Elección Demócrata: Nadie sabe para quién trabaja ◘ Opinión

«Hasta aquí un ajedrez básico. Lo que nadie se imaginó, me parece, es que a raíz de esos acontecimientos el viejo Bernie Sanders emergería con renovados bríos…»

OPINIÓN. Rodolfo Arias Formoso*. Con desfachatez y marrullería inauditas, Donald Trump extorsionó al presidente de Ucrania. Sin el menor asco le dijo que le ayudaba con armas a cambio de que jodiera la candidatura del demócrata Joe Biden, haciendo públicas las dudosas actividades del hijo de éste, Hunter Biden, en aquél país.

Rodolfo Arias Formoso

Chantajear es un delito como tal. Que lo haga un presidente es, además de delito, una desvergüenza. Que lo haga para favorecer su reelección es, por encima de todo, de una fealdad imperdonable.

Pero en el imperio del norte la moral es doble o triple o lo que sea. Es moral de camaleón. Todo es según el cristal con que se mire, y a la mayoría de la población le importa un comino que su presidente trate así al presidente de un lejano y empobrecido país y, más aún, que trate así la moral pública, la constitución, la dignidad norteamericana.

Eso lo sabía desde el principio el pobre Biden, que reaccionó con timidez ante el asunto. También reaccionó con titubeos su aliada en la Cámara Baja, Nancy Pelosi. Pero los demócratas (digo, del partido demócrata) más empunchados sí alborotaron el panal tanto como pudieron, y echaron a rodar el “impeachment”.

Entre corrillos, Pelosi trató de disuadirlos, pero no pudo. El juicio progresó y en el senado los republicanos cerraron filas y el pato Donald con peinado de faisán salió bien librado.

No sólo fue absuelto: se fortaleció su imagen. Eso lo sabían Pelosi y Biden, y por eso no querían camorra.

Pero lo más relevante es que luego del juicio la precandidatura de Biden colapsó. Sus resultados en las primarias de Iowa y Nueva Hampshire han sido ridículos. O sea: al final del cuentas el faisán se salió con la suya y aniquiló al que parecía ser su rival de más calibre entre los demócratas.

Hasta aquí un ajedrez básico. Lo que nadie se imaginó, me parece, es que a raíz de esos acontecimientos el viejo Bernie Sanders emergería con renovados bríos, desde su discurso radical de izquierda.

Bueno… radical en términos gringos. Ayer ganó Nueva Hampshire, y dijo “no vamos a derrotar al Trump, vamos a cambiar este país: agarraremos Wall Street, las aseguradoras y operadoras de pensiones, la industria farmacéutica, la industria militar… ¡y las pondremos en cintura!”

Nadie sabe para quién trabaja. Hunter Biden, allá en Ucrania, Nancy Pelosi en el Capitolio, Donald Trump en la Casa Blanca, y el tibio Joe Biden… todos estaban potenciando al senador de Vermont, que ni siquiera pertenece al partido demócrata y que reconoce postularse por éste “porque no hay otra opción”.

El viejo Sanders habla sin tapujos, con su aspecto de profesor emérito, de ratón de biblioteca. Y pinta que podría ser el candidato del partido demócrata.

Es un panorama de polarización absoluta: el ultra conservador populista, chillón en su voz y en su atuendo, contra el izquierdista que arrastra masivamente a los jóvenes mileniales, sonoro en su timbre y austero en su imagen.

Las encuestas dicen que Sanders superaría por 8 o 10 puntos al faisán. ¡Ojalá!


*Rodolfo Arias Formoso. Escritor costarricense. Premio de la Academia Costarricense de la Lengua (por su obra Guirnaldas (bajo tierra), 20). Premio Nacional «Aquileo Echeverría» dos veces en categorías de Novela ( “Te llevaré en mis ojos”, 2017) y Cuento (La Madriguera, 2010). Mención Honorífica en el certamen Valle Inclán de la EDUCA (1989). Connotado ajedrecista nacional e Informático de profesión, además de profesor de la Universidad de Costa Rica.

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