Entramos a la etapa “sálvese quien pueda” ◘ Opinión

Entramos a la etapa en la que usted deberá velar más fuerte por los suyos, porque no faltarán los idiotas que pongan en riesgo a nuestros seres queridos.

A finales de agosto el Gobierno anunció que desde este 9 de setiembre se procedería a una etapa de apertura denominada “Costa Rica trabaja y se cuida“, pero no hemos llegado al “Día de la Niñez” y ya todo está “patas para arriba”.

Solamente el pasado 8 de setiembre se reportaron 21 muertos en un solo día. Pero lo más preocupante es que la CCSS anuncia ya que según varias proyecciones su capacidad de camas UCI se saturará posiblemente a finales de setiembre o principios de octubre. Es evidente que en todos los indicadores la tendencia es hacia el aumento: de casos, de hospitalizados, de fallecidos…

Usted no me deja mentir: solamente basta salir al barrio por unos minutos para darse cuenta que:

◘ Más de la mitad de la gente anda sin mascarilla o la anda de protector de garganta, es decir, de corbatín.

◘ Los negocios locales (restaurantes, panaderías, cafeterías principalmente) permiten a sus empleados usar la mascarilla sin tapar la nariz o en el cuello, es decir, usarla mal. Los mismos dueños lo hacen. ¿Cómo reactivar la economía con ese comportamiento? Yo vi a una señora cocinar las hamburguesas sin mascarillas y a otra con la careta arriba y hablando sobre el pan en la panadería.

◘ Gente que no usa alcohol en gel ni se lava las manos en los sanitarios ni después de tocar superficies de uso diario por cientos de personas.

◘ Taxis y transporte público con gente usando mal la mascarilla o no usándola del todo en el caso de los taxis.

◘ Vecinos haciendo fiestas o reuniones con amigos y visitantes cuando estamos en plena transmisión comunitaria (cualquiera puede tener el virus).

◘ Gente en los supermercados que se quita la careta para hablar por teléfono por encima de los productos que está tocando y no se llevará.

En estas condiciones, en redes sociales y charlas vía online que he tenido todos me dicen lo mismo: entramos a la etapa en que nos debemos cuidar nosotros y ya no podemos luchar por los demás.

Los inocentes, los ignorantes y los ingenuos serán las víctimas: la mamá del chamaco irresponsable que juega en la acera con los vecinos, el abuelo de la joven que se fue de fiesta el fin de semana donde unos amigos, la hermana diabética que vive en la misma casa con el obrero que no se cuida, el señor obeso que pide comida al mensajero que no sigue las medidas sanitarias que pide la plataforma (pero no supervisa), quien compra comida donde no siguen las medidas concientemente…

Estamos de frente a la vorágine social del “sálvese quien pueda”, al momento en el que solamente quienes tienen recursos y la actitud responsable de cuido (educación) saldrán adelante. Es simple. Me recordó al presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, cuando dijo que el coronavirus “es ya es problema de la gente… si se quieren cuidar, se cuidan”.

Para más referencias recuerde las películas Saw, Los juegos del hambre y algunas afines. Quizás no estamos muy lejos de esa realidad…

Esa es la actitud primigenia del capitalismo salvaje: que sobreviva el más fuerte, la ley del más fuerte (individualimo y egoísmo como materia prima ideológica). Los demás son números y, “de por sí, son enfermos que pronto morirán”. El canibalismo social que establece la muerte de unos para la comodidad material y económica de otros. Indecente y putrefacto salvajismo en nuestro siglo XXI.

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¿Civilizados? Difícilmente. Mientras existan esa plaga de negacionistas de la pandemia, troles irresponsables y empresas sin ética ni humanismo que se dedican a fabricar memes y “contenidos” falsos y engañosos en redes sociales, además de politiqueros deshonestos (y engañados) que promulguen un comportamiento irresponsable, nada cambiará.

Las víctimas seguirán siendo las mismas e incluso los mismos que son manipulados claramente para defender las pútridas intenciones de esas personas que financian la mentira para obligar al Gobierno a eliminar medidas y permitir más apertura. Ellos suponen que así -yo lo dudo mucho- lograrán el poder algún día.

Pero no solamente se trata de ese grupúsculo de destructores y odiadores, sino de una actitud muy idiosincrática de los latinoamericanos: la desobediencia como forma de vida. No tolerar la autoridad, serruchar el piso al líder y chotear con los temas importantes son formas en que se expresa esa conducta. Y al capitalismo salvaje le encanta eso, lo promueve.

Entramos a la etapa en la que usted deberá velar más fuerte por los suyos, porque no faltarán los idiotas que pongan en riesgo a nuestros seres queridos.

En otras circunstancias, por ejemplo, yo hubiera apoyado que compremos comida en los negocios locales, pero después de lo visto, recomiendo lo contrario: a cocinar en casa y con todas las medidas de desinfección. Es una pena, pero así no se puede.

Para algunos será como aquello de “que empiecen los juegos, sálvese quien pueda”. Para nosotros un momento de mucho cuidado y de nueva reflexión mientras se construye la nueva evidencia que demuestre al estupidez humana, otra vez.

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