El tejido cultural de España se juega su supervivencia ante el coronavirus

Lo que sucede en Costa Rica no es diferente a lo que enfrentan países con más desarrollo cultural, como España, donde apretan los dientes ante la crisis.

Las calles de España están desiertas. No hay gente más allá de las rutas hacia el supermercado, la farmacia o los contenedores de basura. Las pisadas ya no resuenan en dirección a teatros, cines o salas de conciertos, cerrados por el estado de alarma. El coronavirus ha enmudecido la cultura, que sobrevive a través de la red.

Conciertos vía streaming, visitas virtuales a museos u obras de teatro a través de la televisión mantienen la cultura ‘viva’ en tiempos de alerta sanitaria. Pero, también hay que vivir y no todo el sector puede, ni tiene la capacidad para aguantar el envite de semanas de cierre.

Es el caso de las pequeñas salas de teatro, que inundan ciudades como Madrid o Barcelona. Si se recorre la madrileña calle de Baleares, la persiana negra de Arte&Desmayo destaca sobre los edificios de tonos cálidos de alrededor. Una verja que lleva bajada casi una semana y que no se sabe si podrá volver a levantar. «Si esto se alarga mucho tiempo, no sabemos si podremos continuar. Tendríamos que pedir un crédito, porque si no es imposible», asegura Juanma Gómez, director de la sala Arte&Desmayo.

En su situación se encuentran la mayoría de salas de España, que viven de la afluencia de público, cosa que el coronavirus ha cortado. «Cerrar supone un hachazo para la sala. Entendemos que se tenga que hacer, pero no saber cuánto se alargará esto, genera una gran incertidumbre», admite Gómez, que, además, ha tenido que paralizar una producción propia que tenía en marcha.

Dudas que se incrementan como las pérdidas. Y es que entradas no se venden, los espectáculos se paralizan, pero las facturas, no. Gómez reconoció que una moratoria en el pago de alquiler, les ayudaría a aguantar la crisis a ellos y a todo el tejido cultural español que se tambalea en estos momentos. Sin embargo, el director de Arte&Ensayo no tiene muy clara la actuación que se realizará para aliviar a la cultura:

«El sector cultural en este país siempre ha sido lo último. Entiendo que ahora priorizarán primero por el sistema sanitario y, después, intentarán solucionar la crisis económica. La cultura volverá a estar al final».

Desarrollo profesional complicado

Que la vida del artista no es fácil, es algo que se sabe. Lo gratificante de la profesión, a veces queda opacado por la falta de ayudas y una legislación laboral insuficiente. «La ley no está hecha para trabajos como este», reconoce Paula, vocalista del grupo Las Odio.

Junto con Agatha a la guitarra, Alicia en la batería y Sonsoles con el bajo, forman uno de los grupos punta de la escena Riot Grrrl de España. Su dosis de punk ha llegado a los conciertos de Radio 3 y a escenarios como el del Mercado del Diseño. Sin embargo, como a muchas bandas, el coronavirus ha frenado su actividad. «Hemos aplazado la grabación de un videoclip y un concierto», admite Paula.

Tampoco descartan que sean más los conciertos que no puedan dar. La incertidumbre reinante hace imposible predecir cuanto durará la cuarentena o cuando volverán a abrirse las salas para la música en directo. Es más, para Agatha puede ser que se tarde bastante:

«Las medidas de aislamiento social se van a extender bastante. Igual en un tiempo no son tan exageradas, pero es difícil saber cuándo podremos volver a ver una sala con 200 personas juntas», comentó la guitarrista.

Y, precisamente, la ausencia de música en directo puede ser catastrófica para muchos músicos. En el caso de las componentes de Las Odio, no es tan terrible, porque todas cuentan con su puesto de trabajo y no dependen del grupo para vivir. «No tenemos la necesidad de retomarlo inmediatamente», explicó Alicia.

Sin embargo, entienden que para muchos compañeros y compañeras se vienen tiempos difíciles, ya que los conciertos son la mayor fuente de ingresos en la música. «Para la gente que se dedica plenamente a esto, es muy complicado y estresante», comenta Sonsoles, a lo que Agatha añade que «será duro para muchos profesionales» y que «más le vale a Pedro Sánchez crear una renta básica».

