezuela», me cuenta.

«Lo más extraño es que apoyó la huelga y entonces decía que el Gobierno era neoliberal», agrega.

Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de ideologías o doctrinas político-económicas y de realidad política sabría que eso es básicamente absurdo, que hay una grave contradicción de fondo, como decir que uno vuela mientras nada; eso solo existe en un mundo de fantasía.

Si el presidente Alvarado o cualquier otro fuera igualito a Maduro sería socialista y estaría apoyando a todo el cuerpo de empleados del Estado a quienes dieron poder y grandes beneficios para que defendieran el régimen chavista. Es decir, el presidente habría apoyado las exigencias sindicales para dar más beneficios a los empleados del Estado y así fortalecer una base de apoyo estatal.

Muy importante: el socialismo cree en un Estado grande, que intervenga en lo social, pero también en la economía (como tuvimos en los setentas en Costa Rica con el PLN de Figueres y Oduber), y que regule al mercado para que haya igualdad o, al menos, una distribución de la riqueza más equitativa.

El socialismo no cree en la propiedad privada, prefiere la propiedad estatal y se opone a las grandes corporaciones que concentran el capital. La socialdemocracia es una variación socialista más moderada que sí acepta la propiedad privada y la participación del mercado con más libertad. El socialcristianismo es similar, pero acudiendo a la solidaridad cristiana y al Estado para ayudar a los desprotegidos, en teoría.

Si Costa Rica estuviera como Venezuela los costarricenses estarían migrando a Venezuela y no al revés, como realmente sucede; la economía estaría colapsada y la inflación por las nubes, los supermercados no tendrían alimentos básicos y ella, la profe de Estudios Sociales, estaría más bien defendiendo a «Charly Maduro».

«Por otro lado, mi teacher de Educación Fïsica nos echó un sermón sobre por qué este Gobierno es una dictadura«, continúa con ironía. «Mejor que siga haciendo cuadros, pero en el abdomen, para echándole el cuento a las profes, porque nosotros ese cuento no se lo creemos», agrega aún más sarcástico el estudiante.

Quien entiende un poquito el concepto de dictadura sabe que esa es una afirmación temeraria y básicamente ridícula; es decir, no sabe lo que realmente es una dictadura, pero como alguien se lo dijo o lo leyó en alguna red social, lo cree y no busca aprender al respecto.

En Costa Rica solo nuestros abuelos que lucharon en el 48 pueden tener una idea de lo que podría ser un intento de dictadura. La última y fallida fue la de los hermanos Tinoco entre 1917 y 1919.

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Pero ahí no termina el relato: «Y mi profe de Matemáticas insiste que este Gobierno es comunista, pero después dice que defiende los intereses de los grandes evasores». Entonces uno trata de imaginar esa tergiversación que un docente trata de inculcarle a un estudiante que, indudablemente, está más claro que quienes están llamados a ser sus guías.

Si el gobierno defiende los intereses de los grandes evasores, es lo pondría del lado de quienes defienden la economía capitalista, el neoliberalismo, que básicamente propugna porque no haya impuestos de parte del Estado para que las empresas produzcan y generen riqueza dentro del mercado, sin intervención del Estado.

El neoliberalismo, al contrario del comunismo, rechaza al Estado, y solo tolera -a regañadientes- que participe de la seguridad y en algunos casos en la educación y la salud, pero cada día menos.

De hecho, podemos ver que en los últimos años la educación y la salud se han convertido en un gran negocio de empresarios privados, a expensas de la ineficiencia estatal, que lamentablemente a la hora de competir mediante un buen servicio pues se queda corta.

El relato de lo absurdo como amenaza

Pero claro, eso no es nuevo, ni estamos inventando el agua tibia. De eso uno puede leer en las redes sociales todos los días, de gente que no sabe de política, mucho menos de ideologías políticas, pero repiten memes y cosas que oyen sin reparo alguno.

Y el efecto viral de esos memes y esas frases o consignas, sin fundamento ni comprobación alguna, es simplemente pasmoso.

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Por supuesto, insisto, uso el ejemplo para entender mejor el por qué de una realidad alterna que vivimos en este país: la gente no entiende y no sabe de política, ni del sistema político, ni del funcionamiento del Estado, pero cree que puede opinar a partir de cabos sueltos que escucha por ahí, de manera que contribuye en la deformación diaria de la verdad para beneficio de delincuentes y corruptos que quieren el poder.

Lo que sucede es que mientras los sindicatos reprodujeron panfletos y consignas anti-neoliberales (según ellos el Gobierno lo es), por otro lado los grupos evangélicos conservadores han hecho lo suyo acusando al Gobierno de comunista y progresista, pero ni los sindicatos aplican con honestidad el concepto neoliberal, ni los religiosos entienden qué significa realmente el progresismo, el socialismo o el comunismo, o ningún concepto político ideológico.

Al parecer están llamados desde el altar o la tarima a usar toda arma posible en contra de la actual administración, indistintamente si es válida, cierta o decente. Así se ha construido la oposición en la política tradicional costarricense: oponiéndose como sea, aunque se falta a la verdad y los valores más sagrados que se dice tener.

Eso ha producido una mezcla muy particular de ignorancia política porque la gente, deseosa de criticar y también consumidora rutinaria de morbo mediático en redes sociales, absorbe todo y dispara todo sin consultar, informarse o aprender un poco sobre lo que dice.

Y, por supuesto, si una de esas personas lee este comentario podría decir: «esos intelectualoides sabelotodo qué se creen, que la verdad les pertenece». Y claro, en este momento y con esas frases, entonces, siglos de aprendizaje, progreso, desarrollo, avance y conocimiento de la humanidad son tirados a la basura en un santiamén, sin el más mínimo reparo ni respeto por lo más valioso que ha logrado convertir al ser humano en el ser vivo más evolucionado de este planeta.

Lo que más me asusta es que esas personas que así opinan sean los transmisores de ese conocimiento, es decir, los educadores.

«Dicen que tú y yo estamos locos», decían los «Caquitos», esos personajes de Chespirito. Por ahí anda nuestra realidad política, se trata de una realidad alterna donde los que saben prefieren ya mejor callar ante el bombardeo de las consignas y frases sin sentido que ha producido la politiquería y la ignorancia política.

Y son esos ciudadanos los encargados de influenciar y votar para las próximas elecciones. ¿Nos preocupamos? Por supuesto, la sensatez y el conocimiento están perdiendo la batalla en Costa Rica. En definitiva, o educamos al pueblo y a los educadores sobre política básica (funcionamiento del Estado, democracia, sistema político, ideologías) o adoctrinarán a las futuras generaciones en el absurdo.

1 thought on “Ese presidente comunista neoliberal

  1. Gracias Carlos Alvarado por comerse la bronca del combo fiscal, heredado de los gobiernos pasados haciéndonos creer que todo estaba bien, cuando en realidad hemos vivido de puros préstamos internacionales que ahorita, han provocado la crisis fiscal que a usted le toca resolver. Adelante, no ceje en el empeño. La historia se encargará de hacerle justicia.

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