El peligroso fanatismo duplicado ◘ Voz Propia

¿Es usted un fanático duplicado? El fanatismo que predomina en nuestra época no es el de siempre…

Es muy claro que este tipo de fanatismo no se sustenta con lectores asiduos, por lo que no creo que los fanáticos estén leyendo este texto. Sin embargo, si alguien de ese grupo que voy a describir está leyendo es posible que ya esté hurgando sobre el autor de este artículo para denigrarlo, difamarlo o desacreditarlo de alguna manera y así tratar de inutilizar las razones que se plantean. Esa es la pobre y común dinámica en las redes sociales.

La falacia ad hóminem es típica de quienes no tienen nada propio que decir, de quienes carecen de argumentos y criterios para contradecir o debatir lo que se dice, las razones. Por eso acuden incluso a la ofensa y la calumnia.

Si usted se siente molesto por lo dicho hasta aquí y se descubrió a sí mismo haciendo algo así, posiblemente este artículo no le gustará, porque habla de usted, en parte o del todo.

Tres tipos de fanatismo conocido

A lo que vinimos. Cuando éramos niños habían dos tipos de fanáticos: los futboleros y los religiosos. Pero también habían -aunque mucho menos- fanáticos políticos. Siempre se decía que “hay tres cosas de las que es mejor no hablar: fútbol, religión y política. Sin embargo, ni el fanático futbolero ni el religioso se interesaba en la política. Ni el político en el fútbol o la religión. Eran fanatismo aislados entre sí.

El fanatismo es un fenómeno que históricamente le ha hecho mucho daño a la condición humana, porque defiende a capa y espada ideas que nunca se cuestionan ni tampoco reflexionan, simplemente defiende “la causa” sin analizar lo que defiende. El fanatismo es también extremista y dogmático.

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El fanatismo religioso siempre se ha sustentado en que sus creencias son únicas e incuestionables. La creencia en un dios en particular -diferente a otros- y que establece una seria de reglas y conductas específicas -diferentes a otras- impone que nadie puede cuestionar nada. Es incuestionable. La promoción del miedo a través del pecado y el desprecio por otras formas de existir también forman parte de ese fanatismo, de ahí que la homofobia, la xenofobia, el racismo, el machismo y otros rechazos o desprecios tienen terreno fértil en los cultos e iglesias.

El fanatismo político históricamente nacía desde las ideologías y los dogmas ideológicos. Pero hoy ya ni siquiera se sustenta en las diferencias de ideas o pensamientos -como entre socialismo y capitalismo-, sino que ahora nace más de la manipulación populista y del planteamientos de posturas o poses que no se sustentan en ideologías, sino en acciones políticas que se suponen populares o que tienen amplio apoyo en la población. Incluso acciones erróneas que provocan daño social.

Antes el fanatismo político se circunscribía al ámbito de acción de un partido político, hoy no, hoy se basa fundamentalmente en líderes mesiánicos, como Hugo Chaves, Augusto Pinochet, Donald Trump, Nayib Bukele, por mencionar algunos casos, tanto de derecha como de izquierda, del socialismo como del capitalismo.

Posiblemente un fanático religioso o político no llegó hasta aquí, después de esas descripción que hice. Pero si aún quiere saber algo más, le cuento que el fanatismo normalmente se da entre las personas menos estudiadas y más fáciles de manipular o engañar. Los fanáticos instruidos o educados son los líderes que manipulan a los demás fanáticos en un segundo nivel de acción política, son los provocadores en las redes.

El fanatismo duplicado

Encima de ellos están los más líderes políticos de más alto nivel que se aprovechan del fanatismo para convertir sus intereses económicos en realidad. Sí, detrás del fanatismo hay unas cuantas personas, los más vivazos, astutos e inteligentes, que saben manejar los hilos de los líderes provocadores y, por supuesto, de los más ingenuos e incautos seguidores que no cuestionan, solamente siguen como zombis a sus líderes.

El fanatismo se basa en las creencias y nunca en la razón, se basa en lo que le dicen que debe creer, pero jamás en sus propios criterios sobre un tema. Por eso un fanático siempre dirá “yo no creo en…”, antes que decir “yo no pienso que…” Por esa razón, el fanatismo se encuentra como pez en el agua en el ámbito religioso.

Pero el fanatismo religioso un día se dio cuenta que había otro más poderoso para determinar los destinos de un grupo social (país) y los recursos económicos de ese grupo. Fue así como ingresaron a la escena política los partidos confesionales, es decir, los partidos que se respaldaban en creencias y grupos religiosos, como los cultos, las iglesias y demás. Esas creencias se podían difundir y podrían encontrar más apoyo usando la política como un nuevo canal para el ejercicio del poder, un poder duplicado.

Entonces el fanatismo religioso se duplicó con el político en una sola forma que juntó el hambre con las ganas de comer. Puso a la política a trabajar en función de las creencias religiosas para desdeñar cualquier razón y cualquier ciencia que diga lo contrario a esas creencias, pero también para el beneficio económico de sus líderes.

Un fanatismo duplicado implica un reforzamiento de formas y actitudes que imponen las creencias antes que cualquier reflexión con base en los datos, los hechos y los argumentos. No importa reportar un suceso y comprobarlo con datos, porque con la expresión “yo no creo” o atacando directamente al emisor (la prensa, la institución o el personaje que lo dé a conocer) ya se pretende anular cualquier hecho. Es decir, finalmente la mentira se impone por la fuerza de una fe fanática sin razonamiento alguno.

Así es como la ciencia misma ha sido atacada por estos grupos -como los antivacunas, los terraplanistas, los antipandemia y diversos grupos religiosos- y convertida en una especie de demonio que debe ser perseguido, como si fuera la misma Inquisición. Hoy los científicos más serios y profesionales, así como los más conocedores, no quieren exhibirse en redes ni salir a debatir con esos grupos que, en manada, atacan y denigran a cualquier persona con un odio que ni en la guerra se ve.

Las cuerdas que conforman el tinglado de las sociedades, de repente, está siendo poco a poco manipuladas por este fanatismo duplicado que encuentra su mejor forma en políticos que usan la biblia como emblema, a Dios en su verbo y saben cómo manipular a quienes no conocen nada de política ni de estado ni de legalidad ni de ciencia (y están dispuestos a destruir esa institucionalidad, esa ley y esa ciencia si su mesías se lo dice).

No importa, incluso, si de esas posiciones extremistas depende la vida humana, como el caso de los antivacunas y algunos radicales religiosos capaces de agredir o matar por sus creencias.

*El fanatismo futbolero evidentemente no importa para los efectos de este artículo y, por su naturaleza, tiene mucha menos importancia.

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