No obstante, Las Odio son capaces de ver un rayo de luz en esta cuarentena impuesta, que, en ocasiones, fomenta la mega productividad. Es cierto que hace una semana que no ensayan, ya que su local se cerró por el estado de alarma. Y, como comentan, no existe ninguna plataforma que les permita juntar sus instrumentos. Sin embargo, el quedarse en casa puede fomentar la creatividad. Componer, sin presiones, es uno de los objetivos que el grupo se marca, una vez se acostumbren a la situación. Esto será de lo poco positivo que se puede extraer de este parón forzado en la música. «En la escena se producirá un batacazo económico tremendo, pero también habrá bastante producción casera. Nos podemos intercambiar maquetas, juntar ideas… Ahora, con determinados programas, es relativamente fácil mezclar en casa», explica Agatha.

«Seremos unas expertas», ríe Sonsoles, mientras Paula, Alicia y Agatha asienten con la cabeza.

Incertidumbre

Más complicado es para los bailarines poder trabajar durante la cuarentena. La falta de espacio en casa o las molestias a los vecinos dificultan o imposibilitan los ensayos de danza. No obstante, desde la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad de Madrid, tienen la intención de plantear unos ejercicios vía online para poder mantenerse en forma durante la cuarentena. «No se pueden hacer muchas cosas, pero un parón de tanto tiempo afecta mucho. Y más a una profesión que se centra en el físico», asegura César Casares, bailarín retirado y coordinador de la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad de Madrid.

Pero, en el mundo de la danza, no solo preocupa el estado del cuerpo de sus profesionales. Desde la organización madrileña se están coordinando con patronales, sindicatos y la Red de Teatros para presentar sus reclamaciones ante una situación que Casares define como «un mazazo» para el sector. Uno de sus temores era la supervivencia de las escuelas a partir del próximo mes, a lo que el Gobierno quiere poner solución encargándose de pagar la cuota de autónomos de todos los que lo soliciten y autorizando la prestación de desempleo de forma directa. De momento, tendrían, eso sí, que seguir pagando alquiler de los locales.

Para lo que no hay respuesta es para la situación laboral de los bailarines. Como explica Casares, por su condición de artistas, las contrataciones son esporádicas, por lo que, si no trabajan, no cobran. Él mismo, la semana próxima, tenía un proyecto, que no va a poder empezar. Piden subsidios para este momento de crisis, pero también que se entienda su situación laboral, una de las principales exigencias del mundo de la danza, desde hace años. «Se tiene que reconocer nuestra posición de trabajadores intermitentes y la dureza de nuestra profesión. Necesitamos tener un régimen similar al de los trabajadores del mar», explica Casares, quien conoce a muchos bailarines que llevan 15 años trabajando y solo tienen tres cotizados.

A su vez, también esperan desde la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad de Madrid que no se reduzcan o desaparezcan las partidas destinadas a la cultura a raíz de la crisis provocada por el coronavirus. El sector va a necesitar ayudas para pasar las semanas de paros y para enfrentarse a la inestabilidad económica que acecha a España. «La gente estará más preocupada de comprarse una cebolla para hacerse una sopa, que no de comprar entradas», comenta el coordinador de la organización.

Un golpe para los profesionales de la cultura y, en concreto, de la danza. Un grupo laboral que padece una alta precariedad económica. «Estamos manteniendo la actividad cultural de este país a pulso. Las compañías de danza tienen un informe en el que dicen que su caché se ha reducido un 80% desde la crisis de 2008. Sin embargo, no lo ha hecho el número de actuaciones. Ahora están ganando cantidades infame y han tenido que prescindir de bailarines. Por este motivo, en España, no se pueden hacer espectáculos más grandes», lamenta Casares.

El mundo de la cultura en España se prepara para una recesión a la altura de la económica. Para Casares, la crisis provocada por el coronavirus será letal para el sector.

«Esto fulminará a más la mitad del sector creativo e interpretativo de este país», asevera.

Y es que hasta que vuelvan las pisadas y los aplausos, el teatro, la música o la danza, la cultura en general, tendrá que hacer un gran esfuerzo para no ser una víctima más del COVID-19, durante o post pandemia. «Va a ser un momento de apretar los dientes, si es que nos quedan», sentencia Casares.

Fuente: Sputnik.

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